30/1/11

"Es preciosa la vida entregada por la misión". Misioneros del Verbo Divino


Soy Modeste MUNIMI, misionero del Verbo Divino. Nací el 10 de junio de 1972 en un pueblo de la República del Congo. Tengo cuatro hermanas y un hermano. He tenido la fortuna de crecer en ambiente familiar fraterno y cristiano. Desde pequeño mis padres me enseñaban el camino de la Iglesia. Me crié al lado de los misioneros oblatos de María Inmaculada, la mayoría belgas, y de las hermanas de la Sagrada familia de Burdeos, muchas de nacionalidad española. Crecí en ese ambiente cristiano y religioso.

Conocí la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino a través de un verbita, el Padre Manfred Krause, que luego fue mi maestro en el noviciado. El Padre Manfred, de nacionalidad alemana, fue en aquel entonces el responsable de la pastoral vocacional de los misioneros del Verbo Divino en Congo. Viajaba por el país para dar a conocer su Congregación a los jóvenes.
Al terminar el bachillerato, comencé la carrera de Historia y Ciencias Sociales. Después de un año, decidí abandonar los estudios para empezar la formación religiosa y misionera. No fue una decisión fácil, porque mi padre se opuso. Empecé el periodo de formación en la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino en Congo. Después de dos años de noviciado, inicié los estudios de filosofía y teología en Congo y Kenia (Nairobi). Me ordené sacerdote en el 2006, en Congo. Poco antes de los votos perpetuos en 2006, recibí el destino misionero para España. Mi sueño era trabajar en América Latina, sobre todo en Chile, o en Congo. Sin embargo, fui enviado a España donde llegué a finales de septiembre de 2006. De todas formas, estaba dispuesto a irme donde mis superiores me mandaran.

Después de unos meses de aprendizaje del idioma, en Palencia y en Madrid, el Padre Provincial y su Consejo me destinaron a Niebla, un pueblo de la provincia y diócesis de Huelva. Allí empecé la “universidad de la vida”. Pronto me enamoré del pueblo y de la gente. Fue una etapa importante en mi vida misionera. El cariño de la gente dejó huellas en mi vida, como persona y como misionero.

Ahora estoy estudiando la carrera de Periodismo en el Centro Universitario de Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense. Es una realidad distinta de la que viví en la parroquia; sin embargo, es importante y enriquecedora.

Nunca había pensado salir de mi pueblo. Mi mundo fue siempre mi pueblo, mi familia y mis amigos. No obstante, la vida y el trabajo de los misioneros en mi pueblo siempre me había llamado la atención. Su testimonio de vida me ayudó a tener otra visión del mundo y de mi ser cristiano. Así pues, decidí ser como ellos. La decisión no fue fácil, tampoco para mis padres, porque tenía que apartarme de mi pueblo y de mi familia.

Al principio, no lo tenía muy claro; tampoco sabía que existían otras congregaciones religiosas y misioneras fuera de los Oblatos, que estaban en mi parroquia. Cuando conocí a los Misioneros del Verbo Divino y leí su carisma, que consiste en “proclamar el Evangelio a todos los hombres y mujeres principalmente donde la Palabra de Dios no ha sido anunciada”, decidí hacerme misionero de esta Congregación. Me atreví y soy feliz.

Hace 10 años que estoy lejos de mi familia y de mi país. Estuve 5 años en Kenia y llevo casi otros 5 años en España. Puedo decir que soy feliz. He encontrado una nueva familia, nuevos hermanos y hermanas. Ya no soy aquel chico de “Ngoso”, mi poblado, sino el hombre del mundo. Me atrevo a decir hoy que es preciosa la vida entregada por la misión, la vida ofrecida por los demás. “No hay mayor amor que dar la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).

En mi camino misionero no habido siempre rosas. He encontrado también dificultades. Por ejemplo, entender y aprender otras culturas, otras costumbres e idiomas distintos del mío. Sin embargo, he sabido enfrentar el reto. En todo este proceso, nunca me he encontrado solo. He tenido siempre a mi lado al Señor que me llamó, a mis compañeros y amigos. En todos los sitios donde estuve, procuré siempre ser uno más y dar lo mejor de mí mismo por la edificación de ese gran edificio, que es la Iglesia.

Somos una Congregación misionera presente en más de 70 países del mundo. Somos más de 6.000 miembros, hombres de distintas culturas, razas, lenguas y costumbres. Para mí, la multiculturalidad de nuestra familia religiosa es una riqueza y un testimonio en este mundo global, pero cada vez más individualista. A pesar de nuestras diferencias, podemos vivir juntos como hermanos.

Mi experiencia de fe es una experiencia que se va enriqueciendo. La gente sencilla, sea en mi etapa en Kenia o en Niebla (España), me han ayudado siempre a crecer en mi propia fe. Hay gente que proclama el Evangelio con su sencillez y su fe profunda. Mis experiencias de misión me han enseñado muchas lecciones: a ser paciente, tolerante, compresible, amar sin fin; y por encima de todo, a confiar siempre en Dios.

Modeste Munimi
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Misioneros del Verbo Divino


16/1/11

Sé a quién buscas


En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar.

Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismo y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna.

Es propio de la condición humana, y especialmente de la juventud, buscar lo absoluto, el sentido y la plenitud de la existencia. Queridos jóvenes, ¡no os contentéis con nada que esté por debajo de los ideales más altos! No os dejéis desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tenéis razón en no resignaros a las diversiones insulsas, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantenéis grandes deseos para el Señor, sabréis evitar la mediocridad y el conformismo, tan difusos en nuestra sociedad.

Os deseo que experimentéis aquello de lo habla el Evangelio: “Jesús poniendo su mirada en él, lo amó”. ¡Deseo que experimentéis que Cristo os mira con amor! Que gustéis su mirada amorosa que os acompaña desde la primera mirada del Creador al llamaros a la existencia, y que se refleja en la mirada fija de Cristo al joven del Evangelio. Solamente Él conoce lo que hay en el hombre, conoce su debilidad, pero sobre todo su dignidad. Deseo que cada uno de vosotros descubráis ese “te miró con amor” de Cristo y que lo experimentéis hasta el fondo.

¡Estad atentos al momento que llega! Te es necesaria esta mirada amorosa; te es necesario saberte amado eternamente y elegido desde la eternidad. Sí, mi querido joven, si tal llamada llega a tu corazón, no la acalles, acoge esa llamada, vive conforme a la dimensión del don. Escucha al Maestro que te dice: “Sígueme”.
Juan Pablo II
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De futbolista a Seminarista

11/1/11

09/10 ¡Quiero un año diferente!


Apuntarse al gimnasio, aprender checoslovaco, ganar un concurso de relatos, hacer las paces con la suegra, etc. Cuanta actitud de cambio se respira en los últimos minutos de un año. Mientras quitamos los pipos de la uvas, algún pensamiento de mejora nos invade la cabeza. Todos tenemos ganas de dejar a un lado las cadenas que en 2010 nos impidieron vivir apasionadamente. Miramos a nuestros familiares como se alegran por despedir un año más juntos a la vez que nos llegan decenas de sms con la invitación a una época que promete darnos todo cuanto pidamos.

No deja de ser ilusionante y admirable la pasión que brota del alma humana, y más en momentos tan especiales como la Navidad o Nochevieja. Aunque a veces, van pasando los meses… enero, febrero… abril… y en algún momento, removiendo papeles de escritorio encontramos la lista de propósitos para esa “vida nueva”. Pasa el tiempo y vemos que por nuestras propias fuerzas el cambio tan deseado no termina de llegar. Se sigue retrasando un año más y aunque logremos perfeccionar el acento de un idioma o mantenernos en nuestro peso ideal, el corazón sigue con hambre. Continúa con deseos de abrazar la plenitud. Incluso sentimos cierta frustración al contemplar que hay cosas que no hemos conseguido corregir. Quizás falta de tiempo o de fuerza de voluntad, pensamos. Lo cierto es que 365 días se hacen cortos cuando tiramos solos del carro de nuestra vida.

Es ahí cuando toca salir del armazón del ‘radio yo: todo mis noticias’. Mover un poco el dial y sintonizar con el Único que sabe lo que nuestro interior anhela desde hace tiempo. Hay Alguien que se mantiene inmóvil en todos los Sagrarios del mundo que quiere hacernos una criatura nueva, que no pretende ahogarnos con infinidad de intenciones sino que sólo pide un poco de atención y de paciencia para dejar hacer su obra en nuestra historia –sí, en tu biografía-. Justo en esa situación es cuando podrán guiarnos estas palabras que pronució alguien a quien tantas veces durante el año no tenemos tiempo de escuchar:

“Tengo que comenzar por dejar de mirarme, y preguntarme qué es lo que Él quiere de mí. Tengo que empezar aprendiendo a amar, pues el amor consiste en apartar la mirada de mí mismo y dirigirla hacia Él. Si en lugar de preguntarme qué es lo que puedo conseguir para mí mismo me dejo sencillamente guiar por Él, si me dejo caer realmente en Cristo, me desprendo de mí mismo, entonces comienzo a disfrutar de la vida verdadera, porque de todos modos yo soy demasiado estrecho para mí solo. Cuando salgo a su aire libre, valga la expresión, entonces y sólo entonces comienza y llega la grandeza de la vida.

Bueno, como es lógico, este camino no se recorre de la noche a la mañana. Dedicarse especialmente a conseguir una felicidad rápida no encaja con la fe. Y quizás una de las razones de la actual crisis de fe sea que queremos recoger en el acto el placer y la felicidad y no nos arriesgamos a una aventura que dura toda la vida –con la enorme confianza de que ese salto es el único que no termina en la nada y es el acto de amor para el que hemos sido creados-. Y en realidad es lo único que me proporciona lo que quiero: amar y ser amado, hallando de ese modo la auténtica felicidad.

Quisiera deciros insistentemente: ¡Abrid vuestro corazón a Dios, dejaos sorprender por Cristo! Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, feliz, bella y grande”.

Benedicto XVI
Feliz y fecundo año nuevo

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Hillsong - Open My Eyes

30/12/10

Parroquias: "el lugar concreto donde me encuentro con Cristo y donde Él me sale a buscar"


Parroquia: Iglesia en que se administran los sacramentos y se atiende espiritualmente a los fieles de una feligresía.

¿Perdón? ¿Y esto qué es? ¿Y qué pinta en mi vida? Os voy a explicar esta definición un poco más.
Hola a todos, me llamo Gema y tengo 20 años. Gracias a Dios, soy una parroquiana de las de toda la vida.

Todo empezó un 22 de abril, allá por 1990. Mis padres, católicos convencidos y practicantes, decidieron darme lo mejor que tenían: La Iglesia.
Me bautizaron en la comunidad de Nuestra Señora de las Delicias, pero creo que ninguno de nosotros teníamos todavía ni idea de la importancia que esto iba a tener.

Desde siempre he visto a mi familia involucrada en actividades de la parroquia. Era tan natural como ir a la compra o al colegio.
A los 3 años mi hermana mayor me llevó por primera vez al coro. Más tarde llegó la catequesis de “Despertar religioso” y la de comunión. Un par de veces a la semana me encontraba con niños de mi edad y descubríamos juntos las cosas. Para mí el trato con Jesús era algo normal, simplemente inocente.

Recuerdo con especial ilusión el día de mi primera comunión. Ese verano, además, empecé a ir de campamentos con chicos y chicas de otras parroquias de Madrid. ¡Me lo pasaba “pipa”! A través de estas experiencias pude comprobar que la Iglesia era universal, pero a la vez cercana a mí. Era el sitio donde podía ser yo de verdad.

Después empecé la catequesis de Juveniles y la de confirmación. Mi grupo de catequesis cada vez estaba más unido y nos quedábamos los viernes por la tarde, después de los grupos, pasando el rato en la parroquia. Empezaba a convertirse en el sitio donde podíamos compartir nuestro tiempo libre de una forma diferente a como lo hacían nuestros otros amigos. Allí veíamos a personas que se esforzaban por ser coherentes. Nos enseñaban, ya no sólo una teoría o unos hechos históricos. Los jóvenes, sacerdotes y demás nos mostraban un estilo de vida. Eran gente que sabían que tenían a Alguien en quien confiar y pasaban todo, lo bueno y lo malo, apoyados en Él.

Fue un tiempo donde el Señor nos regaló muchos momentos para encontrarnos con Él en eucaristías, actos penitenciales, convivencias, campamentos, peregrinaciones, retiros espirituales, anuncios misioneros, la misión joven y otras “movidas”.

Todo eso siguió creciendo hasta el día de mi confirmación. ¡Pasábamos a ser de ese grupo de jóvenes que tenían responsabilidades! Puedo decir que cuando verdaderamente se hace por amor a Cristo y a su Iglesia, esto es una de las mayores alegrías que puedes tener. Ahora nos tocaba dar gratis lo que habíamos recibido gratis.

Fue el tiempo también en que empezamos la universidad: ¡De la parroquia salíamos cristianos para que el mundo tuviera Vida!

Después de unos cuantos años, de recibir sacramentos y ser atendida espiritualmente por los pastores (y el resto de gente de la comunidad) que Cristo ha elegido para mí, y a la espera de seguir muchos años en esto, sólo puedo dar gracias a Dios por la cantidad de dones que ha derramado en mí a través de mi parroquia.

No todo ha sido fácil en este tiempo. Hay momentos mejores, en los que todo es muy claro y sientes una necesidad muy grande de trabajar por los demás y otros en los que parece que todo se oscurece. Hay cursos en los que es un gusto ver como rezan juntos todos los miembros de la parroquia, independientemente de su edad, que ves cómo se ayudan unos a otros, y hay otros cursos en los que te sientes solo. Hay años en los que hay un grupo de jóvenes que se ha propuesto dejarse la piel por el Señor en cada cosa que hace, y otros años en los que parece que todos tienen cosas más importantes. Hay veces que los curas te entienden perfectamente y otras veces en las que el trato con ellos te lleva a una dura práctica de la humildad y la misericordia… ¿Qué os voy a contar?

El mejor remedio para esto, tanto en tiempos buenos como en los peores, es tener claro el porqué de estar en la parroquia. Y yo, gracias a Dios lo he descubierto: Es el lugar concreto donde me encuentro con Cristo y donde Él me sale a buscar. Y es también la casa donde mi Madre Iglesia me cuida y me enseña…

¡Gracias Señor por mi parroquia!
Gema Martín
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Las 10 noticias del año 2010 en el Vaticano

26/12/10

"Se le pondrá por nombre Emmanuel"


¡Feliz Navidad a todos! En el día de hoy nos ha nacido el Salvador del mundo. El Salvador de tu mundo. Es importante, como ya hemos venido diciendo en Adviento, que interiorices seriamente lo que todo esto significa para ti. Y qué mejor forma que, además de acudir a la Eucaristía hoy, tener un rato de oración con el Niño Jesús. Te invitamos a que, si puedes, hagas un rato de oración delante de un Belén. Si no hay Belén, no problem, pero si puedes, ponte delante del Niño. Y habla con Él, abre tu corazón al Misterio de la Encarnación, a lo que supone para tu vida que Dios mismo baje a la Tierra en forma de hombre para salvarte. Por si te ayuda, te dejamos con las palabras de un abad anglosajón, del siglo XII, Elredo de Rielvaux, y su sermón dado con ocasión de la celebración de la Anunciación.

"Emmanuel, que significa "Dios con nosotros”. Sí, ¡Dios con nosotros! Hasta ahora era "Dios encima de nosotros" o "Dios delante de nosotros", pero hoy es "Emmanuel". Hoy él es Dios con nosotros en nuestra naturaleza, con nosotros en su gracia, con nosotros en nuestra debilidad, con nosotros en su bondad, con nosotros en nuestra miseria, con nosotros en su misericordia; con nosotros a través del amor, con nosotros a través del lazo familiar, con nosotros a través de la ternura, con nosotros a través de la compasión…

¡Dios con nosotros! Al no ser capaces los hijos de Adán para subir al cielo a estar con Dios, es Dios quien desciende del cielo para ser nuestro Emmanuel, Dios-con-nosotros. Él viene a nosotros para ser Emmanuel, Dios-con-nosotros, ¡pues no somos capaces de ir a Dios para estar en él! "Hombres todos, ¿cuánto tiempo vais a estar con el corazón prisionero? ¿Por qué os gusta lo que es vano y buscar la mentira? "(Sal 4,3). He aquí, la verdad ha llegado. He aquí, la palabra verdadera e inmutable ha llegado, ¿por qué buscar la mentira? He aquí Emmanuel, he aquí el Dios-con-nosotros.

¿Cómo podía Él estar conmigo más de lo que ya es? Siendo pequeño como yo, débil como yo, desnudo como yo, pobre como yo... se ha convertido como yo en todas las cosas, toma lo que es mío y me da lo que es suyo. Yo estaba muerto, sin voz, sin conciencia, ni siquiera tenía conmigo ya la luz de mis ojos. Él bajó hoy, el más grande de los hombres, "este profeta poderoso en obras y palabras" (Lc 24,19). Colocó su cara en mi cara, su boca en mi boca, sus manos en mis manos (cf. 2 kg 4,34) y se convirtió en Enmanuel, ¡Dios-con-nosotros!

¡Feliz Navidad y buen día del Señor!
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Bendición Urbi et Orbi del Papa en el Vaticano


19/12/10

Amar al enemigo


Seguramente cuando leas el título te preguntarás ¿amar a los enemigos? ¿Pero eso se puede? ¡Pues claro que se puede! El mejor ejemplo de ello lo tenemos en Jesucristo, quien, estando en la cruz lleno de yagas y heridas, amaba a aquellos le he habían puesto allí y le habían provocado todo ese dolor.

Tienes 2 opciones
Siempre tienes dos opciones ante el enemigo: amarle u odiarle. ¿Qué pasa si decides odiarle? Pues que no consigues nada, bueno sí: pudrirte tú por dentro; estar amargado y amargar a los demás. Porque el odio siempre destruye. Quizá alguna vez te haya pasado que tienes a una persona en tu vida que no la tragas, ya sea por su manera de actuar o por cómo se porta contigo no te cae bien. No congeniáis o incluso puede ser que te trate mal.

Y cuando hablan de amar al prójimo dices “Ay, qué bonito. Sí, sí, yo amo al prójimo”. Vale ¿y si te digo que el prójimo es esa persona que tienes ahí que no puedes con ella? ¿A que la cosa cambia?
Pues ahí es donde tienes que poner esfuerzo, porque Dios también está en esa persona. “Cuando hicisteis todo eso con alguno de ellos también lo hicisteis conmigo” Mt 25, 45.

Y cuesta ¡pues claro! ¿Y quién te ha dicho a ti que iba a ser fácil? ¡Para nada! Muchas veces amar cuesta, sobre todo porque hay personas con las que no te sale amar con la facilidad que te sale querer a tu mejor amigo, a tu familia, a tu novi@, y en general a tus más allegados.

Pruébalo
Si no me crees haz la prueba: trata de mirar a esa persona con amor en vez de odio. Si te cuesta mucho al principio pues intenta simplemente no odiarle, luego ten detalles con esa persona, reza por ella… Con tu empeño y la oración puedes conseguir llegar a amarle.

Amar siempre compensa; aunque no te correspondan, da igual. Siempre va a suponer algo positivo, siempre llena, siempre da paz. Y eso es algo fundamental: la paz interior.

Distancia de seguridad
No es plan hacerse daño porque sí. No hay que llegar al masoquismo. Si sabes que esa persona te hace daño, ya sea con palabras, ya sea físicamente o con su actitud hacia ti: deja distancia. Y, desde esa distancia saludable, ámale. Puede ser algo tan sencillo como rezar por esa persona cada día. “Señor, que fulanito se dé cuenta de esto… Señor, que sea feliz…”. ¡Fíjate qué fácil!

Cuando te llevas mal con alguien comparte con esa persona el tiempo justo para no hacerte daño, y esfuérzate por ver lo bueno de esa persona e intenta comprender por qué actúa así.

Perdonar cura corazones
Ante todo hay que procurar hacer las paces con aquel con quien hemos discutido. Y nos hayan hecho lo que sea: perdonar. A nosotros también nos gusta que aquellas cosas que hacemos mal (y que quizá a veces ni nos demos cuenta de ello) se nos perdonen. De hecho se lo pedimos al Padre al decir “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Pues lo mismo con nuestro “enemigo”.

En este cuarto domingo de adviento, nuestros corazones llegan a la antesala de la adoración al Niño en el pesebre. No te dejes llevar, la Navidad no es discutir sobre si el anuncio de Freixenet de Shakira es original o un desastre. No, no dejes que el mundo te lleve a celebrar la navidad con minúsculas, la Navidad sin Cristo. Él te está esperando, en pocos días va a llamar la Virgen María a la puerta de tu posada, de tu corazón. Te pedirá si tienes sitio para ella y su Hijo. ¿Le vas a dejar entrar? Abridle a Cristo el corazón de par en par –cantan las monjas de Iesu Communio-. Esa es la única vitamina que te permitirá amar a todo tu prójimo. Si dejas a Dios entrar en tu vida, Él irá creciendo en ti para que entregues tu vida en servicio a la humanidad igual que Jesús lo hizo y lo hace hoy en día. No tengas miedo. Ten alegría, pues aquel que entregó todo por ti está a punto de llegar.

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THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

5/12/10

Adviento: tiempo para despertar


Qué rasca. Desde luego parece que el Señor nos quiere enviar el mensaje subliminal de que estos días son de preparación, de cierto sacrificio especial, de espabilar. ¿A qué esperas?

Pasando por la vida de puntillas
Esta expresión, que no es mía, es especialmente interesante. La sociedad y los ritmos y costumbres de hoy día nos invitan a pasar por la vida de puntillas, esto es: sin profundizar, sin involucrar nuestra existencia hasta el fondo, sin comprometer nuestro caminar, sin buscar las respuestas a nuestros interrogantes. Aunque suene a tópico que todos ya conocemos, es evidente que nos movemos demasiado rápido, con demasiadas prisas, demasiado consumo y demasiado ruido. La Navidad se vende, como sabes bien, con lucecitas y regalos (que está bien, por qué no), hasta el punto de que parece que se la ha inventado el Corte Inglés. Es muy habitual que uno sólo destaque de este tiempo que está por venir las cenas, las compras y las fiestas. Nos quedamos antes con lo superficial que con lo verdadero. Con lo que suena y luce mucho, y no con lo que vale de verdad la pena. Cuando nos dicen lo de “prepararse para Navidad”, pensamos que se refieren a hacer deporte para no coger kilos con el turrón, o a irse probando ropa para Nochevieja. No profundizamos, no buscamos el sentido último que da cuerpo a todo lo que celebramos. Lo más que llegamos normalmente es al convencimiento racional y memorístico de que Cristo nació hace 2010 años. Fin. That’s it. Y esto es pasar por la vida de puntillas, pasar por la Navidad como si fuera un periodo de fiestas y compras más. Y tú… ¿te contentas con eso? Porque yo NO. Necesitamos más… ¡mucho más!

Estar en vela
En el evangelio del domingo pasado, Cristo nos decía: “Cuando venga el Hijo del Hombre, pasará como en el tiempo de Noé. Antes del Diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a hora que menos penséis viene el Hijo del hombre” (Mt 24, 37-44).

Con estas palabras, Cristo no nos dice: deja de disfrutar de la vida, a partir de ahora debes ser un amargado. Al contrario: nos empuja a no descuidar lo importante, a no alejarnos por abandono de lo que verdaderamente llena nuestras vidas y nos hace felices. A no olvidarnos de Él a cambio de tonterías que llenan el tiempo, pero no el corazón. A no sacarlo de nuestro interior para meter ruidos que nos impiden pensar en lo importante, porque estamos atados a cosas “idiotizantes”. Las compras, las fiestas y el turrón son cosas buenas si están relacionadas con el Señor de las compras, las fiestas y el turrón. Si arrancamos el significado a las fiestas, si olvidamos que somos felices porque Cristo ha venido al mundo para salvarnos, entonces…no te has enterado de nada. Quedas atrapado por la dinámica del consumo, que ni te contenta ni te construye. Pasas de puntillas por la verdadera fiesta. Y te mereces más.

Por esto, Jesús nos exhorta a estar atentos, despiertos, en vela. Preparar estas fiestas en cristiano. Considerarlas dentro de que es Jesús quien nace, y no Papá Noel quien viene a dejarnos un nuevo coche eléctrico. Y para esto la Iglesia contempla el tiempo de Adviento: 4 semanas de preparación, de espabilar. Los Reyes Magos estuvieron caminando mucho tiempo por el desierto. Bueno, nosotros no tenemos desierto, pero podemos también hacer un peregrinaje interior: hacia nuestro corazón. Así, preparando nuestro corazón al Niño, podremos estar el 25 de diciembre armed and ready, y no nos pillarán en fuera de juego.

Concretando…
¿Cómo prepararnos? Dos cositas, prueba a ver qué tal. La primera, que todos los días consigas eso que llevas tanto tiempo diciendo y nunca acabas de conseguirlo: tener un rato de oración con el Señor, de conversación de corazón a corazón, como decía Newman. Por otro…sí, ¡una buena confesión! Vamos, vamos, qué mejor para recibir al Señor y vivir las cosas bien que experimentar la Misericordia y el Amor del Señor en tu propia carne. No pierdas esta brillante oportunidad.

¡¡Ánimo!! Y vete ensayando los villancicos, que en nada estamos ahí, dándolo todo. Buena semana y buen adviento.


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Estreno del himno JMJ Madrid 2011