11/3/12

¿Y después de la JMJ qué?


Lejos queda ya las calles abarrotadas de mochilas de la JMJ Madrid 2011. Conciertos en Plaza España, exposición del Santísimo en el Bernabéu, fiesta del perdón en el parque del Retiro, evangelizaciones a pie de calle, chavales de camisa amarilla cantando por el metro, voluntarios dejándose la piel bajo el sol de agosto, una Iglesia universal unida, un Papa volcado con la juventud…  ¿Qué ha quedado de todo esto?, ¿ha servido de algo?, ¿mereció la pena tanto esfuerzo?

Antes de comenzar la JMJ, en el vuelo del Papa el 18 de agosto, el Padre Lombardi hizo esas mismas preguntas a Benedicto XVI en nombre de los periodistas.

P. Lombardi: “Las Jornadas Mundiales de la Juventud son un tiempo hermosísimo y suscitan mucho entusiasmo, pero los jóvenes luego al volver a casa encuentran un mundo en el que la práctica religiosa está en disminución muy fuerte. A muchos de ellos probablemente no se les verá ya en la iglesia. ¿Cómo se pude dar continuidad a los frutos de la Jornada Mundial de la Juventud? ¿Piensa que dará efectivamente frutos de larga duración más allá de los momentos de gran entusiasmo?”.

Benedicto XVI: “La siembra de Dios siempre es silenciosa, no aparece inmediatamente en las estadísticas. Y esa semilla que el Señor siembra con las JMJ es como la semilla de la que habla el Evangelio: una parte cae en el camino y se pierde; una parte cae en la piedra y se pierde; una parte entre las espinas y se pierde, una parte cae en tierra buena y da mucho fruto. Esto es precisamente lo que sucede con la siembra de la JMJ: mucho se pierde y esto es humano. Con otras palabras del Señor, la semilla de mostaza es pequeña, pero crece y se convierte en un gran árbol. Ciertamente se pierde mucho, no podemos decir que desde mañana comienza un gran crecimiento de la Iglesia. Dios no actúa así. Crece en silencio y mucho.
Sé que otras JMJ han suscitado numerosas amistades, amistades para toda la vida; muchas nuevas experiencias de que Dios existe. Y nosotros confiamos en este crecimiento silencioso, y estamos seguros de que, aunque las estadísticas no hablen mucho de ello, la semilla del Señor crece realmente. Y para muchísimas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente nos muestra que estos días dan fruto. Gracias”.

Crece en silencio
Tras leer estas palabras del Papa, no caigas en la tentación humana de hacer recuentos. El Espíritu sopla donde quiere. Dios actúa sin ser visto. No te desanimes porque la JMJ haya terminado y en tu parroquia, congregación o movimiento no haya sucedido lo que esperabas. Sigue rezando por los frutos de esa semana, da gracias por todas las conversiones que ha habido y no has visto, por las miles de personas que ahora mismo están discerniendo su vocación y los que ya lo han hecho, por todos los que sin fe pensaron qué hacen dos millones de chavales en las calles de mi ciudad para escuchar a un anciano, por los que se rebelaron ante ese testimonio de Iglesia universal, por los que preparan este nuevo pentecostés en Río 2013, por todos los que no quisieron participar. Dios actúa en medio de su pueblo sin ser visto, sin querer salir en la portada de los medios. Es un viento que saca flores del desierto, o como dice el Himno, que anuncia la salvación donde acechó el infierno.

Pregúntate tú ahora que ha quedado en ti de la JMJ. No mires tanto a tu alrededor y refresca lo que supuso para ti esa semana. No dejes que la siembra que hizo Dios en ti caiga en saco roto. Dios sigue llamándote igual lo que hizo bajo la lluvia de Cuatro Vientos a una vida nueva.

Beside you, la fuerza de la vida

12/2/12

Aprender a vivir lo nuevo


Igual que en los equipos de fútbol (no quiero poner nervioso a nadie), en la política, la economía, etc, existe lo que conocemos como “cambio de ciclo” en la vida de cada uno. No, no es el fin apocalíptico de todo, a pesar de que mucha gente siempre insiste en que cuando algo está cambiando: “será una castaña, nada merecerá la pena, y todo se irá a la porra”. En realidad, los cambio son eso, cambios. Las más de las veces, ni a mejor ni a peor; tan sólo es una cuestión de enfrentarse a algo nuevo, cosa que nos cuesta afrontar enormemente (y por ello terminamos nostálgicos, acudiendo a la manida frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, que diría Jorge Manrique).

Cuál es mi lugar ahora
Pues sí, efectivamente, todos experimentamos cambios de ciclo. De hecho, yo estoy en uno de esos cambios de ciclo. Terminó el periodo de estudiante universitario, comienza el trabajo y la necesidad de plantear una fase adulta de la vida. Sí, queda lejos Dragon Ball. De primeras, quedas tentado de echar de menos la vida pasada, pensando que, como dicen muchos, “se acabó lo mejor de la vida”. Pero existen muchos cambios de ciclo: pasar del colegio a la vida universitaria, o cambiar de trabajo, o tener un hijo, o quizás jubilarse… todo cambio vital es un reto. Un reto porque a menudo lo vivimos con dolor, con nostalgia, y no aceptamos la nueva situación: nos quedamos con que es el fin de algo, y no el inicio de otra cosa que habrá que aprender a vivir desde la alegría y optimismo del Señor. Yo mismo, en este cambio, estoy en medio de un periodo de cierto hastío por la nueva situación y nostalgia por lo pasado. Incluso, sequía espiritual, porque tengo la sensación de que aquellas en las que me encontraba con Dios antes (exámenes, universidad, compañeros de clase), ya no están, por lo que ¿dónde me encuentro con Dios ahora? Parece que la vocación concreta y cotidiana de años pasados ha desaparecido. No sé cuál es mi lugar ahora.

Ante esto, uno debe reaccionar. No nos podemos quedar sentados en el sillón idealizando el pasado y paralizados en el presente: esto no lleva a nada bueno. Y me parece que, desde mi humilde opinión, hay algunas ideas guía que nos pueden ayudar e enfocar esto desde una perspectiva plenamente cristiana. Veamos.

Jugar a ser Dios
Lo primero sería plantearse ¿Hasta qué punto no deja de ser un ejercicio de egoísmo por nuestra parte el echar de menos constantemente el pasado? Es evidente que, a veces, es cierto que determinadas situaciones del pasado eran mejores para uno. Esto puede ser. Pero también se esconde en nuestra no aceptación de los cambios de ciclo una tendencia intrínseca del ser humano de querer ser el dios de la vida de cada uno. Querer controlar, querer disponer y querer elegir cómo es nuestra vida. Y cuando algo no nos gusta, nos rebelamos. Y lo peor no es que duela, lo peor es no querer aceptar. Negarse. Ahí estamos jugando a ser dios, porque queremos ser los dueños últimos de nuestra vida y nuestro futuro. Y sabemos cómo suele terminar ese deseo: frustración, impotencia. Por todo esto, creo que es necesario levantar el vuelo y mirar desde otra perspectiva la jugada.

Seamos serios: nosotros no somos los dueños de nuestra vida. Esto lo sabemos, en teoría. Pero, ay amigo, cómo nos cuesta vivir esto como una realidad tangible día a día. El hecho es que me parece trascendental aprender a vivir todos los cambios desde una mirada más amplia. Si Dios es el verdadero dueño, fin y motor de nuestras vidas, y los cambios suceden (las más de las veces) al margen de nuestra voluntad… ¿no serán por tanto nuevas fases de el camino querido por Dios para nosotros? Y por ende, ¿no deberíamos aceptar alegremente la voluntad de Dios en nuestra vida? Ya se sabe, del dicho al hecho… hay mucha oración de súplica de por medio. Pero si aprendemos, con la ayuda del Señor, a vivirlo así, experimentaremos los cambios desde la Paz que sólo Cristo no puede dar: “estoy en tus manos, hágase en mí”. Nos destensaríamos, dejaríamos de vivirlo desde el dolor de la perdida para vivirlo como obra de Dios en nuestro caminar. Dios sabrá qué es lo que hace con nosotros, nuestra responsabilidad sería no decidir qué tiempo vivimos, sino qué hacer con el tiempo que se nos ha dado (gran frase ésta de Tolkien).

Por supuesto, la última idea es clave. Si Dios está detrás de los cambios y, sobre todo, siempre está detrás de nosotros y de cada paso que damos para echarnos una mano, dos, o mil quinientas… ¡relaja, chico! (descuida, también me lo tengo que decir a mi mismo). Como diría Santa Teresa: “nada te turbe, nada te espante”, teniendo a Dios de nuestro lado nada nos puede arrancar la paz y la esperanza. Él estará, Él nos ayudará, Él nos iluminará, Él nos levantará. Aprenderás a vivir lo nuevo. Porque Dios se ha empeñado en conseguirlo, porque está empeñado en lograr que seamos hijos suyos plenamente, para gozar algún día de su presencia en el Cielo. Aprenderás, Él te enseñará y te protegerá cuando parezcas no poder. Tú sólo pídelo.

Ay, cambios de ciclo… ¡cambiemos el ciclo!

15/1/12

"Sin darme apenas cuenta me había enamorado locamente de Él". Almudena López

Mi vocación es un regalo de Dios y fruto de su perseverancia. Puedo gritar con el salmista: "Dios es fiel, guarda siempre su alianza".

Desde pequeña, el Señor puso en mí una sed grande de Él. Una sed que intentaba saciar con algunas oraciones y la Eucaristía dominical, y a pesar de que no era suficiente, me conformaba. Sentía que el Señor me pedía más, un trato más íntimo, de mayor amistad, pero no lo entendía, no estaba preparada para comprenderlo.

En estos treinta años he aprendido que Dios nos mira a cada uno personalmente, y nos trata de manera individual, según lo que necesitamos y lo que estamos preparados a recibir. Así ha sido conmigo, y por eso, a pesar de que desde muy pequeña intuía lo que el Señor quería para mí, no he podido darle una respuesta hasta ahora.

Por pura gracia de Dios me mantuve siempre fiel en la Eucaristía, al principio solo los domingos, y años más tarde diariamente. Eso permitió que la semilla que Dios había sembrado fuera germinando. Si además hoy puedo decirle que sí al Señor, es gracias a la infinita paciencia que ha tenido conmigo durante toda mi vida, mostrándome poco a poco que Él es el verdadero Camino. Sin agobiarme, sin sentirme acorralada, sino todo lo contrario, seduciéndome y conquistándome con una dulzura extraordinaria.

Los deseos de conocer más a Dios y de profundizar en su corazón han estado siempre conmigo, pero unas veces los acallaba y otras simplemente no los comprendía. Quería ofrecerme a él sirviéndole, entregándome a los demás, y estudié magisterio en educación especial para dedicarme a un colectivo desfavorecido. Creía que con eso iba a ser suficiente, me entregaba pero a mi manera, con mis condiciones. Hasta que comprendí que con ocho horas no bastaba, que yo necesitaba entregar mi vida las 24 horas, porque así me lo pedía el Señor.

Quise conocerle más profundamente para acallar mi deseo de estar más cerca de Él, y empecé a estudiar teología. De nuevo quise acercarme a Dios a mi modo. Después me di cuenta que los libros, aunque buenos y necesarios, no me daban el trato de intimidad que yo buscaba, que solo la oración y los ratos en la capilla podían saciar esa sed.

Como un amigo que te conoce y desea lo mejor para ti, así el Señor ha ido “aconsejándome” en mi vida, mostrándome en las cosas diarias cómo vivir con sencillez, pobreza y austeridad. El camino no siempre ha sido fácil, pero siempre he tenido quien me acompañara espiritualmente para interpretar mi vida a la luz del evangelio. Sin su ayuda no estaría escribiendo estas palabras, por eso quiero agradecer a esta gran Familia que es la Iglesia que sea instrumento para nuestra salvación. La vocación no es mía, sino de Dios que la ha hecho posible a través de mis hermanos.

Dios habla en las cosas concretas, por medio de los amigos, de los estudios, de una convivencia, de las misiones, en Chile, en Perú y en la diócesis, cuando me compré la casa, al independizarme… de todo se ha servido el Señor para mostrarme que a mí particularmente me pedía un seguimiento radical. El Señor me había conquistado como un caballero y yo, sin darme apenas cuenta me había enamorado locamente de Él, ¿cómo no seguirle a dónde Él vaya? Si otros imitan a sus héroes y a sus ídolos, ¿cómo no voy a imitar yo a Jesucristo en su vida pobre, casta y obediente, cuando me lo pide de una manera tan tierna? Imposible!! No soy yo sola la que quiere, sino que es Él quien ha puesto mayor empeño en esta tarea, y quien con su mirada me sostiene.

¿Por qué en la Fraternidad Reparadora del Corazón de Cristo? De nuevo porque el Señor lo ha querido así. Corresponde con los deseos más íntimos de mi corazón: un trato íntimo con el Señor en la adoración Eucarística diaria; un apostolado muy misionero, dedicado a crear comunidades parroquiales vivas, mostrando a Cristo resucitado; una vida ofrecida en reparación por los pecadores, compartiendo los sufrimientos de Cristo; una vida en total disponibilidad para lo que Dios quiera, cuando Él quiera y cómo Él quiera.

Es llevar a plenitud lo que hasta ahora había intentado vivir. Lo que comienzo ahora es un periodo de prueba y de conocimiento, como él ha querido siempre, estoy abierta a su Voluntad y a la gracia, pero de lo que no me queda duda es que soy suya para siempre.

Almudena López

Crónica de la JMJ Madrid 2011

25/12/11

El Dios que se hace cigoto


Cuenta el saber popular que un niño paseaba por las afueras de su pueblo al caer la tarde. Se sentía muy aburrido, lazaba piedras a las latas oxidadas de la colina. De pronto, escuchó un murmullo que le despertó la curiosidad. Encontró una jaula con dos pequeños pájaros en su interior. Golpeó con un palo para comprobar que los animalitos estaban vivos. Su cara se llenó de júbilo, encontró una nueva diversión para hacer tiempo hasta la cena. Agarró la jaula con su mano derecha y fue de camino a la finca de su abuelo donde podría divertirse sin que nadie le molestase. En su paseo se cruzó con el cura del pueblo que regresaba de la ermita tras las fiestas.

- “¿Qué llevas ahí?”, le preguntó el sacerdote.
- Unos pajarracos”, dijo el chaval.
- “¡Qué bueno!, ¿los vas a llevar a casa para cuidarlos?”
- No. Sólo quiero divertirme. Voy a mi finca para desplumarlos, hacerles sufrir y matarlos.
- ¿No te dan pena?, son muy bonitos.
- Son sólo pajarracos. Sus plumas son horribles.
- Entonces, qué tal si hacemos un trato. Te los compro y así yo los cuido.
- Padre, pero si no valen nada. Los encontré tirados a las afueras. No tienen ningún valor.
- No me importa, te pago por ellos 10 euros.
- Trato hecho.

Y así fue. El pequeño se fue corriendo a la plaza del pueblo para gastarse el dinero que le habían dado. Y el sacerdote miró los pajarillos y cargó con ellos hasta su casa para buscarles un buen lugar. Colorín, colorado…

Tras este cuentecito, déjame que te diga algo. Tú y yo fuimos encerrados en una jaula hace mucho tiempo. Elegimos el destierro. Apareció el demonio en nuestra realidad y quiso jugar a ser nuestro señor. Como peones en sus manos. En esa "victoria" del pecado apareció Dios y quiso devolver la dignidad a quien no la había perdido. El demonio se enfadó. “Si son sólo pajarracos… No tienen ningún valor… deja que me divierta destruyéndolos”. Nuestro Creador insistió y puso precio a nuestra miseria. No pagó con reinos, tributos u oro. “Entrego a mi único Hijo… su sangre será el precio que pagaré por ellos”. Rompió el muro que nos separaba. El demonio quería desplumarnos, echarnos tantas miserias en cara hasta llevarnos a la desesperación. Quería enfrentarnos los unos con los otros. Quería llenarnos de rencor por nuestro pasado, nuestras caídas. Buscaba nuestra más profunda división y grabarnos en la mente que somos inútiles. Dios Padre dijo que no. Ya no habrá más hegemonía de las tinieblas. Dio su bien más preciado para que ni uno solo se perdiese.

“Para que el amor quede plenamente satisfecho, es preciso que se abaje hasta la nada y que transforme en fuego esa nada”, escribió Santa Teresita del Niño Jesús. Nuestro Padre Dios tuvo la iniciativa y se hizo nada por locura de amor. No quiso encontrarse con la humanidad en la grandeza de un palacio ni buscó la entrada más apoteósica. Entró por la puerta de atrás. Se redujo en el seno de la Inmaculada Virgen María a la condición de cigoto -la primera célula tras la fecundación- para darnos ejemplo de cómo quiere encontrase con cada uno de nosotros: en la verdad de nuestra propia nada. Para después con su fuego hacer nuevas todas las cosas. Y así llegamos a la actualidad. Hoy no celebramos el cumpleaños de Jesús. Que no te confundan las grandes superficies ni las luces. Hoy Dios llama a la puerta de tu corazón para nacer en ti, para crecer en tu vacío. Tú decides. Buscar su pequeño latido o seguir haciéndote el fuerte ante la mirada de quien nos quiere desplumar. No busques más, déjate encontrar. FE-liz Navidad.

FE liz Navidad

21/11/11

"Habiéndole conocido no puedo dejarle", Milicia de Sta María


Me llamo Pablo Sanz y pertenezco al grupo de la Milicia de Santa María. Tengo 18 años y estudio grado en ingeniería en sistemas de la telecomunicación. Conocí este movimiento gracias a mis padres, puesto que ellos de jóvenes han pertenecido a este grupo y ahora participan del grupo de matrimonios ‘Hogares de Santa María’.

A partir de empezar 5º de primaria comencé a asistir regularmente a las actividades que se realizan semanalmente. El ambiente me conquistó: la alegría que se respiraba, el deporte sano, las amistades que surgían con los demás chicos, excursiones a la montaña, campamentos... una multitud de actividades divertidas intercaladas con momentos de oración y de formación que sin darme cuenta iban calando en mí. Así pasaron los años y ahora echando la vista atrás veo lo que ha supuesto en mi vida. En primer lugar, unas ganas y una ilusión por ser santo cultivando mi vida de oración y de apostolado. También una forma de ser muy marcada por el carisma, alegría e incondicionalidad, como ingredientes para  afrontar las cosas y con gran confianza en Dios.

En mi día a día se refleja, creo yo, en muchas más cosas de las que me doy cuenta. Algunas de las que soy consciente son: rato de oración antes de ir a la universidad de 35-40 minutos, rezo del rosario, y al acabar el día realizar el balance del día (momento de reflexión para agradecer y pedir perdón por todo el día y para ir mejorando poco a poco). Todo esto en el plan espiritual. También buscar hacer apostolado con mis compañeros de clase, amigos, compañeros del equipo de fútbol o en casa con mis hermanos pequeños. Cultivando el pequeño detalle y siendo valiente en las dificultades que se me presentan.

Sobre el origen de la Milicia de Santa María, es un grupo católico de jóvenes fundado por el Padre Tomás Morales hace 50 años. Dirigen el grupo los Cruzados de Santa María, un instituto secular también fundado por el Padre Morales dedicado a los jóvenes para ser cristianos en medio del mundo siendo fermento en la masa. El Padre Morales fue un jesuita que nació en 1908 y falleció en 1994. Gran movilizador del laicado. Pretendía que viviésemos plenamente las exigencias de nuestra vocación bautismal. Formaba a los jóvenes en lo humano y en lo espiritual. Tenía un gran amor a la Virgen que supo transmitir a todos los que estaban a su alrededor.

Su espiritualidad es plenamente ignaciana, teniendo los ejercicios espirituales como medio central para encontrarse con Cristo. También tiene mucha influencia de la espiritualidad carmelitana fruto de la especial relación que tuvo el Padre con los conventos de monjas Carmelitas. La infancia espiritual de Santa Teresa del Niño Jesús fue muy importante tanto para el Padre Morales como también para el cofundador de los Cruzados de Santa María, Abelardo de Armas. La oración y misa diaria, el rezo del rosario, el examen diario, la lectura espiritual, la confesión frecuente son prácticas habituales de los militantes que nos ayudan en su seguimiento a Jesucristo. También tienen mucha importancia las figuras del Director Espiritual, un sacerdote, y del Guía Espiritual, un laico. El amor a la Iglesia, al Papa y a los obispos en comunión con él son claves importantes para la Milicia de Santa María.

A parte de los ejercicios espirituales y de los retiros mensuales tienen gran importancia las actividades que hacemos para nuestra formación humana y espiritual como son los campamentos,     -normalmente en la sierra de Gredos- las marchas a la montaña, los círculos (reuniones formativas con proyección apostólica) que tenemos cada semana; las jornadas (cuatro días intensos en los que vivimos la Semana Santa), convivencias de verano, en Navidad, de inicio de curso etc. La misa de Santa María los sábados a primera hora de la mañana tiene una gran importancia, dedicada especialmente a María. Los militantes, como todos los bautizados, estamos llamados a ser una presencia de Dios en los lugares en los que estamos y, especialmente, en los lugares donde Dios no suele tener cabida: trabajo, lugares de estudio, lugares de diversión, deportes, etc.

A día de hoy, no estoy involucrado en ninguna actividad en la Iglesia fuera de la Milicia más que la asistencia a la Eucaristía los domingos a mi parroquia. Y la disponibilidad con el capellán de la universidad (la vida no me da para más). No sabría decir lo que me supone conocer la Iglesia porque en casa desde pequeño se me ha enseñado. No entendería mi vida sin la Iglesia. Mi forma de vida no tendría sentido. Por lo que para mí la Iglesia es el camino que Dios nos ha querido poner para llegar a Él y habiéndole conocido no puedo dejarle. Desde pequeño en casa ya rezaba e iba conociendo a Dios poco a poco. No me enteraba de mucho, pero todo va calando. A los 15 años tuve una experiencia fuerte de Dios en unas convivencias de verano y 15 días después mis primeros ejercicios espirituales. La experiencia me llevó a conocer a un Dios cercano, dentro de mí, que tiene planes para mí, para que sea feliz, y para la salvación de muchas almas. Ahora noto como algo imprescindible en mi vida cultivar la vida de oración, el trato personal con Dios, apoyándome siempre en la Virgen.

La Milicia me ha dirigido espiritualmente todo este tiempo, y siguen haciéndolo, por medio del trato personalizado y la esencial figura del Guía y del Director. Me he encontrado con Dios en actividades de este movimiento por lo que podría decir que le debo una gran parte de mi trato con Dios. El silencio ha sido una de las claves, aunque cuesta al principio, más adelante lo buscas. Y lo que más me ha ayudado ha sido el ejemplo de los Cruzados, su entrega generosa y gratuita a los jóvenes y en particular a mí. Cada persona que ha rezado, que se ha preocupado, o simplemente que ha estado ahí todo este tiempo.

Otra de las muchas cosas que me gustan de mi grupo es que me exigen y voy avanzando poco a poco, en todos los ámbitos. Los últimos tres años hemos estado realizando un musical sobre San Pablo, un modo de evangelización que ha hecho sacar a cada uno lo mejor de sí mismo. También destacar la amistad con la gente de la Milicia pues son amigos para toda la vida. Me atrevería a darlo todo por ellos. Son personas que comparten los mimos ideales que yo, con los que me puedo divertir como cristiano compartiendo aficiones, y en los que me puedo apoyar por su ejemplo y su carisma cuando las cosas no marchan tan bien.

Benedicto XVI en Benín

6/11/11

Echemos una partida de billar


Érase una vez un viernes por la noche. Semana intensa, viernes largo. Semana útil, productiva, apasionante, pero que te deja K.O. Es en este momento cuando descuelgas el teléfono, llamas a tus amigos de siempre y te piras a tomar algo y echar unos billares. Eres un completo paquete al billar, es más: puede que ni te guste. Pero aun así, disfrutas de la partida como un enano. Tras la habitual derrota (has vuelto a meter la negra…), os sentáis en una mesa y os tiráis un largo rato hablando de política, fútbol, y los sucesos varios de la semana. Cuando estáis ya en la parte última de “demos una vuelta”, normalmente se abre la sección de trascendencia y todo lo que uno lleva realmente dentro. Una vez has vuelto a casa, antes de dormir tienes un rato de oración en el que le cuentas al Señor sobre la vida de tus amigos, y de paso le pides que les ayude y les ilumine.

Con diferencias de forma pero no de contenido, es lo que hacemos todos muchas veces a lo largo de nuestras vidas. No voy a entrar a explicitar cuál es la diferencia entre “colegas” y “amigos”. Eso seguro que ya lo sabes de sobra. No descubriría América ni mucho menos. En cambio, me gustaría compartir hoy algunas obviedades que, probablemente, muchos hayan experimentado, pero a lo mejor otros encuentren alguna idea útil.

Como anticipo del Cielo
Ya sé que no tenemos ni la más remota idea de cómo será aquello que el Señor se ha ido a preparar para aquellos que le aman. Pero no cabe duda de que una de las formas genuinas de encontrarnos día a día con el Señor es en el rostro del prójimo. Sus manos, su sonrisa, su atención, su sentido del humor, su amor por nosotros… es una forma, alejada y borrosa, del Amor infinito de Cristo por cada uno de nosotros. Saber que, en el fondo, echar un partido en la ‘Play’ con un amigo es como jugar con el Señor, es realmente emocionante. Y yo lanzo la pregunta: ¿Realmente vivimos esto, o se queda en el terreno de lo abstracto? ¿Somos capaces de experimentar el amor del Señor a través de nuestros amigos, sean o no cristianos? Tengo la certeza de que nuestra forma de plantearnos nuestras amistades cambiarían mucho si asumimos verdaderamente esta realidad.

A todo esto, ayer mismo, en el pub en el que echamos las partidas de billar, nos encontramos con un antiguo compañero de clase. Después de hacer un rápido chequeo de nuestras vidas, nos preguntó con sorpresa: “¿Y vosotros todavía quedáis todos juntos?” A menudo no es fácil mantener amistades verdaderas, y mucho menos un grupo de amigos unido. Supone renuncias, esfuerzos, compromiso. Que no te engañen: merece la pena. Muchos grupos de amigos, y no digo de colegas, se rompen por dejadez, si más. No dejes que eso te pase. Es una gran pena. Es cierto que la vida es compleja, y que los caminos se van separando. Pero en la medida de lo posible, lucha por conseguir esos huecos para veros todos porque es de lo más reconfortante. Cuando tienes un grupo de amigos que te conoce de años atrás, se crea una complicidad tan bella que a mí me deja muy sorprendido. No hay grupo de gente con quien me sienta más acogido, querido, respetado y conocido que por mis amigos… de toda la vida. Efectivamente, desconozco cómo será el Cielo. Pero desde luego, entre las experiencias más plenas que he experimentado en esta vida, la de pasar un fin de semana con mis amigos está en el top 5. Y no me refiero sólo a diversión o sentimiento de satisfacción: me refiero abiertamente a experiencia de Dios, del amor de mi Padre. Por esta razón, te pregunto: ¿Cómo cuidas tus amistades? ¿Haces todo lo que está en tu mano para mantenerlas? ¿Relacionas lo que vives con tus amigos con tu experimentar al Señor?

En fin
Seguro que la mayor parte de las cosas que he dicho las has vivido. Mi intención en este circular otoñal era recordarte algo que, entre las movidas de la vida, las prisas, el metro y los trabajos, se nos puede traspapelar. No cejes en tu empeño por mantener tu grupo de amigos, con quienes compartes la vida. No dejes de pedírselo a Dios. Ánimo, hazte un hueco en la agenda y échate un billar.

Es algo diferente - Coro Joven Diocesano de Alcalá

2/11/11

Holywins en Alcalá


‘Próxima parada: Alcalá de Henares’ se escucha en el vagón de la Renfe. Es la noche del 31 de octubre, brujos y lobos pasean por las calles de la ciudad complutense. Halloween reina en los restaurantes de luz tenue y entre los más jóvenes, aunque según se avanza en edad prolifera la indiferencia ante la festividad americana. Sea la que sea la opción, la gente disfruta de una noche festiva donde el frío ha dado tregua.

Algunos se sorprenden por escuchar música enfrente de la Catedral-Magistral. Un pequeño escenario es el punto de mira de los paseantes. Se paran, observan y escuchan. No es una orquesta corriente, sus letras hablan de una persona que resucitó. Ante la sorpresa, hasta los mejor disfrazados aprovechan para bailar con estos jóvenes cantantes y músicos. Llegan las nueve de la noche y algunos miembros de la banda desaparecen del escenario, con ellos también parte del público. Se dirigen al interior de la Catedral, así da comienzo por tercer año consecutivo Holywins -de la traducción ‘los santos vencen’-. No es un anti-Halloween sino una ocasión de celebrar la memoria de los que se encuentran ya con Cristo y una noche de evangelización callejera.

La iglesia se empieza a llenar. El altar está especialmente adornado con diferentes telas que ensalzan a quien va a exponerse allí durante unas horas. A sus pies, un icono de la Virgen María rodeada de velas que recorren el pasillo central hasta la entrada del templo. Entre los primero bancos de la izquierda los más pequeños disfrazados de personajes bíblicos, monjas y santos juegan con las hojas de cantos. A la derecha surge un coro que explica el contenido de la ceremonia. Lo primero de todo, dar la bienvenida al gran anfitrión: Cristo sacramentado. Ante Él surge un tiempo de oración-alabanza entre cantos y palmas para después pasar al rezo del Rosario. Los más pequeños corretean por los laterales del templo donde sacerdotes están confesando.

Carlos, miembro del grupo diocesano de evangelización Kerygma, explica el porqué de todo esto. “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). Él dice que esto mismo escuchó él y otros compañeros en un retiro espiritual. Tras un año de oración y discernimiento, surge un grupo integrado en la actividad diocesana que anuncia por las calles que Dios está vivo y se preocupa por nosotros. Este curso –por invitación del Obispo- recorren las parroquias de la diócesis de Alcalá animando a hacer una noche de oración en la que -con el Santísimo expuesto y las puertas abiertas- se anima a la gente a pasar a la parroquia del barrio correspondiente a rezar. A simple vista es, quizá para algunas sensibilidades, una locura.

En su explicación, hay un momento que pierde el hilo. Son los nervios, acaba de ver a Don Juan Antonio Reig Plà sentado entre los fieles. ¡Cualquiera da una pequeña formación ante su Obispo! Carlos lo supera y anima a todos los presentes venidos de casi todos los arciprestazgos –muchos de ellos chavales- a salir a la calle a evangelizar. Irán de dos en dos, como cuando lo hizo Jesús con los 72 en Lucas 10, recibiendo antes la bendición personal del Santísimo. ¡Dicho y hecho! Decenas de parejas –uno que ya había evangelizado de esta forma junto con otro primerizo, los dos mayores de 16 años- salen con folletos, estampas, rosarios, citas bíblicas y sus mejores sonrisas a la vía pública. Los viandantes se sorprendía: “¿Pero sois católicos de verdad o evangélicos?”, “No, gracias. No creo”, “A pues sí, yo voy”, “Vale, pues un ratito me paso”, “No, prefiero quedarme aquí viendo el concierto”, “Está muy bien que gente joven como vosotros haga esto”, “Vengo muy cansado de trabajar y además soy ortodoxo... pero quiero pasarme un poco”, “Como ves estoy en muy ‘mal estado’ para ir pero me quedo con tu frase bíblica”, “Sois los segundo que me lo decís, no me interesa”, “Es que… tengo un poco de prisa”. Hay tantas reacciones como personas. Lo importante es invitar, dar testimonio y rezar por ellos tras la conversación. Dios es el que obra. Los que sí querían pasar disfrutan a la entrada de la Catedral de un grupo de mimos escenificando el poder de Cristo a ritmo de una cantautora a todo volumen. Una vez, dentro de la Iglesia, un continuo río de gente entra y sale. Pocos habían visto antes entrar a Drácula, Frankenstein o grupos de zombis a la casa de Dios. Es sorprendente, incluso hay casos en los que te confiesan que los arañazos y magulladuras del maquillaje no son parte del disfraz sino más bien un reflejo de las heridas interiores. Algunos sólo encienden una vela que dejan a los pies del altar bajo la mirada de la Custodia para marcharse corriendo, otros se quedan rezando, algunos piden rápidamente un sacerdote para charlar y/o confesarse, otros preguntan para saber cuándo se repite la actividad. Las parejas misioneras sólo dan el primer Anuncio, Jesús hace el resto. Una vez acompañada la gente de la calle al acceso de la Catedral –algunos incluso piden más, quieren que se les acompañe hasta el primer escalón del altar para rezar con ellos-, los evangelizadores recogen fuerzas en el Señor para seguir con su labor.  

No todo los parroquianos sienten la llamada de Dios a evangelizar esa noche, por eso se quedan en el templo rezando en comunión con los que están fuera. Hay otro coro que les hace compañía durante la vela. Hay un gran clima de oración por todas las almas. A las doce y media de la noche, a los pies del altar hay un firmamento de pequeñas velas que habían dejado las personas que quisieron pasar. Termina el concierto, la misión y los bailes. Todos los participantes se reúnen para rezar por todas las personas con las que hoy se cruzaron. Algunos comparten su testimonio de lo que les ha tocado en esta noche donde laicos, sacerdotes, un obispo, religiosas y misioneros de diferentes espiritualidades se unieron para evangelizar. El Señor da las gracias con su bendición. La noche ha sido larga y hay que reponer fuerzas. En la Sacristía hay un pequeño aperitivo para poder charlar y compartir impresiones. Tiene razón la cita de Benedicto XVI en el cancionero: “La felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho a saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo Él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro “Sí” al Dios que quiere entregarse a vosotros”. 

25/10/11

"Es ahora o nunca cuando se hacen las cosas importantes en la vida de uno"


Entrevista a Mariano Almela

Después de licenciarse en Historia y estudiar un máster, Mariano - un madrileño afincado en Zaragoza por amor a Dios y a su vocación- da un giro a su vida para irse a estudiar Teología en Roma.

¿Qué se le ha perdido a Mariano en Roma?
Es una buena pregunta. Pienso que si me dicen hace un año que estaría este curso que viene en Roma estudiando Teología, no me lo creería. Voy allí a estudiar y a formarme, nada más. Viviré en un centro de formación del Opus Dei, que se llama Cavabianca, y estudiaré en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Todo suena muy complicado, pero no lo es. Es como seguir mi carrera, sólo que en vez de Historia es Teología. Nada más.

¿En qué consiste este periodo de formación?, ¿te has planteado ya alguna vez el sacerdocio?, ¿esto terminará en ordenación?
Vamos por partes. Es un tiempo en el que, conjugando los estudios de Teología, también dedico tiempo a aprender mejor el espíritu del Opus Dei. Por lo demás, todo es muy normal. Hacemos deporte (me gusta mucho jugar buenos partidos de fútbol) y nos vamos de excursión, visitas a Roma, etc., y por supuesto, tiempo para estudiar las asignaturas. A lo que ahora le dedicaré un poco de tiempo es a aprender italiano, porque no tengo ni idea. Dicen que es fácil, pero nunca se sabe.

Lo de ser sacerdote es otra cuestión. Ahora mismo no lo sé. A donde voy no es un seminario, así que no tiene por qué acabar esto en una ordenación sacerdotal. Tampoco quiere decir que vaya con un no rotundo, pero cada cosa tiene su tiempo. Yo soy numerario del Opus Dei, y ya le he entregado mi vida a Dios, así, que en el caso de ser sacerdote, sería un servicio distinto a la Iglesia el que prestaría, nada más. La Obra está para servir a la Iglesia, cada uno en su estado. Y en el caso de que hagan falta sacerdotes, el Prelado pregunta a algunos miembros si quieren ser sacerdotes para seguir sirviendo a la Iglesia de esa manera.

¿Qué significa para ti estar más cerca de la sede del Papa y vivir cerca del Prelado del Opus Dei?
Es un don y a la vez un deber. Un don, porque esto te ayuda muchísimo en tu vida diaria y, sobre todo, te ayuda a rezar más por el Papa y el Padre. Pero, también es una gran responsabilidad, porque voy a formarme, lo que quiere decir que tengo que aprovechar el tiempo muy bien y sacar mucho tiempo para estudiar bien la carrera. Otra cosa muy bonita de Cavabianca es que voy a convivir con gente de todo el mundo y eso, quieras o no, te “desboina” un poco.

¿Qué echarás de menos de España?, ¿qué te dicen tu familia y tus amigos?
Es complicado de decir, porque todavía no me he ido. De las cosas que más me gusta hacer es ir de excursión al Pirineo para hacer algún pico y bañarme en un ibón. Creo que de esto no hay mucho cerca de Roma. Lo que sí podré seguir haciendo, aunque con menos frecuencia, es quedar con amigos a tomarme algo y hablar con ellos. Me encanta tomarme una cerveza en una terraza con algún amigo y hablar de todo. Lo tercero, que es hacer deporte, creo que lo puedo hacer en cualquier sitio. Además, en Cavabianca vivimos 180 personas y salen unos partidos muy buenos de fútbol.

Mis padres están muy contentos. La primera reacción fue de shock, pero después se han emocionado mucho. Creo que no lo ven como un sacrificio, como podría pensar uno, sino como un gran don de Dios inmerecido por mi parte. Mis amigos dicen de todo. Algunos que no practican me dicen que si es mi decisión que se alegran. Pero todos lo valoran. Supongo que algunos se habrán preguntado por qué un chico de 23 años se va a estudiar Teología tal y como están las cosas y pudiendo trabajar ya este año, pues me iban a contratar en un colegio. Pero, es ahora o nunca cuando se hacen las cosas importantes en la vida de uno. Creo que el mejor momento para tomar decisiones importantes en la vida es cuando se presentan.

¿Cómo has vivido la JMJ?, ¿fuiste voluntario?
Estuve de voluntario con varios amigos del Colegio Mayor Miraflores de Zaragoza, donde he vivido este año pasado. Fuimos doce y nos lo pasamos muy bien. Todos acabamos agotados, pero muy contentos. Después he ido hablando con los que fuimos y se nota lo que es una JMJ. De todas formas, ya tenía claro que este curso me iba a Roma. Por si alguien pensaba que era un fruto de la JMJ leyendo la pregunta. Sí es cierto que la JMJ me ha dado más luces y fortaleza para mi viaje a Roma.

Soy una Viva la Vida

Entregar la vida


Si se me permite, voy a contaros algo que he ido madurando en mi cerebro en las últimas semanas. Y versa sobre uno de los significados que tiene aquel mandato de Jesús sobre la entrega completa de nuestra vida. Según la persona y la llamada concreta que Dios haga en su vida, la concreción de la entrega de la vida puede variar notablemente. Algunos les pide que se vayan a un monasterio, a otros de misionero, a otros al ministerio del sacerdocio, a otros a estar en medio de nuestra sociedad… los caminos del Señor son muchos, gracias a los distintos carismas del Espíritu. Vale, esto lo sabemos todos. Pero siempre hay bases comunes, ya que la llamada a la santidad es universal, y la entrega completa de nuestra vida al Señor en lo que Él nos pida también lo es. Una de ellas es la entrega de nuestra intimidad, en un sentido positivo.

No sé si a vosotros os pasa. A mí, desde luego, sí. Y es que he desarrollado a lo largo de mi vida una inercia muy peligrosa: he creado un castillo interior, ya sabéis: uno de esos castillos monumentales donde un foso lo circunda y un puente levadizo se antoja como la única forma de entrada. En su interior, en el centro, existe un altísima torre, enorme y terrible, con una mazmorra oscura en su parte más elevada, provista de un mirador desde el cual se observa todo el territorio. Queda to guapo, la verdad. Pero es un problema. Problema porque es el lugar al que acudo en mis noches de desvelo… no, qué demonios, acudo siempre que mi vena egoísta así me lo pide. Es mi mecanismo de defensa natural: me cierro ante los demás, cierro mi corazón. Ojo, no hace falta ser taciturno y esquivo para tener esta inercia. Puede estar entregando mi tiempo, mis fuerzas y mis energías en algo; eso no es obstáculo para seguir encerrándome. Porque lo que guardo en tal mazmorra, es el último nivel de lo que soy y tengo. Entendedme, tener intimidad es bueno: cualquier persona cristiana debe tenerla, sobre todo con el Señor. A lo que yo me refiero es a ese espacio personal de celoso egoísmo donde guardamos nuestros más profundos pensamientos y sentimientos, ese hueco en el que no queremos que nadie entre. Incluso cara a nuestras actividades, dejamos esa parte al margen de todo: es vivir con cajitas, en la que hay una en la que me esfuerzo, hago “músculo” para ser lo que se me pide, pero donde no pongo en juego lo que verdaderamente soy y tengo. Por ello, en tales actividades no puedo ser yo mismo, no entrego mi persona, aunque esté entregando mi tiempo, porque me reservo un espacio de mi ser en esa mazmorra, a la que acudo cuando voy a descansar de mis esfuerzos.

¿En qué se concreta esto cara a la vocación? En que no todo puede ser músculo ni teatro. Si no aprendo a darme por entero, también mi celoso espacio personal, nunca seré yo mismo en lo que hago, y tendré que acudir a momentos donde me subo a la torre. Me convierto en una persona que no transmite lo que es, piensa y siente, sino que todo lo hace de forma automática: hace, no vive. Con el tiempo, eso es insostenible. Además, en la vocación se te pide todo, da igual cuál sea: Cristo te apela a ti, a tu vida entera, no a tu tiempo. Si tienes pareja, ella va a entrar en tu torre; si subes el puente levadizo, entonces la relación con el tiempo se rompe porque no puedes amar y ser amado sino con lo que eres, no con la mitad de tu ser, escondiendo lo más íntimo en el castillo. Lo mismo ocurre con el resto de vocaciones: un seminarista amigo mío me contaba que él no puede ir a la parroquia donde está destinado a “trabajar”, sino a “vivir” con todo lo que él es; ésa era su entrega concreta en ese momento, el dar su vida, compartirla toda, con la gente de la parroquia. No podemos guardarnos cosas sólo para nosotros, nosotros no podemos ser nuestro único descanso. La intimidad y la interioridad son necesarias, evidentemente, pero no la torre cerrada de nuestro corazón.

Ignoro si he sido capaz de explicarme. Admito que en poco espacio no es fácil, y quizás mis especulaciones hayan hecho pensar a más cabecear mientras leía. En cualquier caso, aquí he hecho un ejercicio de abrir mi castillo y contar lo que llevo dentro. Espero que pueda ser de utilidad a alguien, al menos como experiencia compartida. Y que Cristo nos enseñe en este difícil ejercicio de salir de la torre.

Kinshasa, el futuro ya está aquí

Anunciarlo a los Cuatro Vientos


Hace unas semanas viajé unos cuantos siglos atrás en el tiempo. Recibimos una nota de prensa del Obispado de Madrid en el email del trabajo: “Ha concedido a todos los sacerdotes legítimamente aprobados para oír confesiones sacramentales (…) facultad delegada para remitir dentro del sacramento de la penitencia la excomunión latae sententiae…”. Entre carcajadas y burlas se comentaba entre los compañeros: ¿quién es éste, que hasta perdona los pecados?[1]. Fue sólo el principio.

En las calles se reunieron todas las naciones, la gente se agolpaba a su alrededor para oír la Palabra de Dios[2]. Eran hermanos sin jamás haberse visto. Los que habéis sido bautizado en Cristo, os habéis revestido de Cristo, de modo que ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús[3]. Acudían a la llamada de un tal Pedro -en nombre de Dios- para ser arraigados y edificados en Cristo[4].

No faltaron las descalificaciones. ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?[5],se rumoreaba entre los vecinos. Algunos sectores sociales reclamaban justicia y acusaban de incoherencia: “¿Por qué no se ha venido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”[6]. Una minoría exacerbada tomó la persecución como un camino legítimo porque veían en la actitud de este pueblo una provocación. Se cumplieron las palabras del Señor: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero el mundo os odia porque no sois del mundo, pues yo, al elegiros, os he sacado del mundo. Acordaos de lo que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán a causa de mi persona porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa que palíe su pecado”[7].Algunos simplemente permanecían indiferentes,  otros, en cambio, decían riéndose: “¡Están repletos de vino!”[8].

Entre los cristianos que llegaron había algunas confusiones , incluso divisiones. “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero, como no viene con nosotros, hemos tratado de impedírselo”[9]. Sin embargo, los apóstoles allí convocados disiparon las dudas: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos”[10]. Así el pueblo entendió la multitud de dones dentro de la unidad de la misma Iglesia. Respetando así la vocación personal que el Señor otorgó a cada uno dentro de su pueblo. Dios colocó cada uno de los miembros del cuerpo donde quiso. Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo?[11].

A pesar de las dificultades , miserias e inclemencias del tiempo; Pedro, presentándose con los Once, levantó la voz y les dijo: “Judíos y todos los que vivís en Jerusalén: Que quede bien claro lo que os voy a decir; prestad atención a mis palabra. Éstos no están borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día. Más bien está ocurriendo lo que anunció el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños” [12].  Al igual que pasó con el Maestro, también sucedió con sus apóstoles.  La gente quedaba asombrada de su doctrina, porque hablaba con autoridad[13]. Pedro, al igual que Jesús, sembró la buena nueva a la asamblea. “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. (…) Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que les aman”[14].

Estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Entonces quedaron todos llenos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse[15]. Cayó la noche. La actividad fue poco a poco disminuyendo debido al cansancio acumulado. A la mañana siguiente, el primer día de la semana nos hallábamos reunidos para la fracción del pan[16]. Llegó el final de la jornada, era hora de volver a casa. No sabía en qué época histórica me encontraba, no había a penas distinción entre el siglo I y el XXI. La invitación era la misma: “Id, pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y estad seguros que yo estaré con vosotros día tras día, hasta el fin del mundo"[17].

____________________________________

[1] Lc  7, 49

[2] Lc 5, 1

[3] Ga 3, 27-28

[4] Col 2,7

[5] Mt 9, 11

[6] Jn 12, 5

[7] Jn 15, 18-22

[8] Hch 2, 13

[9] Mc 9, 38

[10] 1 Co 12, 4-6

[11] 1 Co 12, 18-19

[12] Hch 2, 14-17

[13] Lc 4, 32

[14] Lc 6, 27-28, 32

[15] Hch 2, 1-4

[16] Hch 20, 7

[17] Mt 28, 19-20