21/2/10
La Fuerza del ejemplo
Ahora, piensa en tu zona. La más próxima a tu domicilio. Quizás ahí cerca esté tu parroquia. Cada ciudad tiene, en algunos casos, más de una parroquia. Otras sólo una. A esa parroquia le corresponde la labor de llevar a Cristo a todas esa gente. Pero, escucha, se todos los habitantes a los que corresponde una parroquia, sólo el 10 % acude. ¿Por qué? Te lo has preguntado alguna vez. Una ciudad de 20.000 personas y sólo 2.000 o 1.000 acuden a la iglesia. ¿qué pasa con los 19.000 restantes? La razón es sencilla, para acudir al templo hace falta tener fe.
Pues vaya faena, dirás. Es muy difícil que todos ellos tengan fe. De nuevo, te pregunto. ¿Existe algún signo para que una persona pueda ver a Jesús sin fe? La respuesta es sí, de dos formas distintas.
La primera, mediante un milagro físico
Todos somos los cojos del Evangelio. Ese paralítico de las escrituras somos nosotros. Hoy Dios sigue diciendo a mucha gente, Levántate y camina. Será el caso de algún familiar tuyo que se repuso de una enfermedad, la conversión de una amiga tuya, el que tu primo haya seguido estudiando en vez de frecuentar esos ambientes extraños. No lo sé. Los milagros hoy sigue dándose. Otra cosa es que sepamos apreciarlos. Un milagro es que sigas siendo cristiano en medio de una sociedad que te invita a dejarlo. Milagro es celebrar la amistad con unos amigos de cañas. O quizás por cosas inexplicables que nos hayan sucedido o por cosas tan elementales que no valoramos. Tan milagro es que mañana aparezcan siete soles en el cielo cuando despiertes como que vuelva amanecer. La limitación de los milagros es que los tienes que vivirlos tú en primera persona. Si alguien no los vive no le van a decir nada. Es algo muy limitado.
La segunda forma, mediante el mandamiento nuevo
En S. Juan, "Un Mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo es he amado. Así conocerán que sois mis discípulos". Ese es otro signo para creer sin fe, para que el mundo pueda ver a Jesucristo sin creer en Él. Cuando Jesús dijo eso hablo de amar hasta la muerte, hasta dar la vida por nosotros. De los primeros cristianos se solía decir: "mirar cómo se aman". ¿Se puede decir eso mismo de nosotros hoy en día?, ¿de tu parroquia o grupo? Si tu vives este mandamiento, el amor de Jesucristo radia a todo el mundo que esté cerca de ti.
También en el mismo Evangelio se repite esta invitación al amor, "que todos sean uno". Cuando eso lo vean, creerán en Jesucristo.
No sé cuál es tu nivel de implicación en tu parroquia, centro, movimiento o asociación cristiana. Aunque sí te digo de primeras que la fe no se puede vivir en soledad, necesitamos de otra gente con la que renovar fuerzas para seguir luchando. Si tú te entregases con fuerza a echar un cable en tu iglesia, si pusieses el esfuerzo de vivir ese mandamiento nuevo del amor entre los que estén contigo. Si eso fuese así, te aseguró que habrá una renovación en tu ambiente.
¿Cuánta gente que jamás pasará por la iglesia de tu zona?, ¿cuántos vecinos jamás sabrán que allí estaba Dios por ellos? Por eso Jesús dijo esas palabras, porque por ver ese amor entre los tuyos podrán acercarse a Cristo. Eso llevará a que tu grupo, tu parroquia crezca. Pero si la iglesia pierde su misión de llevar a Jesús a los demás... Y si los propios grupos pierden a Jesucristo no se hará nada. ¿Estamos perdiendo el tiempo?
Quizás te entre miedo involucrarte en esta aventura. Recurrimos así al antiguo Papa, Juan Pablo II.”No tengáis miedo a ser santos”. ¿Por qué conformarnos con la mediocridad, con hacer lo mínimo de lo mínimo? Un hijo sabe que su padre no quiere nada malo para él. Vamos a abrirnos esta semana más al Padre. Vamos a buscar cuál es la misión que nos corresponde. Vamos a luchar por sembrar un ambiente cristiano en nuestra diócesis, parroquia o institución. Te animas. Vamos a rejuvenecer la Iglesia.
Finde por la VIDA y los NECESITADOS
Ha sido un fin de semana intenso. El viernes 16 hubo una manifestación para erradicar la pobreza en el mundo bajo el lema: “Rebélate contra la pobreza. Más hechos, menos palabras.”. El sábado 17 se celebró en Madrid, Medellín, Dublín, Santiago de Chile, San José y Varsovia una gran fiesta y manifestación por la vida. Familias con carritos, jóvenes, ancianos gritaron alto el valor de la vida.
Y hoy domingo, la Iglesia católica celebra el día del DOMUND. Acontecimiento que se celebra el penúltimo domingo de octubre y hoy vamos a intentar conocerla un poco más
Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND)
“ Id por todo el mundo a predicad el Evangelio ”
En todos los países del mundo hoy se hace oración por las misiones y por los misioneros que se encargan de llevar la palabra de Dios a los que no lo conocen o a los que lo han olvidado.
¿Por qué se dedica este día a las misiones?
Se tiene un domingo dedicado a las misiones porque todas las personas necesitamos de Dios para poder llegar al cielo. Los misioneros tienen como tarea enseñarnos el Evangelio para poder alcanzar la vida eterna. Su labor es de capital importancia.
Un poco de historia
Los misioneros son personas que van a otros lugares para hablar a los hombres de Jesús, para enseñarles a rezar, para decirles que todos debemos amarnos y ayudarnos los unos a los otros, para anunciarles la buena nueva: que Dios nos ama y quiere que todos los hombres se salven.
En el mundo existen actualmente 983 "territorios de misión" y en ellos trabajan casi 50 mil sacerdotes y 370 mil catequistas, casados o solteros, que trabajan a tiempo completo o parcial.
Todos estos misioneros se han comprometido a anunciar el Evangelio a los 3,500 millones de hombres que todavía no lo conocen y que representan las dos terceras partes de la humanidad.
¿Cuál es su labor?
Atienden leprosarios, hospitales, hogares para huérfanos y ancianos, dispensarios, colegios, universidades. Su labor no es fácil, se les presentan muchas dificultades que tienen que vencer para lograr transmitir la palabra de Dios a los demás. Necesitan de nuestra ayuda espiritual, humana y material.
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada mundial de las Misiones 2009
Oración para el inicio de curso
Tú me llamas, Señor,
y yo tengo miedo a pronunciar el sí.
Me quieres,
y yo trato de escaparme.
Me pides que te permita adueñarte de mí,
y yo pongo resistencia.
Tu gracias me empuja desde dentro
y, entonces, todo me parece fácil.
Pero llegan las dudas,
cuando pienso en todo a lo que debo renunciar.
Señor, dame fuerzas para no negarme.
Sea cual sea mi edad, Señor,
quiero seguirte con la prontitud de Pedro y de Andrés,
de Santiago y Juan,
como los obreros
que fuiste a buscar a la plaza, a todas las horas,
para trabajar en tu campo.
Quiero seguirte, Señor,
aunque tenga miedo de mis posibilidades,
aunque el mundo no comprendo lo que hago.
Quiero seguirte, para realizar la obra
Que Tú has comenzado
Sin buscar más premio que Tú y tu amor, Señor.
AMÉN
Con misericordia eterna te amo
La mirada de Dios
Decía el jesuita Jesús María Granero, “Dios no olvida aquello de lo que no le has pedido perdón; pero no recuerda aquello que te perdonó”. ¿Te es difícil de creer? Mira a la Cruz, vete a tu cuarto o una iglesia y mira un crucifijo. Ese hombre ha sido entregado por ti. Tu alma ha sido comprada a un gran precio: el sacrificio nuevo y eterno de Jesucristo. Ya eres una criatura nueva, no eres propiedad de las tinieblas.
¿Tú te sientes amado con tus pecados?, ¿sabías que Dios, pese a tus errores, está loco por ti?, ¿qué ha podido ver en nosotros –en ti-? Te responde el profeta Isaías (Is 43, 1-4). “No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío. Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti. Porque yo soy Yahveh tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. He puesto por expiación tuya a Egipto, a Kus y Seba en tu lugar dado que eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo”.
Lo has oído bien. TÚ ERES AMADO. Eres precioso a sus ojos. El sentirse amado revoluciona la vida. Lo habrás podido ver en poemas, películas, en tus amigos. Cuando llega el amor, todo se renueva. Pues esa transformación puede llegar a ti hoy, ahora mismo, de la mano de Dios.
Suele decir el refrán que el que la hace la paga. ¿Cuántos platos rompimos tú y yo hasta el día de hoy? Seguro que más de uno… ¿y qué? Dios no sigue esas normas humanas. Él te dice, no cargues más con tus pecados. Déjamelos a mí. Yo pagué por ti, por tus heridas, en la Cruz. Mira esta semana los crucifijos, llévate la Pasión a tu oración y no te centres en ¡ayyyyy, cuánto he pecado! No, sino ¡ayyy, cuánto he sido amado!
Si quieres profundizar más en esta realidad ponte un doble objetivo esta semana:
1. Métete en el Evangelio como un personaje más
2. Pedirle las siguientes gracias:
a. Poder ver mis pecados como Jesús los ve
b. Que sienta dolor por mis faltas pero no con idea de regodearme en ellas
c. Agradece su amor por ti
d. Humildad. No mirar a Dios con soberbia
e. Amor a Jesús, que salga más enamorado
Vale, de acuerdo. Pero ¿qué leo? Desde Circular te recomendamos trabajar el tema de la misericordia de Dios con estos pasajes:
- Mt 5
- Mt 18, 21-35
- Mt 21, 28-32
- Lc 7, 36-50
- Lc 15
- Lc 19, 1-10
- Jn 8, 1-11
- Texto de Tengo sed ti (pincha aquí para tenerlo)
No hace falta que te los lleves todos. Empieza por uno y párate donde sientas que la Escritura te dice algo. Trabaja esa diferencia entre el pecado de Pedro y de Judas. Pedro acepta que Dios le ha perdonado. Es tu turno. Dios perdono tus culpas, olvídate de ellas. Dios no quiere que nos odiemos. Judas tuvo soberbia, creía que no se podía perdonar lo que hizo, que él era lo peor. Pide esta semana el don de perdonarte a ti mismo. Si somos capaces de aceptar nuestras caídas veremos que no son obstáculos para nuestra santidad. Dios todo lo puede.
¿Por qué nos cambian al cura?
Hagamos un poco de historia: Antiguamente, las parroquias y otros puestos eclesiásticos eran ocupados por oposiciones, al estilo de los funcionarios. Se hablaba incluso de parroquias de primera, de segunda o de tercera, según su tamaño a sus ingresos. Los sacerdotes empezaban su ministerio en lo que se llamaba una parroquia “de inicio”, de poca importancia. Con los años, si les convenía, iban opositando a las parroquias de mayor importancia que iban quedando vacantes. En cualquier caso, al ser un oficio ganado en oposición, el párroco no podía ser removida de su parroquia salvo por una causa grave, siendo prácticamente el "dueño" del puesto.
EI Concilio Vaticano II suprimió este sistema de provisión parroquial porque presentaba varios inconvenientes: En primer lugar, era injusto al hacer distinciones de rango entre los fieles de las distintas parroquias, pertenecientes todos al mismo Pueblo de Dios. En segundo lugar, podía dar lugar a un excesivo acomodamiento de los párrocos, que tras pasar toda su vida en un mismo pueblo podían caer (ellos y sus fieles) en una especie de "rutina religiosa". En tercer lugar impedía que el obispo pudiera proveer a las necesidades pastorales de las distintas parroquias
enviándoles al párroco más idóneo para cada caso particular.
Actualmente, por tanto, los sacerdotes son enviados a una u otra parroquia según su idoneidad y según las distintas necesidades de la diócesis, que quedan a la prudente discreción del obispo diocesano, oído el parecer de sus consejeros.
Ciertamente, el derecho canónico procura dotar de estabilidad al oficio del párroco. Sin embargo también prevé su movilidad "cuando el bien de las almas o la necesidad o la utilidad de la Iglesia requieren que un párroco sea trasladado de la parroquia que rige con fruto a otra parroquia o a otro oficio". EI párroco puede alegar sus motivos en contra del traslado. Pero tengamos en cuenta que una de las promesas que los sacerdotes hacen al obispo en su ordenación es la obediencia, por lo que también prevé el derecho que "si a pesar de los motivos alegados, el Obispo estima que debe hacerse el traslado, emitirá el decreta correspondiente, disponiendo que la parroquia
quede vacante al término del plazo que determine".
Hay que decir, por tanto, que el traslado de un párroco no es un castigo ni para el sacerdote ni para sus fieles. Debemos dejar a un lado nuestro "egoísmo" (aunque sea movido par el cariño mutuo) y entender que el bien de la Iglesia, la misión universal que Cristo le encomendó ("Id y haced discípulos por todos los pueblos'') requieren de la disponibilidad y movilidad de sus ministros, que no pueden estar "atados" a un lugar concreto.
Algunas actuaciones imprudentes que tristemente se están poniendo de moda entre algunos fieles con un sentido deformado de la democracia (manifestaciones, recogida de firmas, quejas contra el obispo en los medias de comunicación) no sirven sino para dar una pésima imagen de la Iglesia, mostrando muchas veces a los obispos
como déspotas que utilizan a los sacerdotes y a las parroquias a su capricho, cuando lo único que les mueve a actuar es el bien de las almas, que es la primera ley de la Iglesia. Este tipo de actuaciones no dejan de ser un arma puesta en manos de los que atacan a la iglesia, y un escándalo para los más débiles en la fe. Además, son un flaco favor para el sacerdote que lleno de ilusión viene a hacerse cargo de su nueva parroquia. No olvidemos que el sacerdote al que con tanta pena despedimos, también fue en algún momento "el cura nuevo".
Extraído de la Revista Diocesana de Cuenca “Iglesia Diocesana”
En medio del mundo
Pero Dios no llama solamente a la vida consagrada. Hoy en día existen vocaciones divinas y caminos cristianos en medio del mundo a los cuales Dios también llama. La vocación es un don de Dios que llama y el hombre, que responde con generosidad. Por eso se dice que la vocación es personal y que Dios llama a cada uno a la vida que sabe que es la que más le gusta, en la que más feliz va a ser. Pongamos un ejemplo para que se entienda.
El año pasado el F. C. Barcelona dejó atónitos a todos los seguidores del fútbol logrando un triplete histórico. Todos parecen coincidir en que gran parte de ese éxito se debe a la labor del entrenador, Pep Guardiola, que supo sacar de cada jugador lo mejor. Guardiola ponía a cada uno en su sitio, le pedía lo máximo que podía dar en su puesto y conforme a sus capacidades. Si se le hubiera ocurrido poner a un defensa como Puyol de delantero y llevar de central a Eto´o, otro gallo hubiera cantado. Cada uno era imprescindible, eso sí, en su sitio.
Dios hace igual con los cristianos, poniendo a cada uno en su lugar, pidiéndole lo máximo ahí, para hacer rendir sus talentos. A veces nos podemos admirar de la vocación de un amigo o de una amiga porque se ha apartado del mundo para dedicarse a la contemplación. Esa es su vocación y ahí es donde va a ser más feliz. Pero no tienen porqué ser esos los planes que Dios tiene pensados para nosotros. Dios nos puede pedir que seamos santos en medio del mundo, con nuestro trabajo, sin hacernos religiosos o sacerdotes, porque ahí no íbamos a ser felices. Si es así, nuestra entrega no es menor que la de los que han hecho votos o se han ordenado, sino diferente.
Una vez leí la historia de un amigo de Juan Pablo II en la universidad, que el mismo Papa ponía de ejemplo. Era un chico joven, estudiante de buenas notas y católico. Descubrió que su manera de servir a Dios no era en un monasterio o como sacerdote, sino en el matrimonio. Desde entonces, le pedía a Dios que le mostrara a la esposa que Él le había preparado, a la vez que intensificaba su vida de piedad para prepararse para el matrimonio. Hoy, está abierto su proceso de Beatificación.
No podemos pensar que, como Dios no me llama a la vida consagrada, mi entrega y mi generosidad son menores. No, sino que Dios puede tener pensados otros planes que debo de descubrir en mi oración personal y con una vida cristiana exigente. Sólo así, descubriremos, cuando Dios tenga pensado decírnoslo, nuestro camino. Pero si hacemos de nuestra vida de piedad algo aguado, si dejamos entrar la comodidad, entonces estamos cerrando las puertas a lo que Dios nos pida, que es sin duda, el lugar donde más felices vamos a ser. Sería engañarnos el pensar que la vida cristiana “de a pié” supone una menor entrega, que entramos por la puerta de atrás del cielo o que sólo es para los que se han comprometido en una institución.
¿Qué quiero decir con todo esto? Pues es sencillo, que no hace falta que todos seamos religiosos, ni sacerdotes. Lógicamente, hacen falta muchos religiosos y sacerdotes buenos y santos, pero es posible que, a la mayoría, Dios le llame a servirle con su trabajo, con su familia, entre sus amigos y colegas. Para algunos en una institución, congregación o movimiento de laicos, y para otros sin tener que pertenecer a nada en especial. Eso sólo Dios lo sabe. Eso sí, hay que esforzarse por alcanzar ahí la santidad, con una exigencia igual para todos, que es la exigencia del Evangelio, de la santidad. Descubrir la propia vocación, allí donde nos llama Dios, y decidirse a vivirla plenamente, pues la santidad es una cosa para todos y de la decisión de ser santos, tú y yo, dependen muchas cosas importantes para la Iglesia.
Colaborador de grupocircular
De gogó a monja por la gracia de Dios
Esta es su historia.
La conversión de Anna a Cristo fue tan radical como hermosa. Ella es actualmente religiosa en las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret.
Anna creció en Milán. Junto a sus dos hermanos menores tubo dificultades y turbulencias en su infancia. Sus padres se peleaban mucho y la vida familiar era a menudo muy tensa. Reconoce las fuertes palabras que se intercambiaban sus padres. A la vez, ella recibió la primera comunión y, más tarde, la confirmación. Sin embargo, poco tiempo después dejó de ir completamente por la Iglesia. Cuando tenía 13 años, sus padres se separaron finalmente.
Para mantener a su madre (con sólo 13 años), Anna tuvo que trabajar en un bar por las noches, dejando así de ir al colegio a sus 15 años. Toda su familia vivía en una pequeña habitación. “Yo no era consciente de la presencia de Dios durante todo este tiempo –comenta ella-. Dios me parecía estar muy lejos. Yo tenía un novio, pero nuestra relación estaba basada solamente en sexo. Nos usábamos el uno al otro. Ahora sé que yo en ese momento estaba buscando amor. Sufría fuerte bajones de autoestima y no creía que podía ser amada o que valiese para algo”.
“Comencé a frecuentar las discotecas a los 19 años y continué hasta los 21. Fueron tres años muy intensos durante los cuales perdí totalmente la cabeza. Iba todas las noches y me quedaba hasta las ocho de la mañana – recuerda- . Sólo había una cosa que le divertía y se le daba bien, bailar. Anna tiene un ritmo natural y es muy atlética y ágil. Fue a una escuela de danza donde aprendió funk, punk y modern jazz. No sabía realmente que hacer con su vida, por aquel entonces decía: “Empecé siendo una bailarina profesional e hice un pequeño trabajo en televisión pero los fines de semana bailaba en los cubes”
Un cube es una especie de caja elevada dentro de las discotecas donde ella debería de bailar provocativamente para atraer a los chicos, para que así entrasen al local. Desde medianoche hasta las 4 de la madrugada se exhibía en una discoteca, y desde las 4 hasta las 8 iba a bailar a otra. Viajaba incluso fuera de Milán; por ejemplo, a Amsterdam, donde se quedaba cuatro o cinco días. “Exploté mi sexualidad ante muchos chicos jóvenes”. Ella llegó a ser toda una conquista para ellos, su actitud era básicamente: “Vaya pivón. Yo tengo que pillar a esa chavala y llevármela a la cama”. Ella trataba de llenar su terrible vació interior. Nunca llegó a ser drogadicta o amante de la bebida. Para ella su droga era la música, el baile y el sexo.
¿Dónde empezó el viaje de vuelta a Dios?
Todo empezó gracias a su madre. La madre de Ann había tenido una fuerte experiencia de conversión y de encuentro con el Señor. Hasta entonces ella había sido indiferente hacia Dios y mientras Ann estaba creciendo nunca fue a la Iglesia. En cambio, después de su conversión iba a la Iglesia todas las tardes.
Ann recuerda que en cierta ocasión, cuando estaba a punto de irse al club nocturno, su madre llegó y le dijo señalando un salmo: “Anna, mira lo maravillosa que es la Biblia. ¿Por qué no te vienes a misa conmigo?”. Anna reconoce que fue una situación muy violenta y que gritó a su madre diciendo que las misas son para gente vieja, que no quería ir. En ese momento se encontraba en el momento álgido de su carrera como bailarina. Iba a irse a Amterdam durante cinco o seis semanas. “Para ser honesta, yo estaba buscando un hombre. Alguien que pudiese amarse y que me amase. Cuanto más buscaba, cuanto más me metía en las relaciones sexuales, más vacía me sentía por dentro. El mundo me estaba alumbrando y dándome posibilidades pero siempre volvía el vacío, la confusión y la frustración. Era como si el mundo me estuviese diciendo: “Ven y te daré lo que estás buscando”. Pero cuando buscaba aquel lugar todo era una ilusión. Nunca encontré lo que estaba buscando y mi insatisfacción crecía todavía más. No satisfacía ni me daba amor. Sentía que usaba a la gente y ellos me usaban a mí.
Una Noche Buena por no sé qué razón fui a la Iglesia y me encontré a mí misma llorando durante la misa. Cada vez que entraba en la Iglesia me sentía envuelta por una presencia que no entendía. Veía a los jóvenes, que se querían de manera muy sencilla y estaban serenos. Un mundo auténtico, no falso como el que yo frecuentaba. Un domingo, el sacerdote en su homilía empezó a repetir “Dios te ama”. Yo estaba muy conmovida. Sentí que Dios me lo estaba diciendo personalmente a mí. Durante cinco meses estuve yendo a esa iglesia para estar allí y llorar. La parroquia era maravillosa, ellos no me juzgaban. Simplemente me querían. “Después de 8 meses yo sentí que tenía dos vidas: cuando iba al discoteca por la noche y cuando acudía a la parroquia durante el día”.
Durante ese tiempo las cosas empeoraron con los hombres. Sé que suena a locura pero me relacionaba con más. Todo esto hasta que un día dije: “Esto tiene que parar. Si Dios es el centro de mi vida, entonces tengo que poner todo entorno a Dios”, entonces me di cuenta de que era yo misma quien estaba en el centro de mi vida. Viendo esto le dije a Dios: “Si Tú estás ahí, mi vida tiene que cambiar. Si existes, dímelo personalmente”.
“Entonces empecé a buscar a Dios en serio. Dios me había dejado saber que existió de una forma real y tangible, sin la ayuda de un sacerdote. El paso siguiente fue un retiro espiritual en Spello, en la ermita de Carlo Carretto (Asís). Recé, hice largas meditaciones. Hasta que una tarde, en la plaza de Santa Clara en Asís, contemplando el cielo y la naturaleza, tuve una percepción clara de que Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas. Sentí en el corazón un gozo indescriptible -describe- y me puse a bailar. Esta vez no para conquistar a los hombres, sino para agradecer y alabar. Había encontrado lo que buscaba. Sin embargo, esto no era suficiente. En el camino a casa desde mi retiro, mientras estaba en el tren, seguía lloviendo; no había nada que me hiciese feliz. Salí fuera del habitáculo y de repente sentí la presencia de Dios dentro de mí y empecé a llorar de la felicidad que notaba en mi interior. Estaba muy dolorida”.
“Me sentí tan avergonzada que me fui al servicio del tren y me miré en el espejo. Estaba en estado de shock por lo que vi, ya que hacía mucho que no me miraba en el espejo. Estaba asustada y luchando –es difícil de explicar- en una especie de revolución. Y es así como entendí que Dios realmente existía dentro de mí. San Agustín dijo: ‘Yo estuve buscándote fuera pero Tú estuviste siempre junto a mí en mí’. Había descubierto el tesoro que era Jesús. Yo quería estar unida a Jesús. Esto fue como si yo me enamorase de Cristo”.
Anna quería dedicar más de su vida a Dios y a la Iglesia. En su camino le atrajo el testimonio de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret, una orden fundada por Don Arcangelo Tadino (1846-1912), que fue canonizado por el Papa Juan Pablo II en 1999. La Congregación de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret fue fundada en 1900 en el norte de Italia y hoy cuenta con 200 religiosas. El Instituto trabaja en situaciones de marginación, como la recuperación de ex prostitutas, y se ocupa de los problemas relacionados con la inmigración. “Yo busqué entrar en una comunidad que viviese el Evangelio. Vi que las Hermanas Operarias eran muy felices y muy humanas. Ahora trabajo en el mundo y tengo contacto con la gente. Tenemos un trabajo y ganamos un salario”. Ahora el proyecto de la religiosa es vivir el carisma de su Congregación al servicio, incluso a través de trabajos manuales, de los menos afortunados.
“Mi madre está contentísima. Nosotras estamos más unidas, como una familia. Mis hermanos no entienden cómo es posible que viva sin sexo. Ellos dicen también que tiene a Jesús como su ‘cuñado’. Nos reímos y bromeamos pero saben que mi vocación es algo muy importante para mí”. Y a la pregunta de si entre los «menos afortunados» figuran también los que frecuentan las discotecas, su respuesta es que el problema no es tanto de ir o no ir a la discoteca, sino de dejarse envolver en relaciones humanas insatisfactorias. Vayamos a la discoteca, pero con Jesús. Es normal que los jóvenes busquen sensaciones y que éstas se intensifiquen por la noche. Pero a menudo la vida nocturna se vive como una rebelión que lleva a la perversión.
Alguna gente me dice: ‘Eres muy guapa, ¿por qué te haces monja? Yo les digo que Dios mira nuestros corazones y que de todas formas: ‘¡Dios no elige a gente fea!’
La superior de las Monjas Obreras de la Santa Casa de Jerusalén, sor Paula, afirmo que después de una bella conversión, sor Anna es ahora una monja santa que ama muchísimo al Señor. Además ha creado una
escuela que se llama Holy Dance (Danza Sacra) por la que ayuda a los niños a hacer la catequesis a través de la danza.
