20/6/08

Deja de buscar rumbo... la oración es el camino

En todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor.
San Juan de la Cruz
« Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él »
(1 Jn 4, 16)

"Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él". Con estas pequeñas frases Benedicto XVI comienza su primera encíclica. Deus caritas est (Dios es amor).
"Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.
« Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. (…) « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro. En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la violencia, éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás.
Así es como arranca la Encíclica. Con un mensaje claro, Dios es Amor. El núcleo duro de nuestra vida. Y, por tener tanta importancia,…
+¿Cómo tramamos a ese que tanto nos ama?+
CIRCULAR te deja aquí un ejemplo de un rato de "encuentro personal" un Dios que no vemos como algo etéreo, sino como un colega, un padre atento, un muy mejor amigo… ¡qué te aproveche!

Quince Minutos con Jesús Sacramentado
No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames mucho. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre, o a tu hermano.
¿Necesitas hacerme alguna súplica en favor de alguien? Dime su nombre, sea el de tus padres, el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras hiciese yo realmente por ellos. Pide mucho, muchas cosas; no vaciles en pedir, me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse de sí mismos para atender las necesidades ajenas. Háblame con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas devolver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos al menos una palabra; pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón.
¿Necesitas alguna gracia? Haz, si quieres, una lista de lo que necesitas, y ven, léela en mi presencia. Dime con sinceridad que sientes orgullo, pereza y amor a la sensualidad, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente..., y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, qué haces para sacudir de encima de ti tales miserias.
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos santos de primer orden que tuvieron tus mismos defectos! Pero rezaron con humildad, y poco a poco se vieron libres de sus miserias.
Tampoco vaciles en pedirme bienes para cuerpo y para entendimiento: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios... Todo eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo pidas en cuanto no se oponga, sino que favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favorecerte!
¿Te preocupa alguna cosa? Cuéntamelo todo detalladamente. ¿Qué te preocupa?, ¿qué piensas?, ¿qué deseas? ¿No querrías poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos a quienes amas tal vez mucho y que viven quizá olvidados de mí? ¿No te sientes con deseos de mi gloria?
Dime: ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención? ¿qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo? Dime qué es lo que te ha salido mal, y yo te diré las causas del fracaso. Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, donde me place.
¿Estás triste o de mal humor? Cuéntame tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te ofendió?, ¿quién lastimó tu amor propio?, ¿quién te ha menospreciado? Acércate a mi corazón, que tiene el bálsamo eficaz para todas las heridas del tuyo. Cuéntame todo, y acabarás por decirme que, a semejanza de mi, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición. ¿Tienes miedo de algo? ¿Sientes en tu alma tristeza? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy, aquí, a tu lado me tienes; todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
¿Sientes desprecio por las personas que antes te quisieron bien, y ahora, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿Tienes alguna alegría que comunicarme? ¿Porqué no me haces partícipe de ella por lo buen amigo tuyo que soy? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, te ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizás has tenido alguna sorpresa agradable; quizás se han disipado algunos recelos; quizás has recibido buenas noticias, una carta, una muestra de cariño; quizás has vencido una dificultad o salido de un apuro... Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado. ¿Por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente como un hijo a su padre: gracias padre mío, gracias? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.
¿Tienes alguna promesa que hacerme? Puedo leer en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes un propósito firme de no ponerte más en aquella ocasión de pecado?, ¿de privarte de aquello que te dañó?, ¿de no leer más aquel libro que dio rienda suelta a tu imaginación?, ¿de no tratar más a aquella persona que turbó la paz de tu alma, haciéndote pecar? ¿Volverás a ser amable con aquella persona a quien miraste hasta hoy como enemiga?
Hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo, a tu familia, a tu estudio..., pero no olvides la grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad de la capilla. Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen Santísima... y vuelve otra vez a mí con el corazón más amoroso todavía, más entregado a mi servicio: en el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.



Libertad para seguir a Dios (2)

Todo lo tenemos en Cristo; todo es Cristo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, Él es médico. Si estás ardiendo de fiebre. Él es manantial. Si estás oprimido por la inquietud, Él es la justicia. Si tienes necesidad de ayuda, Él es fuerza. Si temes la muerte, Él es vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si buscas refugio de las tinieblas, Él es luz. Si buscas manjar, Él es alimento.

San Ambrosio

En el CIRCULAR anterior pudimos leer cosas como:
Él no prometió un yugo que no obligue ni una carga que no pese. Estos sólo se harán dulces y ligeros para aquellos que los acepten libremente por su amor.
Escoged, nos dice, entre la masa y Yo, entre vuestros instintos o mi Evangelio, entre el amor propio o la caridad, entre el egoísmo o la justicia, entre el camino ancho de los deseos y apetencias o el estrecho de lo que tenemos que hacer, deberíamos hacer.
Y justo nos quedamos con la duda de saber qué hicieron los Doce ante la pregunta de Jesús: "¿Queréis iros también vosotros?"
En ese momento brotó de Simón Pedro una respuesta sincera: "Señor, ¿a quién iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna! ¿Dónde iríamos si te abandonásemos?"
Pedro no quiere elegir a otros maestros. Tampoco cree que pueda vivir uno sin tener un maestro. Sabe que es una ilusión creerse autosuficiente, que no tiene razón su orgullo cuando le dice que puede vivir independientemente. Seguro que a ti, igual que a mí, te pasa que sueñas con no obedecer a nadie. Que a veces te sale el gritar: "Yo no soy de nadie. Yo soy mi propio dueño". Pero, al igual que le pasó a Pedro, también cuando te serenas un poco ves que todos tenemos necesidad de un maestro. Todos los hombres se procuran un maestro; y la clave reside en saber escogerlo.
Los que dicen ser sus propios maestro terminan obedeciendo a sus propias pasiones. Acaban viviendo por el qué dirán. Muchas veces habrás oído a gente que protesta enérgicamente contra la "tutela" de la religión, pero que luego les ves sujetos a maestrillos indignos de un alma libre. Cuántos de ellos, o incluso nosotros mismo muchas veces, nos dejamos llevar por el ambiente, por los líderes de opinión, los que están en la "onda", por un libro guapo guapo, por un amiguete del tuto, por intereses de clase o, por el más destructor de todos, por su propio apetito siempre insaciable.
+¿Quién, o quiénes son tus maestros?+
Pedro, que sabía todo esto pues era hombre como nosotros, quería un maestro que le instruyese, que le educase; quería un buen amigo que le defienda y le dirija. Porque... ¿quién sino Jesús puede enseñarle y conducirle?, ¿qué otro maestro merecería mejor su confianza?

+¿Confías en Jesús?+
Los que se fueron tras las palabras del Maestro no se fueron por la debilidad de la carne sino por la soberbia del espíritu. Marchan de allí porque no podían permitir que Jesús –su vecino, su compatriota- se jacte de darles la vida eterna y por ese llamativo medio: alimentarse de Él. ¿Quién puede oír tales palabras?, decían.

¿Y los que se quedaron qué? Los que se quedaron, los que creyeron en la doctrina de la Eucaristía, sabían que el grano de trigo no da fruto hasta que muere. Los que creen en el pan de Vida saben que tienen que morir a sí mismos, a su soberbia, a su orgullo, y entregarse sin condiciones a Dios.
Pedro no niega que las palabras de Jesús sean duras al oído; al menos sabe que no empequeñecen al que las acepta sino que le liberan, le hacen creer. Son duras sí, pero ennoblecen nuestras pobres vidas porque las palabras de Dios ayudan a vivir.
Los demás "maestros" que aparecen en la vida sólo saben adular a sus discípulos, les presentan una moral más cómoda pero que jamás alcanza la seguridad que otorga Jesucristo. La palabra de Dios, que se afirma como cierta, puede ser chocante y cortante como una espada, pero ninguna otra puede igualarla en grandeza y profundidad. Sin duda, hay en sus palabras algo eterno. "Tú pronuncias palabras definitivas que nos dan vida para siempre". Él nos da a conocer una vida que nos hace unirnos cada vez más a Dios, para conseguir que esa unión sea eterna. Hoy, como ayer, el mundo te dice:"Abandona de una vez el camino de Dios. Ese nos es más que para carrozas y aguafiestas". Ahora te toca a ti plantarle cara al mundo. Elegir entre la multitud y Cristo. Quedarte a solas con tu corazón y escuchar a Jesús diciéndote: si quieres puede irte. Y tú, tras hacer un acto de humildad, decirle "¿A quién iremos, Señor? ¡Solo tú tienes palabras de vida eterna!"
Y después, corre, levántate. Pregúntale a Dios: ¿Maestro, dónde vives? Y escucharás en tu interior: Ven y lo verás. Atrévete a aceptar el reto de ser hijo de Dios.

//Adaptación de CIRCULAR de textos de George Chevrot//






26/4/08

Libertad para seguir a Dios (1)

"El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida
eterna, y yo le resucitaré el último día.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí,
y yo en él"

Jn 6,54



Estas palabras de Jesús le costaron muchas deserciones entre sus files. Ayer, igual que hoy, el milagro del sacramento de la Eucaristía, el que esté el mismo Cristo bajo las especies de pan y de vino, causa repulsa en algunos. Lo interesante, y alucinante, de este episodio es la reacción de Jesús.



Los que, tras escuchar sus palabras, se van no eran oyentes ocasionales. Muchos de ellos también eran discípulos del Señor. Discípulos que una vez sintieron el calor de las enseñanzas del Maestro y de su persona. Todos habían renunciado a cosas por seguirle, pero ahora creen que sus renunciamiento no ha servido para nada. Pierden cuanto habían ganado y todo lo que hubieran podido ganar aún. Pero, ¿y Jesús?, ¿por qué se queda parado?, ¿por qué no corre a impedirles que abandonen el camino de salvación?



Dios, Jesucristo, no compromete por sorpresa. Nadie le sigue sin entero conocimiento. El amor que nosotros tenemos hacía Él no es un sentimiento que va y viene, como cualquier sentimientos. Es un amor verdadero donde la voluntad y la inteligencia son sus pilotos, y los sentimientos/emociones son compañeros de viaje que unas veces nos lo amenizarán y otras harán que cueste más. Pero nosotros no debemos depender de ellos. De hecho, Dios no disimula las dificultades del "camino estrecho" por donde nos lleva. Es verdad, Él mismo dijo que su yugo es suave y su carga ligera, pero Él no prometió un yugo que no obligue ni una carga que no pese. Estos sólo se harán dulces y ligeros para aquellos que los acepten libremente por su amor. Todos aquellos que vengan a Él por fuerza y que le sigan sin conocerle, y sin tratarle de tú a tú, no encontrarán en el cristianismo alegría ni felicidad, sino únicamente una carga y un yugo.



Para amar tiene que haber libertad porque el amor no hay que confundirlo con sentimientos pasajeros. Porque el amor es descubrir algo que te perfecciona y te colma de sentido, que ves que cuesta y que a veces ni te apetece luchar por ello, pero tu cabecita te dice que no tienes que ser perezoso sino que tienes que luchar por eso que te importa. Por todas esas razones, Jesús no obliga a esos discípulos que se van a quedarse. Si uno quiere seguir a Dios hay que reconocerle y aceptarle como es. Hay que recibirle con todas sus exigencias. Tenemos que darle el primer lugar en nuestra vida.



+¿Qué puesto ocupa Dios en tu vida?, ¿luchas porque sea Él lo primero?+



Y es que Dios es tan bueno que, al ver la partida de sus discípulos, se gira a los Doce y les pregunta: "¿Queréis iros también vosotros?" Dios quiere respetar tanto la libertad del hombre que les abre las puertas de par en par y les dice: "También vosotros podéis marcharos si juzgáis demasiado dura mi doctrina". Jesús sólo quiere discípulos voluntarios que, pese a que les cueste, estén decididos a seguirle. Inmediatamente Jesús les dice: "¿no os he elegido yo a los Doce?". Eso también te lo dice hoy a ti, ¿no he sido yo quien te ha llamado, quien te ha elegido?



Cristo hoy, al igual que ayer a sus discípulos, te dice que Él te ha escogido antes de que tú le conocieses, ahora quiere que seas tú quien libremente le escojas a Él. Escoged, nos dice, entre la masa y Yo, entre vuestros instintos o mi Evangelio, entre el amor propio o la caridad, entre el egoísmo o la justicia, entre el camino ancho de los deseos y apetencias o el estrecho de lo que tenemos que hacer, deberíamos hacer.



+¿Qué camino quieres escoger en tu vida?, ¿alguna vez lo has pensado?+



Si sueles rezar, háblalo con Dios. Pregúntale si le has elegido de verdad o te quedan sitios de donde soltarte. Como el niño que desconfía de su maestro de natación y se queda anclado en el bordillo por temor y desconfianza, tenemos que lanzarnos hoy a navegar mar adentro de la mano de Dios. Nunca iremos solos, siempre estará a nuestro lado




//Adaptación de CIRCULAR de textos de George Chevrot//

20/4/08

Los caminos que llevan al ateísmo

¿Quieres ver a Dios? Escúchalo: bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. En primer lugar piensa en purificar tu corazón; lo que veas en él que desagrada a Dios, quítalo
San Agustín




¿Cómo van esas Pascuas?, ¿has dejado a Dios resucitar en tu vida?...

Ay el cristianismo. Es la lucha continua por dejar que no se apague la llama de Dios en nuestras vidas. Sin embargo, ¡cuánta gente hay que no cree en Dios o que prefiere no pensarlo! Esta semana CIRCULAR quiere acercarte las reflexiones del Padre Jorge Loring sj para que tú también entiendas al resto de tus amig@s que no creen en Dios. Para que sepas ayudarles y responderles a todas sus posibles preguntas.

Tenemos que ir cogiendo el hábito de rezar por todas las personas que nos importan y que están a nuestro alrededor. Especialmente por todos aquellos que no hay sentido el calor de Cristo en sus corazón. Esperamos que este video te guste y sepas aprovecharlo.


6/4/08

Cristo, persona viva y verdadera

En 1993 la Madre Teresa de Calcuta escribió una carta a las hermanas de la congregación que decía: "Me preocupa el pensamiento de que alguna de vosotras aún no haya encontrado a Jesús individualmente, tú y Jesús solos. Podemos pasar mucho tiempo en la capilla, ¿pero has visto con los ojos del alma el amor con el que Él te mira?, ¿conocéis verdaderamente a Jesús vivo, no de los libros, sino de estar con Él en vuestro corazón?, ¿habéis oído las palabras de amor que Él os dirige?... nunca abandonéis este íntimo contacto diario con Jesús como una persona viva y verdadera, no como una idea".

Y así es. En un mensaje tan breve, la Madre Teresa fue capaz de sintetizar la vida cristiana: el relacionarse con Jesús, no como una idea, un concepto, sino como "una persona viva y verdadera". Y el hecho es, que cuando lo pensamos fríamente, muchas veces descubrimos que el hecho de que Cristo esté vivo y presente en nuestras vidas… no nos cambia nada. Hacemos las cosas de forma mecánica, nos deprimimos o nos agobiamos por cualquier cosa, "tengo muchos trabajos", "éste me ha dicho no sé qué"…nos quedamos con las pequeñas cosas y nos olvidamos de lo más importante: ¡que Dios te quiere locamente! Piénsalo bien: Dios ha dado su vida por salvarte, todos los días de tu vida está ahí para lo que quieras, sólo desea quererte, todo depende de Él…¿y nos venimos abajo porque ha eliminado al Madrid de la Champions?

Jesucristo no puede ser un barniz de nuestra vida, un complemento más. Si no ponemos en nuestro radar a Jesús como norte, como aquello que da sentido a nuestro día a día, acabamos siendo unos "cristianos funcionarios". El estereotipo de un funcionario se caracteriza por hacer las cosas sin ninguna motivación, sin ninguna gana (seguro que has escuchado chistes de funcionarios a patadas). Pues lo mismo nos puede ocurrir a nosotros: si rezamos porque sí, si creemos una serie de cosas como quien se sabe la tabla de multiplicar o los puntos de Alonso en el campeonato, nos sentiremos vacíos, sin motivación. Si tenemos a Jesús como una idea lejana, ajena a mi vida cotidiana, acabaremos haciendo las cosas porque sí, y el rezar será como ir a por el pan.

Por eso, debemos descubrir a Dios en nuestra vida. No creas que Jesucristo se queda para los domingos, o que no sale de la iglesia. Él también está en tus libros, en tus partidos de fútbol, en tus viernes por la tarde, en tus bajones, en tus alegrías, en tus tristezas… Él siempre está ahí, buscándote, esperando a que le hagas un poquito de caso para llenarte de felicidad. ¡¡Háblale!! Dedícale unos minutos de tu día a hablar con Él. Cuéntale todo aquello que te preocupa, que te alegra, pídele por ti, por tus amigos, y escucha aquello que quiera decirte: ¿habéis oído las palabras de amor que Él os dirige? Jesús no es un mueble, tiene mucho que decirte e infinito amor que darte… ¡no le cuelgues! Coge su llamada y habla con Él. Verás como poco a poco va entrando en tu vida y te va cambiando. Confía en Él, en Aquel que más sabe y mejor te conoce. Concédete el tesoro de ser feliz. Nunca abandonéis este íntimo contacto diario con Jesús como una persona viva y verdadera, no como una idea".

Vocación sacerdotal


El amor de Dios es lo primero que se manda, y el amor del prójimo lo primero que se debe practicar. (...) Tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo te harás
merecedor de verle a Él. El amor del prójimo limpia los ojos para ver a Dios, como dice claramente Juan: Si no amas al prójimo, a quien ves, ¿cómo vas a
amar a Dios, a quien no ves?
San Agustín



Estas semanas no hemos parado de hablar sobre la necesidad de que surja una nueva generación de apóstoles. Es necesario que todos descubramos nuestra vocación cristiana para alimentar a un mundo hambriento de sentido y sediento de rumbo.

Pero también es necesario que surjan pastores que guíen y administren los sacramentos a esa una generación apostólica. Por esa razón, el CIRCULAR de hoy es un video (dividido en 2 partes) que en total son sólo 18 minutos. Con él encontrarás una explicación moderna y profunda del significado de la vocación sacerdotal. Tenemos que rezar por esta intención, para que siga habiendo pastores para su mies. El Espíritu Santo sigue llamando pero cada vez más los hombres no quieren, no queremos, escucharle. Siempre estamos rodeados de ruido y nos da pereza desconectar… Te reto a ver este tremendo video y a que reces porque siga habiendo vocaciones.

Buena semana!!





el mundo tiene sed de nuevos apóstoles (2)

Un cristiano es un hombre a quien Jesucristo
ha confiado todos los hombres.
Padre Perreyve
En el último CIRCULAR dejamos pendiente esa duda, ¿qué era ser "pescador de hombres"? Y, la verdad, es que es una idea que merece la pena tenerla clara. Empezaremos la explicación con un ejemplo, las compañías telefónicas.

Cuando vienen determinadas épocas –Navidad, verano…- todas las compañías lanzan fuertes campañas de marketing y publicidad además de sacar nuevas ofertas con tal de ganar nuevos usuarios. Alguien puede pensar que cuando el Evangelio habla de que tenemos que ser "pescadores de hombres" se refiere a eso, conseguir nuevos usuarios para el cristianismo. Esa idea está muy alejada del mandato de Cristo. ¿Por qué? –me dirás- ..
Te lo explico. Pasa al siguiente párrafo, jeje

Porque pescar almas no quiere decir acapararlas para sí o imponerse a ellas. La labor de apostolado no es un proselitismo personal. No es un "como yo creo en esto, me molaría que todos los demás también crean en esto". Esa idea es una visión muy reducida del apostolado real porque, al final, sólo se busca ese orgullo de ver que otros adoptan la opinión que nosotros estimamos verdadera. No nos confundamos, esa ambición es muy diferente a la del apostolado cristiano. ¿Sabes por qué? Porque si se quiere ser un verdadero apóstol no se puede buscar el triunfo personal sino el triunfo de Cristo. No es nuestro punto de vista lo que deseamos comunicar a nuestra gente, sino una fe que sabemos verdadera porque es palabra de Dios.

¡Serás pescador de hombres! Con esa frase Cristo quiso hacernos ver a nosotros que, respetando al máximo la libertad del prójimo, les tenemos que ayudar a ver que Dios quiere con locura al hombre hasta tal punto de que dio su vida por Él. Que cuando queremos hacer apostolado lo único que buscamos es que los demás compartan el tesoro que nosotros descubrimos. El tesoro de encontrar un sentido a la vida basado en el amor infinito de Dios por el hombre. Es como cuando conocemos un restaurante buenísimo y a la vez barato. Cuando conocemos ese restaurante hablamos de él a todas las personas que queremos y conocemos porque sabemos que al igual que es un bien para nosotros, también será un bien para ellos. Por eso, el apostolado cristiano está lejos del tratar de plegar a los demás a nuestra forma de ver. No se trata de obligar a nadie, no es alistar a los amigos por la fuerza porque eso sería ofrecer a Dios cadáveres, no hombres vivos; por lo menos sería paralizar sus espíritus. Además, esa concepción no tiene futuro porque las conciencias forzadas más pronto o más tarde se vuelven contra quien les encadenó.

¿Entiendes por dónde van los tiros? "Pescaremos" hombres únicamente para dárselos a Jesús. Si se quiere ser eficaz en esto, el apostolado implica la desaparición del apóstol. Cuando tenemos esa idea clara, nuestros defectos y carencias dejan de ser una excusa porque sabemos que es Dios quien mueve a las almas. Y ¿cómo hacer bien esta misión?, ¿cómo hablar bien de Cristo? Sólo cabe una manera, amándole. Cuando se le ama de verdad, tal vez no sepamos responder a todas las preguntas del que duda, pero nuestro ejemplo de vida le suministra un argumento que no esperaba y que le hace reflexionar: -tu amigo/a pensará- "Mi amigo ama a Jesucristo. ¿Sería amado por él, como lo es, si sólo hubiera sido Jesucristo un hombre como nosotros?". Además, tus amistades, al verte vivir coherente y cristianamente, sabrán que en un siglo lleno de mp3, bluetooth y mesenger se puede creer en Dios, y se puede tratar a Dios y se puede vivir por/para/con Dios.

¿No te termina de convencer? No te asustes. Quizás te vienen inseguridades al ver que, como todos, tú también, alguna que otra vez, ofendiste a Dios o es posible que lo que te frene sea el ver tus limitaciones.¡No tengas miedo! Levantarás el ánimo de tus colegas, sin saberlo, sencillamente porque sacas de tu intimidad con Dios la energía para sonreír en las dificultades, la calma en las contradicciones y la serenidad en las desgracias.

Si después de leer estos dos CIRCULARES sobre los "nuevos apóstoles" te tuvieses que quedar con algo, quédate con esto. "Pescaréis" hombres no en los lazos de la dialéctica que suscita la réplica, ni con un charleto increíble cuya impresión se olvidará al otro día; ni si quiera es por dar las impresión de ser el católico-majo-enrollado, ya que esa impresión puede desaparecer tan aprisa como surge. Sólo serás un verdadero "pescador" por lo que Cristo ha puesto en ti y ha hecho en ti.

No te compliques. Si tratas de esforzarte en la virtudes humanas y cristinas, si luchas por una caridad que no busca a uno mismo sino a los demás, si te esfuerzas por conocer a Dios, por tratarle, por pedirle ayuda y perdón. Si combates por tener una vida sobrenatural, tus amigos se acercarán un poco más Dios. Juan Pablo II dijo que la inestabilidad de la paz, las luchas sociales, los desórdenes económicos, la desmoralización de los espíritus, todos esos sufrimientos de nuestro tiempo sólo pueden ser aliviados provisionalmente y en parte con remedios legislativos, tratados o protocolos, pero no son los más paliativos. Los males de nuestra sociedad serán curados únicamente con la reforma de los corazones y por el reinado de Cristo.

Si te esfuerzas porque Cristo reine en tu corazón serás reflejo de Él para los demás. Ahí está el gran desafío. Volverán a renovarse los milagros de antaño, los hombres vendrán o volverán al cristianismo, si nosotros, los católicos, con tanta piedad como humildad permitimos a Jesucristo que viva plenamente en nosotros y si practicamos a fondo el Evangelio. Y, para acabar, guárdate en tu disco duro estas palabras de Benedicto XVI:

"¡He aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa!Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a difundir el Evangelio por todas partes.¡Esto es lo que os pide el Señor, a esto os invita la Iglesia, esto es lo que el mundo - aun sin saberlo - espera de vosotros!Y si Jesús os llama, no tengáis miedo de responderle con generosidad. No tengáis miedo; fiaos de Él y no quedaréis decepcionados."

El mundo tiene sed de nuevos apóstoles (1 y 2)
//Adaptación de CIRCULAR de textos de George Chevrot//