25/10/11

"Es ahora o nunca cuando se hacen las cosas importantes en la vida de uno"


Entrevista a Mariano Almela

Después de licenciarse en Historia y estudiar un máster, Mariano - un madrileño afincado en Zaragoza por amor a Dios y a su vocación- da un giro a su vida para irse a estudiar Teología en Roma.

¿Qué se le ha perdido a Mariano en Roma?
Es una buena pregunta. Pienso que si me dicen hace un año que estaría este curso que viene en Roma estudiando Teología, no me lo creería. Voy allí a estudiar y a formarme, nada más. Viviré en un centro de formación del Opus Dei, que se llama Cavabianca, y estudiaré en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Todo suena muy complicado, pero no lo es. Es como seguir mi carrera, sólo que en vez de Historia es Teología. Nada más.

¿En qué consiste este periodo de formación?, ¿te has planteado ya alguna vez el sacerdocio?, ¿esto terminará en ordenación?
Vamos por partes. Es un tiempo en el que, conjugando los estudios de Teología, también dedico tiempo a aprender mejor el espíritu del Opus Dei. Por lo demás, todo es muy normal. Hacemos deporte (me gusta mucho jugar buenos partidos de fútbol) y nos vamos de excursión, visitas a Roma, etc., y por supuesto, tiempo para estudiar las asignaturas. A lo que ahora le dedicaré un poco de tiempo es a aprender italiano, porque no tengo ni idea. Dicen que es fácil, pero nunca se sabe.

Lo de ser sacerdote es otra cuestión. Ahora mismo no lo sé. A donde voy no es un seminario, así que no tiene por qué acabar esto en una ordenación sacerdotal. Tampoco quiere decir que vaya con un no rotundo, pero cada cosa tiene su tiempo. Yo soy numerario del Opus Dei, y ya le he entregado mi vida a Dios, así, que en el caso de ser sacerdote, sería un servicio distinto a la Iglesia el que prestaría, nada más. La Obra está para servir a la Iglesia, cada uno en su estado. Y en el caso de que hagan falta sacerdotes, el Prelado pregunta a algunos miembros si quieren ser sacerdotes para seguir sirviendo a la Iglesia de esa manera.

¿Qué significa para ti estar más cerca de la sede del Papa y vivir cerca del Prelado del Opus Dei?
Es un don y a la vez un deber. Un don, porque esto te ayuda muchísimo en tu vida diaria y, sobre todo, te ayuda a rezar más por el Papa y el Padre. Pero, también es una gran responsabilidad, porque voy a formarme, lo que quiere decir que tengo que aprovechar el tiempo muy bien y sacar mucho tiempo para estudiar bien la carrera. Otra cosa muy bonita de Cavabianca es que voy a convivir con gente de todo el mundo y eso, quieras o no, te “desboina” un poco.

¿Qué echarás de menos de España?, ¿qué te dicen tu familia y tus amigos?
Es complicado de decir, porque todavía no me he ido. De las cosas que más me gusta hacer es ir de excursión al Pirineo para hacer algún pico y bañarme en un ibón. Creo que de esto no hay mucho cerca de Roma. Lo que sí podré seguir haciendo, aunque con menos frecuencia, es quedar con amigos a tomarme algo y hablar con ellos. Me encanta tomarme una cerveza en una terraza con algún amigo y hablar de todo. Lo tercero, que es hacer deporte, creo que lo puedo hacer en cualquier sitio. Además, en Cavabianca vivimos 180 personas y salen unos partidos muy buenos de fútbol.

Mis padres están muy contentos. La primera reacción fue de shock, pero después se han emocionado mucho. Creo que no lo ven como un sacrificio, como podría pensar uno, sino como un gran don de Dios inmerecido por mi parte. Mis amigos dicen de todo. Algunos que no practican me dicen que si es mi decisión que se alegran. Pero todos lo valoran. Supongo que algunos se habrán preguntado por qué un chico de 23 años se va a estudiar Teología tal y como están las cosas y pudiendo trabajar ya este año, pues me iban a contratar en un colegio. Pero, es ahora o nunca cuando se hacen las cosas importantes en la vida de uno. Creo que el mejor momento para tomar decisiones importantes en la vida es cuando se presentan.

¿Cómo has vivido la JMJ?, ¿fuiste voluntario?
Estuve de voluntario con varios amigos del Colegio Mayor Miraflores de Zaragoza, donde he vivido este año pasado. Fuimos doce y nos lo pasamos muy bien. Todos acabamos agotados, pero muy contentos. Después he ido hablando con los que fuimos y se nota lo que es una JMJ. De todas formas, ya tenía claro que este curso me iba a Roma. Por si alguien pensaba que era un fruto de la JMJ leyendo la pregunta. Sí es cierto que la JMJ me ha dado más luces y fortaleza para mi viaje a Roma.

Soy una Viva la Vida

Entregar la vida


Si se me permite, voy a contaros algo que he ido madurando en mi cerebro en las últimas semanas. Y versa sobre uno de los significados que tiene aquel mandato de Jesús sobre la entrega completa de nuestra vida. Según la persona y la llamada concreta que Dios haga en su vida, la concreción de la entrega de la vida puede variar notablemente. Algunos les pide que se vayan a un monasterio, a otros de misionero, a otros al ministerio del sacerdocio, a otros a estar en medio de nuestra sociedad… los caminos del Señor son muchos, gracias a los distintos carismas del Espíritu. Vale, esto lo sabemos todos. Pero siempre hay bases comunes, ya que la llamada a la santidad es universal, y la entrega completa de nuestra vida al Señor en lo que Él nos pida también lo es. Una de ellas es la entrega de nuestra intimidad, en un sentido positivo.

No sé si a vosotros os pasa. A mí, desde luego, sí. Y es que he desarrollado a lo largo de mi vida una inercia muy peligrosa: he creado un castillo interior, ya sabéis: uno de esos castillos monumentales donde un foso lo circunda y un puente levadizo se antoja como la única forma de entrada. En su interior, en el centro, existe un altísima torre, enorme y terrible, con una mazmorra oscura en su parte más elevada, provista de un mirador desde el cual se observa todo el territorio. Queda to guapo, la verdad. Pero es un problema. Problema porque es el lugar al que acudo en mis noches de desvelo… no, qué demonios, acudo siempre que mi vena egoísta así me lo pide. Es mi mecanismo de defensa natural: me cierro ante los demás, cierro mi corazón. Ojo, no hace falta ser taciturno y esquivo para tener esta inercia. Puede estar entregando mi tiempo, mis fuerzas y mis energías en algo; eso no es obstáculo para seguir encerrándome. Porque lo que guardo en tal mazmorra, es el último nivel de lo que soy y tengo. Entendedme, tener intimidad es bueno: cualquier persona cristiana debe tenerla, sobre todo con el Señor. A lo que yo me refiero es a ese espacio personal de celoso egoísmo donde guardamos nuestros más profundos pensamientos y sentimientos, ese hueco en el que no queremos que nadie entre. Incluso cara a nuestras actividades, dejamos esa parte al margen de todo: es vivir con cajitas, en la que hay una en la que me esfuerzo, hago “músculo” para ser lo que se me pide, pero donde no pongo en juego lo que verdaderamente soy y tengo. Por ello, en tales actividades no puedo ser yo mismo, no entrego mi persona, aunque esté entregando mi tiempo, porque me reservo un espacio de mi ser en esa mazmorra, a la que acudo cuando voy a descansar de mis esfuerzos.

¿En qué se concreta esto cara a la vocación? En que no todo puede ser músculo ni teatro. Si no aprendo a darme por entero, también mi celoso espacio personal, nunca seré yo mismo en lo que hago, y tendré que acudir a momentos donde me subo a la torre. Me convierto en una persona que no transmite lo que es, piensa y siente, sino que todo lo hace de forma automática: hace, no vive. Con el tiempo, eso es insostenible. Además, en la vocación se te pide todo, da igual cuál sea: Cristo te apela a ti, a tu vida entera, no a tu tiempo. Si tienes pareja, ella va a entrar en tu torre; si subes el puente levadizo, entonces la relación con el tiempo se rompe porque no puedes amar y ser amado sino con lo que eres, no con la mitad de tu ser, escondiendo lo más íntimo en el castillo. Lo mismo ocurre con el resto de vocaciones: un seminarista amigo mío me contaba que él no puede ir a la parroquia donde está destinado a “trabajar”, sino a “vivir” con todo lo que él es; ésa era su entrega concreta en ese momento, el dar su vida, compartirla toda, con la gente de la parroquia. No podemos guardarnos cosas sólo para nosotros, nosotros no podemos ser nuestro único descanso. La intimidad y la interioridad son necesarias, evidentemente, pero no la torre cerrada de nuestro corazón.

Ignoro si he sido capaz de explicarme. Admito que en poco espacio no es fácil, y quizás mis especulaciones hayan hecho pensar a más cabecear mientras leía. En cualquier caso, aquí he hecho un ejercicio de abrir mi castillo y contar lo que llevo dentro. Espero que pueda ser de utilidad a alguien, al menos como experiencia compartida. Y que Cristo nos enseñe en este difícil ejercicio de salir de la torre.

Kinshasa, el futuro ya está aquí

Anunciarlo a los Cuatro Vientos


Hace unas semanas viajé unos cuantos siglos atrás en el tiempo. Recibimos una nota de prensa del Obispado de Madrid en el email del trabajo: “Ha concedido a todos los sacerdotes legítimamente aprobados para oír confesiones sacramentales (…) facultad delegada para remitir dentro del sacramento de la penitencia la excomunión latae sententiae…”. Entre carcajadas y burlas se comentaba entre los compañeros: ¿quién es éste, que hasta perdona los pecados?[1]. Fue sólo el principio.

En las calles se reunieron todas las naciones, la gente se agolpaba a su alrededor para oír la Palabra de Dios[2]. Eran hermanos sin jamás haberse visto. Los que habéis sido bautizado en Cristo, os habéis revestido de Cristo, de modo que ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús[3]. Acudían a la llamada de un tal Pedro -en nombre de Dios- para ser arraigados y edificados en Cristo[4].

No faltaron las descalificaciones. ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?[5],se rumoreaba entre los vecinos. Algunos sectores sociales reclamaban justicia y acusaban de incoherencia: “¿Por qué no se ha venido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”[6]. Una minoría exacerbada tomó la persecución como un camino legítimo porque veían en la actitud de este pueblo una provocación. Se cumplieron las palabras del Señor: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero el mundo os odia porque no sois del mundo, pues yo, al elegiros, os he sacado del mundo. Acordaos de lo que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán a causa de mi persona porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa que palíe su pecado”[7].Algunos simplemente permanecían indiferentes,  otros, en cambio, decían riéndose: “¡Están repletos de vino!”[8].

Entre los cristianos que llegaron había algunas confusiones , incluso divisiones. “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero, como no viene con nosotros, hemos tratado de impedírselo”[9]. Sin embargo, los apóstoles allí convocados disiparon las dudas: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos”[10]. Así el pueblo entendió la multitud de dones dentro de la unidad de la misma Iglesia. Respetando así la vocación personal que el Señor otorgó a cada uno dentro de su pueblo. Dios colocó cada uno de los miembros del cuerpo donde quiso. Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo?[11].

A pesar de las dificultades , miserias e inclemencias del tiempo; Pedro, presentándose con los Once, levantó la voz y les dijo: “Judíos y todos los que vivís en Jerusalén: Que quede bien claro lo que os voy a decir; prestad atención a mis palabra. Éstos no están borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día. Más bien está ocurriendo lo que anunció el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños” [12].  Al igual que pasó con el Maestro, también sucedió con sus apóstoles.  La gente quedaba asombrada de su doctrina, porque hablaba con autoridad[13]. Pedro, al igual que Jesús, sembró la buena nueva a la asamblea. “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. (…) Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que les aman”[14].

Estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Entonces quedaron todos llenos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse[15]. Cayó la noche. La actividad fue poco a poco disminuyendo debido al cansancio acumulado. A la mañana siguiente, el primer día de la semana nos hallábamos reunidos para la fracción del pan[16]. Llegó el final de la jornada, era hora de volver a casa. No sabía en qué época histórica me encontraba, no había a penas distinción entre el siglo I y el XXI. La invitación era la misma: “Id, pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y estad seguros que yo estaré con vosotros día tras día, hasta el fin del mundo"[17].

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[1] Lc  7, 49

[2] Lc 5, 1

[3] Ga 3, 27-28

[4] Col 2,7

[5] Mt 9, 11

[6] Jn 12, 5

[7] Jn 15, 18-22

[8] Hch 2, 13

[9] Mc 9, 38

[10] 1 Co 12, 4-6

[11] 1 Co 12, 18-19

[12] Hch 2, 14-17

[13] Lc 4, 32

[14] Lc 6, 27-28, 32

[15] Hch 2, 1-4

[16] Hch 20, 7

[17] Mt 28, 19-20

El Matrimonio por José Pedro Manglano

24/10/11

Carta a un veraneante cristiano


Por fin llegaron tus merecidas vacaciones. ¡Cómo las necesitabas! Es momento de que te relajes y dejes a un lado tu trabajo, tus estudios y te centres en ti. Sólo en ti. Necesitas tiempo para tus cosas. Haz un punto y aparte, y mira a ese necesitado del espejo. Ahora es tu turno.

Olvídate un poco de la familia, bastantes esfuerzos haces durante el curso por estar pendiente de ella. Un par de meses de parón no hacen daño a nadie. Seguro que se las apañan bien solos, además invitarles o hacer cosas conjuntas pueden ser una carga para ti en este gran momento en el que vives. Ellos pueden esperar, ya estarás más en su presencia en octubre o noviembre.  De los amigos mejor no hablemos, seguro que ellos están bien a su aire como tú al tuyo. No les molestes con mensajitos, llamaditas o cartitas mostrando interés. No te exijas tanto, ellos no necesitan eso y tú tampoco. De tu pareja, marido o mujer… no te comas el coco. Has regado mucho la planta durante el año como para ahora ponerte detallista. ¡¡Vive de tus rentas!!

No te programes tanto el día. ¿Para qué… si hay muchos? Sentarse en el sofá toda la soporífera tarde no está tan mal. Quién quiere hacer grandes cosas teniendo un mando a distancia y series de hace décadas en 25 canales de la TDT. Date todos los caprichos que quieras, deja los libros a un lado. Mantente ocioso o perezoso. No hay otra forma de vivir el verano. Levantarse tarde, pisci/playa, comer, siesta más sesiones de vagueo y noches de ‘marchuki’. Esa es la única meta. Desinflarte un par de mes no te perjudicará. Ya retomarás los buenos hábitos más adelante. Ahora haz sólo lo que te pidan tus impulsos. Disfruta de los torsos ciclados o las micro-faldas que te regalan hasta por la calle tus conciudadan@s. Tú tampoco te vuelvas pudoroso. Si tienes algo que lucir, hazlo. Necesitas subirte el ego. Cómprate muchas cositas y más helados de los que puedas comerte.

¿Tu fe? Venga, ti@, ¡es verano! Haz un paréntesis, nadie tiene por qué enterarse. Descálzate y sube el aire acondicionado. Quién podrá conocer que algún día has faltado a misa, donde veraneas nadie te conoce. No tienes por qué darles ejemplo, no les volverás a ver. No te ralles con eso de confesarte o rezar, tienes la mente demasiado atorada como para liarte más. Cambia esos minutos ante el Sagrario por unas buenas tandas de tumbona. Eso sí te viene bien, tu moreno será la envidia de todos en la oficina o en la facultad. Ya volverás a santiguarte en septiembre. Tú te has ido de vacaciones, seguro que Dios lo entiende. La Vida Eterna puede esperar. Ahora relaja tus normas, mueve el esqueleto y que viva la tibieza. Siempre habrá un mañana para arrepentirse.
Carta del Diablo a un veraneante cristiano