21/2/10

En medio del mundo

Muchas veces, los jóvenes de hoy nos admiramos cuando vemos que una persona cercana a nosotros ha decidido abandonar este mundo, voluntariamente por una llamada de Dios [Véase el artículo en el siguiente artículo]. Es el caso de muchos chicos y chicas jóvenes de entre 15 y 30 años que notan una llamada especial de Dios a dejar todas las cosas y seguirle en un monasterio. Sin duda, responder a esta llamada de Dios cuando se está en plena juventud supone sacrificio, porque cuesta dejar a los padres, a los amigos, las ilusiones profesionales…, por Dios. Pero uno descubre la alegría de esas personas que han sabido ser generosas, una alegría que ni ellas mismas son capaces de expresar, porque es inefable, porque han sabido responder que sí y Dios no se deja ganar en generosidad. Estas entregas nos impactan enormemente.

Pero Dios no llama solamente a la vida consagrada. Hoy en día existen vocaciones divinas y caminos cristianos en medio del mundo a los cuales Dios también llama. La vocación es un don de Dios que llama y el hombre, que responde con generosidad. Por eso se dice que la vocación es personal y que Dios llama a cada uno a la vida que sabe que es la que más le gusta, en la que más feliz va a ser. Pongamos un ejemplo para que se entienda.

El año pasado el F. C. Barcelona dejó atónitos a todos los seguidores del fútbol logrando un triplete histórico. Todos parecen coincidir en que gran parte de ese éxito se debe a la labor del entrenador, Pep Guardiola, que supo sacar de cada jugador lo mejor. Guardiola ponía a cada uno en su sitio, le pedía lo máximo que podía dar en su puesto y conforme a sus capacidades. Si se le hubiera ocurrido poner a un defensa como Puyol de delantero y llevar de central a Eto´o, otro gallo hubiera cantado. Cada uno era imprescindible, eso sí, en su sitio.

Dios hace igual con los cristianos, poniendo a cada uno en su lugar, pidiéndole lo máximo ahí, para hacer rendir sus talentos. A veces nos podemos admirar de la vocación de un amigo o de una amiga porque se ha apartado del mundo para dedicarse a la contemplación. Esa es su vocación y ahí es donde va a ser más feliz. Pero no tienen porqué ser esos los planes que Dios tiene pensados para nosotros. Dios nos puede pedir que seamos santos en medio del mundo, con nuestro trabajo, sin hacernos religiosos o sacerdotes, porque ahí no íbamos a ser felices. Si es así, nuestra entrega no es menor que la de los que han hecho votos o se han ordenado, sino diferente.

Una vez leí la historia de un amigo de Juan Pablo II en la universidad, que el mismo Papa ponía de ejemplo. Era un chico joven, estudiante de buenas notas y católico. Descubrió que su manera de servir a Dios no era en un monasterio o como sacerdote, sino en el matrimonio. Desde entonces, le pedía a Dios que le mostrara a la esposa que Él le había preparado, a la vez que intensificaba su vida de piedad para prepararse para el matrimonio. Hoy, está abierto su proceso de Beatificación.
No podemos pensar que, como Dios no me llama a la vida consagrada, mi entrega y mi generosidad son menores. No, sino que Dios puede tener pensados otros planes que debo de descubrir en mi oración personal y con una vida cristiana exigente. Sólo así, descubriremos, cuando Dios tenga pensado decírnoslo, nuestro camino. Pero si hacemos de nuestra vida de piedad algo aguado, si dejamos entrar la comodidad, entonces estamos cerrando las puertas a lo que Dios nos pida, que es sin duda, el lugar donde más felices vamos a ser. Sería engañarnos el pensar que la vida cristiana “de a pié” supone una menor entrega, que entramos por la puerta de atrás del cielo o que sólo es para los que se han comprometido en una institución.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues es sencillo, que no hace falta que todos seamos religiosos, ni sacerdotes. Lógicamente, hacen falta muchos religiosos y sacerdotes buenos y santos, pero es posible que, a la mayoría, Dios le llame a servirle con su trabajo, con su familia, entre sus amigos y colegas. Para algunos en una institución, congregación o movimiento de laicos, y para otros sin tener que pertenecer a nada en especial. Eso sólo Dios lo sabe. Eso sí, hay que esforzarse por alcanzar ahí la santidad, con una exigencia igual para todos, que es la exigencia del Evangelio, de la santidad. Descubrir la propia vocación, allí donde nos llama Dios, y decidirse a vivirla plenamente, pues la santidad es una cosa para todos y de la decisión de ser santos, tú y yo, dependen muchas cosas importantes para la Iglesia.
Mariano Almela
Colaborador de grupocircular

De gogó a monja por la gracia de Dios


Anna Nobili bailaba habitualmente como bailarina-gogó en un club nocturno pero por la gracia de Dios, admite ella fácilmente, pudo poner fin a su prisión.

Esta es su historia.
La conversión de Anna a Cristo fue tan radical como hermosa. Ella es actualmente religiosa en las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret.

Anna creció en Milán. Junto a sus dos hermanos menores tubo dificultades y turbulencias en su infancia. Sus padres se peleaban mucho y la vida familiar era a menudo muy tensa. Reconoce las fuertes palabras que se intercambiaban sus padres. A la vez, ella recibió la primera comunión y, más tarde, la confirmación. Sin embargo, poco tiempo después dejó de ir completamente por la Iglesia. Cuando tenía 13 años, sus padres se separaron finalmente.

Para mantener a su madre (con sólo 13 años), Anna tuvo que trabajar en un bar por las noches, dejando así de ir al colegio a sus 15 años. Toda su familia vivía en una pequeña habitación. “Yo no era consciente de la presencia de Dios durante todo este tiempo –comenta ella-. Dios me parecía estar muy lejos. Yo tenía un novio, pero nuestra relación estaba basada solamente en sexo. Nos usábamos el uno al otro. Ahora sé que yo en ese momento estaba buscando amor. Sufría fuerte bajones de autoestima y no creía que podía ser amada o que valiese para algo”.

“Comencé a frecuentar las discotecas a los 19 años y continué hasta los 21. Fueron tres años muy intensos durante los cuales perdí totalmente la cabeza. Iba todas las noches y me quedaba hasta las ocho de la mañana – recuerda- . Sólo había una cosa que le divertía y se le daba bien, bailar. Anna tiene un ritmo natural y es muy atlética y ágil. Fue a una escuela de danza donde aprendió funk, punk y modern jazz. No sabía realmente que hacer con su vida, por aquel entonces decía: “Empecé siendo una bailarina profesional e hice un pequeño trabajo en televisión pero los fines de semana bailaba en los cubes”

Un cube es una especie de caja elevada dentro de las discotecas donde ella debería de bailar provocativamente para atraer a los chicos, para que así entrasen al local. Desde medianoche hasta las 4 de la madrugada se exhibía en una discoteca, y desde las 4 hasta las 8 iba a bailar a otra. Viajaba incluso fuera de Milán; por ejemplo, a Amsterdam, donde se quedaba cuatro o cinco días. “Exploté mi sexualidad ante muchos chicos jóvenes”. Ella llegó a ser toda una conquista para ellos, su actitud era básicamente: “Vaya pivón. Yo tengo que pillar a esa chavala y llevármela a la cama”. Ella trataba de llenar su terrible vació interior. Nunca llegó a ser drogadicta o amante de la bebida. Para ella su droga era la música, el baile y el sexo.

¿Dónde empezó el viaje de vuelta a Dios?
Todo empezó gracias a su madre. La madre de Ann había tenido una fuerte experiencia de conversión y de encuentro con el Señor. Hasta entonces ella había sido indiferente hacia Dios y mientras Ann estaba creciendo nunca fue a la Iglesia. En cambio, después de su conversión iba a la Iglesia todas las tardes.

Ann recuerda que en cierta ocasión, cuando estaba a punto de irse al club nocturno, su madre llegó y le dijo señalando un salmo: “Anna, mira lo maravillosa que es la Biblia. ¿Por qué no te vienes a misa conmigo?”. Anna reconoce que fue una situación muy violenta y que gritó a su madre diciendo que las misas son para gente vieja, que no quería ir. En ese momento se encontraba en el momento álgido de su carrera como bailarina. Iba a irse a Amterdam durante cinco o seis semanas. “Para ser honesta, yo estaba buscando un hombre. Alguien que pudiese amarse y que me amase. Cuanto más buscaba, cuanto más me metía en las relaciones sexuales, más vacía me sentía por dentro. El mundo me estaba alumbrando y dándome posibilidades pero siempre volvía el vacío, la confusión y la frustración. Era como si el mundo me estuviese diciendo: “Ven y te daré lo que estás buscando”. Pero cuando buscaba aquel lugar todo era una ilusión. Nunca encontré lo que estaba buscando y mi insatisfacción crecía todavía más. No satisfacía ni me daba amor. Sentía que usaba a la gente y ellos me usaban a mí.

Una Noche Buena por no sé qué razón fui a la Iglesia y me encontré a mí misma llorando durante la misa. Cada vez que entraba en la Iglesia me sentía envuelta por una presencia que no entendía. Veía a los jóvenes, que se querían de manera muy sencilla y estaban serenos. Un mundo auténtico, no falso como el que yo frecuentaba. Un domingo, el sacerdote en su homilía empezó a repetir “Dios te ama”. Yo estaba muy conmovida. Sentí que Dios me lo estaba diciendo personalmente a mí. Durante cinco meses estuve yendo a esa iglesia para estar allí y llorar. La parroquia era maravillosa, ellos no me juzgaban. Simplemente me querían. “Después de 8 meses yo sentí que tenía dos vidas: cuando iba al discoteca por la noche y cuando acudía a la parroquia durante el día”.

Durante ese tiempo las cosas empeoraron con los hombres. Sé que suena a locura pero me relacionaba con más. Todo esto hasta que un día dije: “Esto tiene que parar. Si Dios es el centro de mi vida, entonces tengo que poner todo entorno a Dios”, entonces me di cuenta de que era yo misma quien estaba en el centro de mi vida. Viendo esto le dije a Dios: “Si Tú estás ahí, mi vida tiene que cambiar. Si existes, dímelo personalmente”.

“Entonces empecé a buscar a Dios en serio. Dios me había dejado saber que existió de una forma real y tangible, sin la ayuda de un sacerdote. El paso siguiente fue un retiro espiritual en Spello, en la ermita de Carlo Carretto (Asís). Recé, hice largas meditaciones. Hasta que una tarde, en la plaza de Santa Clara en Asís, contemplando el cielo y la naturaleza, tuve una percepción clara de que Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas. Sentí en el corazón un gozo indescriptible -describe- y me puse a bailar. Esta vez no para conquistar a los hombres, sino para agradecer y alabar. Había encontrado lo que buscaba. Sin embargo, esto no era suficiente. En el camino a casa desde mi retiro, mientras estaba en el tren, seguía lloviendo; no había nada que me hiciese feliz. Salí fuera del habitáculo y de repente sentí la presencia de Dios dentro de mí y empecé a llorar de la felicidad que notaba en mi interior. Estaba muy dolorida”.

“Me sentí tan avergonzada que me fui al servicio del tren y me miré en el espejo. Estaba en estado de shock por lo que vi, ya que hacía mucho que no me miraba en el espejo. Estaba asustada y luchando –es difícil de explicar- en una especie de revolución. Y es así como entendí que Dios realmente existía dentro de mí. San Agustín dijo: ‘Yo estuve buscándote fuera pero Tú estuviste siempre junto a mí en mí’. Había descubierto el tesoro que era Jesús. Yo quería estar unida a Jesús. Esto fue como si yo me enamorase de Cristo”.

Anna quería dedicar más de su vida a Dios y a la Iglesia. En su camino le atrajo el testimonio de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret, una orden fundada por Don Arcangelo Tadino (1846-1912), que fue canonizado por el Papa Juan Pablo II en 1999. La Congregación de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret fue fundada en 1900 en el norte de Italia y hoy cuenta con 200 religiosas. El Instituto trabaja en situaciones de marginación, como la recuperación de ex prostitutas, y se ocupa de los problemas relacionados con la inmigración.


Anna entró en la orden y empezó el periodo de los cinco años de formación. “Cuando decidí consagrarme a Jesús en esos cinco años de formación, Él había hecho un poderoso trabajo en mí. Yo recuerdo que le dije a Dios: ‘Si Tú no sanas mi necesidad de dar y recibir afecto, no voy a ser capaz de seguir adelante para ser consagrada’. Fue bastante parecido a cuando San Francisco le dijo a Dios: ‘Yo amo a Clare y a todas sus hermanas, y a todas las cosas hermosas’. Y el Señor le dijo a San Francisco: ‘No te preocupes. Yo también amo a Clare, a sus hermanas y a todas las cosas hermosas’”.
“Yo busqué entrar en una comunidad que viviese el Evangelio. Vi que las Hermanas Operarias eran muy felices y muy humanas. Ahora trabajo en el mundo y tengo contacto con la gente. Tenemos un trabajo y ganamos un salario”. Ahora el proyecto de la religiosa es vivir el carisma de su Congregación al servicio, incluso a través de trabajos manuales, de los menos afortunados.

“Mi madre está contentísima. Nosotras estamos más unidas, como una familia. Mis hermanos no entienden cómo es posible que viva sin sexo. Ellos dicen también que tiene a Jesús como su ‘cuñado’. Nos reímos y bromeamos pero saben que mi vocación es algo muy importante para mí”. Y a la pregunta de si entre los «menos afortunados» figuran también los que frecuentan las discotecas, su respuesta es que el problema no es tanto de ir o no ir a la discoteca, sino de dejarse envolver en relaciones humanas insatisfactorias. Vayamos a la discoteca, pero con Jesús. Es normal que los jóvenes busquen sensaciones y que éstas se intensifiquen por la noche. Pero a menudo la vida nocturna se vive como una rebelión que lleva a la perversión.

Alguna gente me dice: ‘Eres muy guapa, ¿por qué te haces monja? Yo les digo que Dios mira nuestros corazones y que de todas formas: ‘¡Dios no elige a gente fea!’
La superior de las Monjas Obreras de la Santa Casa de Jerusalén, sor Paula, afirmo que después de una bella conversión, sor Anna es ahora una monja santa que ama muchísimo al Señor. Además ha creado una escuela que se llama Holy Dance (Danza Sacra) por la que ayuda a los niños a hacer la catequesis a través de la danza.



2/10/09

Nos vemos en misa

Algunos no son hábiles para pensar, pero todos
lo son para amar
Santa Teresa de Jesús


¿Qué tal va esa recta final del verano? Esperamos que estos meses hayan sido provechosos. Si lo han sido, es el momento para que sigas en la línea esforzándote por aprovechar a tope las últimas semanas. ¿Y si no? Que no cunda el pánico señoras y señores, es normal que uno sienta muchas veces que ha perdido el tiempo, que no ha hecho ni la mitad de los planes y proyectos. Bueno, no te torres por lo perdido y ¡céntrate en lo que queda! Aún tienes tiempo para hacer miles de cosas. No te agobies y tómate en serio los últimos días. Aquí un servidor se ha hecho una lista con los planes pendientes para el último suspiro del verano. Hay que salir del verano por la puerta grande.

¿Y qué mejor proyecto que cuidar mejor la Misa? Hoy vamos a repasar un poco, de una manera práctica, qué significa la Misa para nosotros, damas y caballeros de este nuestro siglo XXI recién comenzado.

¿Qué es eso de la Misa? La Misa es la actualización del sacrificio de Jesús en la Cruz. “¿Lo qué?” Cristo en la Cruz entregó su Cuerpo y Sangre por toda la humanidad, por ti en concreto. Pero Él quería no quedarse sólo ahí, sino además hacer esa entrega todos los días de tu vida. Y todos los días, en la Misa, Jesús vuelve a hacerse presente, bajo las formas de pan y vino, y te entrega su Cuerpo y Sangre para poder estar contigo. Para abrazarte, curarte, quedarse contigo. Él nos prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y con la Misa viene a estar contigo de una manera palpable y más íntima que puedas imaginar.

El pan y el vino no es más que eso. Pero en la Misa, en el momento de la Consagración (cuando nos arrodillamos), Dios a través del sacerdote convierte ese pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo. NO, NO, NO, NO, NO, no es una representación o un teatrillo de la Última Cena, no es un acto de caridad sin más, no es ningún truco de magia. El mismo Cristo Jesús, el Salvador de tu vida, el Rey del Universo, el mismo Dios que creó el mundo, que te soñó y que día tras día vela por ti y te ama con locura, se entrega en el Altar y viene para estar contigo, para que le recibas en el fondo de tu corazón. Ese “trozo de pan” es ahora DIOS.

Voy a contarte un par de ejemplos para que veas la verdadera presencia del Señor bajo las formas de pan y vino. Hace algún tiempo, en un lugar en guerra, unos soldados entraron en una iglesia y, encañonando al sacerdote le obligaron a abrir el Sagrario, donde estaba la Hostia Consagrada, el mismo Dios. Uno de ellos, cogiendo la Sagrada Forma (otra forma de llamarlo), dijo altanero “¿y tratáis a esto como si fuera Dios?” la tiró al suelo y con el tacón de la bota la restregó. Al apartar el pie, descubrieron que en torno a la Hostia había un charco de sangre. De la Hostia había surgido sangre. Era la sangre de Jesús. Fue un milagro que permitió Dios para que aquellos soldados le encontrasen a Él bajo la forma del pan.

Otro ejemplo famoso es el de un sacerdote que atravesaba un momento difícil en su vida. Llevaba un tiempo con dudas de fe, planteándose seriamente dejarlo todo. Abandonar. Le pedía a Dios ayuda, una prueba de su existencia, de que seguía estando con Él. Un día, celebrando Misa, justo en el momento de la Consagración, al alzar el Cuerpo de Cristo al cielo, comenzó a brotar sangre de la Hostia. Tal cual. Otro milagro de Dios, que está empeñado en que creamos en su presencia efectiva y real en la Eucaristía.

¿Y nosotros ante todo esto cómo respondemos? Sí, somos un poco cutres. Tampoco nos vamos a engañar a esta altura de la película. Se nos ocurren miles de cosas que hacer antes que ir a Misa. A veces parece que le hacemos un favor a Dios y al señor cura correspondiente si aparecemos por allí. Ja! Qué bien nos engaña el Demonio. Y una vez allí, además, estamos más pendiente del vestido de nosequién o de la alineación que sacará el Madrid el próximo domingo, que del mismo Dios presente.

En nuestra miseria, ¿qué podemos hacer? Dios a través de la Iglesia nos pide que acudamos a Misa todos los domingos y fiestas de guardar. Qué mínimo que dedicarle al Señor de las cosas que viene a verte un rato del domingo. Esa es la primera lucha. Asegura la Misa del domingo y de las fiestas (el cura avisa cuándo, tranqui). Detalles importantes: intenta estar un poco antes, 5 minutos, para meditar y hablar con el Señor sobre lo que va a ocurrir, para preparar tu comunión. Luego en Misa trata de estar lo más atento posible. Es normal que a veces te distraigas, pero recupera la concentración, y recuerda que igual que estarías atento en una audiencia con el rey o con un deportista famoso, qué menos con el mismo Dios. Comulga siempre en gracia de Dios (esto es; sin conciencia de pecado mortal), si no estás en gracia confiésate y la próxima vez puedes comulgar sin problemas. Si ese día no puedes comulgar, puedes pedirle al Señor, con una comunión de deseo, que te dé gracia y fuerza para poder hacerlo pronto. Y Él siempre ayuda. Y respeta la hora de ayuno que recomienda la Iglesia antes de comulgar (¡¡nada de comulgar con un chicle en la boca que es Dios, tronco!!).

La Misa cambia a la gente. La acerca a Dios de una manera incomparable. Es convertirse en un Sagrario del Señor. Dios habita en ti, y tú en Él. Jesús hace morada dentro de ti. Se queda contigo para acompañarte allá donde vayas. No lo olvides. Dicen que santa Teresa se sonreía por dentro cuando la gente decía que ojalá hubiesen nacido en tiempos de Jesús para verle y estar con Él: ¿no iban a Misa? ¿Cuál era la diferencia? Es el mismo Dios que multiplicó los panes y los peces o se transfiguró en el Monte Tabor. Haz tú también de la Misa un encuentro vivo con el Señor; háblale, pídele por tu gente, ámale todo lo que puedas. Pero ante todo, nunca desistas, nunca le abandones…Él no lo va a hacer.

Una oración entre manos

La medida del amor es amar sin medida San Agustín



Ohhh, hace calor, sí. Agosto es terrible, de eso no cabe duda. Pero bueno, tampoco vamos a quedarnos como lagartijas al sol. Hagamos como si a pesar del calor y los sudores pudiésemos seguir pensando. Además, muchos estaréis ahora en la playita o derivados, lo cual no está nada mal.

Y es que, como ya sabemos todos, el verano no es momento de dejar de rezar. Dios no cierra, no se va a Punta Cana de vacaciones. Estemos como estemos y donde estemos, debemos seguir rezando, debemos seguir muy pegaditos a Dios. Si quieres pasártelo bien estos días hay que acudir al creador de la felicidad. Y con tanto tiempo por delante, este agosto puedes hacer un poco de gimnasio espiritual.

Hoy te proponemos el rezo del Santo Rosario. La palabra Rosario significa ‘Corona de Rosas’. Nuestra Señora ha revelado a mucha gente que cada vez que ellos dicen un Ave María le dan una hermosa rosa y que cada Rosario completo hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, así que el Rosario es la rosa de todas las devociones y por lo tanto es la más importante, se la considera la oración perfecta. Vamos, el Rosario es llenar de piropos a la Virgen, a nuestra Madre. Algunos lo consideran repetitivo, pero es que hasta donde yo sé, a nuestras madres no las parecería repetitivo que cada 3 minutos las dijésemos lo guapas que son.

Pero además, con el Rosario hacemos algo importante; meditar los misterios de gozo, de dolor y de gloria de Jesús y María. Y con Juan Pablo II se crean los luminosos. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros. Nuestra Señora siempre nos otorga lo que pedimos. Ella une su oración a la nuestra. Por lo tanto, ésta es más poderosa, porque María recibe lo que ella pide, Jesús nunca dice no a lo que su madre le pide.

Y no es capricho rezar el Rosario. La propia Virgen, en sus apariciones, nos invita siempre a rezar el Rosario. De hecho, en Fátima dijo: “Rezad el Rosario todos días...Rezad, rezad mucho y ofreced sacrificios por los pecadores...Yo soy Nuestra Señora del Rosario. Solo yo seré capaz de ayudaros. Finalmente mi Inmaculado Corazón triunfará."

Los cristianos debemos rezar el Rosario. ¿Cómo se hace? son 50 avemarías divididas en 5 misterios, 10 cada uno. Los misterios son momentos importantes de la vida de Jesús y María, y sirve para que meditemos rezando a la Virgen esos momentos. Cada día tiene unos misterios asignados. Lo mejor es que te metas en internet y poniendo “Santo Rosario” encontrarás muchas páginas dónde te lo explican todo y te dicen qué misterios son y para qué días, además de las Letanías, que se rezan después de los 5 misterios. O si lo prefieres, en cualquier parroquia preguntas y te dejan una chuleta de Rosario. Fácil. No hay excusa para no hacerlo. Si te parece mucho para empezar, puedes rezar un misterio al día (10 avemarías), y con el tiempo vas viendo cómo lo vas rezando. Sin agobios. Con libertad.

Los beneficios son muchos y reales. Te dejamos con la lista de las 15 promesas que hizo la Virgen a aquellos que rezasen el Rosario.
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno; destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y nos defenderá de las herejías.
4. Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
6. Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
7. Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte, encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia y participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
9. Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
12. Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
13. Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
14. Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesucristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.

Aprendamos a amar

Hay que agotar todos los esfuerzos antes de quejarse
Santa Teresa de Jesús
Es la palabra de moda. Está en todas las canciones de verano, es la temática de la mayoría de poemas. Es lo que más le gusta sentir a uno y lo más grande que puede dar. Esa palabra es amar.

Y el amar se puede aprender. YES, WE CAN!! Para ello os recomendamos hoy este video. Pese a que ponga que dura 47 minutos, es mentira. La entrevista que te recomendamos dura hasta el minuto 25.



Testigos del dolor

El alma no puede vivir sin amar, cuando no ama a Dios se ama desordenadamente a sí misma Santa Catalina de Siena


¿Qué tal va ese verano? Veo que has tomado precauciones para tu piel. Te has echado cremita, cremita para evitar quemarte. Chachi. Ahora bien, ¿le echas a diario crema a tu alma para que no se queme? Sí, como lo oyes. También tenemos que cuidar e hidratar nuestra piel. ¿Y cómo? Abre tu Biblia y sorpréndete. Desde CIRCULAR queremos ayudarte hoy con un testimonio, el de Luis de Moya, sobre la lucha, el dolor y el amor de Dios.AQUÍ LO TIENES:



La llave inglesa de Dios

Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar, te enseña a que hagas cuantopuedes, y a que pidas lo que no puedes San Agustín


¿Cómo llevas el empacho de vacaciones? Entre fichaje y fichaje de Florentino y las victorias de Contador, sería bueno que nos parásemos un domingo más a pensar. Ya, ya sé que es verano y tienes el cerebro en ahorro de energía, pero ya verás cómo lo que te proponemos desde Circular no es para tanto. Sólo requiere hacerte un hueco para hablar con Dios. Unos minutos. Y sabes que te sobran a patadas.

“¿Unos minutitos para qué?” pues ya que estamos de vacaciones, con menos estrés y agobios y más tiempo para pensar en serio, es siempre el momento idóneo para plantearnos cosas profundas de nuestra vida. Es el momento de las grandes decisiones. Por supuesto académicas y de trabajo (decidirse a aprender un idioma, hacer un máster…). También en otros niveles más personales como puede ser decidirse a aprender a cocinar de una vez, que llevas años diciendo que algún día aprenderás…pero eso ya te lo comentamos en otro Circular. Sobre todo, es el momento de plantearse qué hace uno aquí en esta vida.

Realmente hay que pararse a pensar “pero bueno, ¿para qué estoy aquí? ¿Por qué estudio o trabajo en esto? ¿Realmente lo hago porque es lo que debo hacer, o lo hago por pura inercia?”. Es el momento de coger el timón de tu vida y revisar tu norte. Muchas veces no nos damos cuenta y vivimos una vida que no es nuestra, es como si fuera la vida de otro. Tenemos que vivir nuestra vida, conforme a lo que estamos llamados. ¿Todo lo que haces lo has elegido tú, o han sido las circunstancias, el dejarse llevar? ojo, esto no significa que hagas lo que te dé la gana. La mayor parte de las cosas “tocan hacerlas”. Pero es muy distinto elegirlas tú en función de un razonamiento a acabar en algo que uno no sabe bien por qué está ahí. Esto puede ocurrir con lo académico, pero también con lo personal: una situación de vida, unos “amigos”, unas costumbres.

Revisar tu vida. Todo. Que todo lo que hagas sea tuyo, algo en lo que tú te comprometes, aunque sea costoso (como la mayor parte de las cosas que merecen la pena). Y en todo este proceso entra, como no, el que más te conoce, Dios.

Imagínate a un mecánico con su coche recién terminado. Lo ha construido con un propósito, unas formas, un sistema. Nadie mejor que él lo conoce. Se sabe todas las piezas. Y el coche funciona de maravilla. Pero con el paso del tiempo el coche va cogiendo mugre, rallajos, algún golpecito…y el nuevo dueño, que no se empana mucho de cómo funciona el coche le hace…apañitos. Al final hay cosas del coche que dejan de funcionar, tiene dos luces fundidas, la pintura parece más un cuadro surrealista que otra cosa. Si no se revisa, si no se lleva al taller para que el mecánico le eche una “ojeá”, pronto funcionará como el coche de Pedro Picapiedra, y al final servirá para coger polvo y guardar muebles en el maletero olvidado en el garaje. De estar pensado para ser un coche deportivo, pasa a ser un adorno.

Sí, era evidente. El coche nos representa a nosotros y el mecánico a Dios. La próxima vez lo haré más original, lo prometo. Pero, con tu venia, vamos a quedarnos con el ejemplo. Este verano debe ser ese momento donde revisas todo con el mecánico. Deja que Él te aconseje, fíate de Él. Pregúntale. Discute con Él si es necesario. ¡¡¡Pero habla con Él!!! Dale una vuelta a todo. A todos tus aspectos de la vida. Y si el resultado es que cambias poca cosa, será que Dios quería que a todo lo que ya haces le des un sentido más suyo, dejen de ser “tus cosas” para ser “vuestras cosas” (de Dios y tuyas).

Todo esto cuesta. Notarás, posiblemente, que Dios te vuelve a pedir que hagas eso que sabes que lleva pidiéndote tiempo, o te pedirá cosas nuevas. Tienes dos opciones: no escuchar y hacerte el sordo “nada, me quedo con los tapacubos cutres del 83” o, a pesar de lo que cueste, decides fiarte y ponerte unos alerones de “competi”.

Para todo esto la fórmula es bien sencilla, envía un sms con la palabra clave “mecánico” al… no. En realidad es como ya sabes, rezando habitualmente. Cuesta, da pereza, no encuentras un hueco (te engañas con que no te da la vida). Pero es el precio de la felicidad y la libertad, tú verás (jojojo, así dicho es tremendo, pero es como suena). Si no te parece cierto, léete el Circular reciente del testimonio de una joven que se mete a misionera. Nooo, no tienes que acabar siendo misionero. Tranquilo. Ya te dirá Dios qué tiene preparado para ti, para qué te pensó al crearte. ¡Quizás sea el centrocampista que busca Florentino y tú ahí tirado viendo la tele!

Rezar. Es la palabra mágica. Recuerda que hay una frase por ahí que dice “cuando un cristiano se arrodilla tiembla el mundo”. No lo olvides. Confía en el mecánico y deja que te ponga esos altavoces potentes que llevas tiempo deseando.