Supliquemos a María que haga nuestro corazón "manso y humilde" como modeló el corazón de su Hijo. Pues por medio de ella y en ella fue como se forjó el corazón de Jesús
Beata Madre Teresa de Calcuta
9/2/09
¿Y por qué no?
1/10/08
¿Me perdonas? xfa... (2)
Entréguense eternamente a Jesús… y Él se servirá de ustedes para hacer grandes cosas, a fin de que crean mucho más en su amor que en su debilidad. Crean en Él… confíen en Él con una fe ciega y absoluta, seguros de que Él es el Señor. Convénzanse de que únicamente Jesús es el secreto de la vida y que la santidad no es otra cosa que el propio Jesús que vive en su interior por su gracia.
Beata Madre Teresa de Calcuta
Este CIRCULAR no es muy extenso
porque creemos que el video de hoy habla por sí solo
La necesidad de perdón de nuestros pecados
Así es. Todos tenemos cosas buenas, nadie lo duda. Pero al mismo tiempo no podemos negar –si queremos ser sinceros- la presencia del mal en nuestra vida. Somos seres limitados, tenemos una cierta inclinación al mal y también tenemos nuestros defectos; y como consecuencia de todo esto nos equivocamos, cometemos errores y pecados. Esto es evidente y Dios lo sabe. ¿Y qué pasa? Por qué nos hacemos tanto lío en la cabeza si tenemos a un pedazo de Padre –cuyo representante es el sacerdote- esperándonos en todos los confesionarios de la tierra. Y, hay que añadir, que nos espera con los brazos abiertos y con unas ganas inmensas de perdonar y olvidar. Pero, para que eso pueda ser, tenemos que reconocer que somos pecadores.
San Juan dice que "si decimos que no tenemos pecados, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros". (1 Jn 1, 9-10)
24/9/08
¿Me perdonas? (1)
La confesión fortalece el alma, pues una confesión realmente bien hecha –la confesión de un hijo que reconoce su pecado y retorna al Padre- produce siempre humildad y humildad es fuerza
Beata Madre Teresa de Calcuta
Me cuesta mucho. Me cuesta bastante… No sé si a ti también te ha pasado. Ayer me peleé con un amigo, mi mejor amigo. Como suele suceder en estos casos, fue por una tontería… que si tú dijiste que… que si yo te entendí que…
Que mal se pasa cuando no estás bien con alguien a quien quieres. Después de tirarle un par de puñaladas, llegas a casa y qué te queda. A mí personalmente no me quedaba nada, y sabes por qué… porque estaba lleno de mí mismo. Estaba tan lleno de mí que no había espacio para pensar en otro. Había echado a las buenas amistades porque el amor y el egoísmo no pueden ser compañeros de viaje. Estaba tan obcecado en que si él tal y cual, que me había olvidado que yo también soy un ser humano y que fallo tanto como los demás. De hecho me di cuenta de que si en mis amistades –mis relaciones personales, mi relación con mis padres, mi noviazgo…- hay problemas, es porque yo estoy en ellos. Si hay problemas es porque soy humano –somos humanos- y no somos perfectos. En cuanto abrí mi corazón, y me saqué de la prisión de mi ego, la paz volvió a mí y vi que, antes de nada, lo primero que tenía que hacer era hablar con mi amigo y arreglarlo todo. Ahora volvemos a ser los mejores colegas e intentamos comprender que como humanos todos tenemos defectos y que, por encima de ellos, está la persona, está nuestra amistad.
Es gracioso, a veces cuando pensamos en nuestra relación con Dios nos hacemos laberintos mentales… que si he hecho mal esto, que si me da vergüenza confesarme de esto otro, que si… que si… ¿y es que acaso Dios y yo no somos amigos?, ¿y es que acaso tú y Él no sois amigos?
Cuantas veces me lío la cabeza por retrasar la confesión, cuantísimas veces muchos problemas se me solucionarían con acudir al sacramento de la reconciliación, cuantisísimo tiempo pierdo amargándome por cosas que si viese en presencia de Dios vería que no son para tanto. Y ¿sabes porque? Porque estamos hablando de amor. Cuando uno quiere a un amigo no cuenta los favores que le hace, cuando hay amistad no se guardan los enfados en un termo –bien calentitos- para que, en cuanto surja otro mosqueo, pueda echarle mil cosas en cara… No. Mi Dios es un Dios de Amor. No es un Dios del rencor, no es el de la venganza, es el del perdón.
Muchas veces me pasa –seguro que a ti también- que cuando metemos la pata, y hasta el fondo, se nos hunde el mundo. Pensamos que ya no hay salida, que somos un desastre y que no hay solución.
Juan Pablo II nos dijo: "Nadie es capaz de lograr que lo pasado no haya ocurrido; ni el mejor de los psicólogos puede liberar a la persona del peso del pasado. Sólo lo puede lograr Dios, quien, con su amor creador, marca en nosotros un nuevo comienzo. Esto es lo grande del sacramento del perdón: que nos colocamos cara a cara ante Dios, y cada uno es escuchado personalmente para ser renovado por Él"
+¿Cuánto tiempo hace desde la última vez que dejé que Cristo me renovase?, ¿ha pasado mucho desde mi última confesión?, ¿por qué razón?, ¿pereza, vergüenza, no creer que era importante, te ves demasiado minúsculo por lo que has hecho?+
Tranquila/o, Dios siempre nos dice: "Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie en el mundo que me interese más que tú". Nunca tenemos que dudar del deseo infinito de Dios de perdonarnos, nunca debemos dudar de su misericordia. Él siempre quiere bendecirnos y vivir en nosotros, en nuestra alma en gracia.
¿Tú dudas de tu mejor amigo/a?, ¿dudas de su confianza, de su compresión, de su acogida, de vuestra amistad? Con Dios jamás nos pasará eso, jamás nos cerrará la puerta en nuestras narices. Él tiene sed de ti, recuérdalo siempre. Sed de que le ames, de que le hables, de que le preguntes, de compartir la vida… Es tan bueno que nos dice que cuando acudimos a Él en el sacramento de la confesión, NO nos condena… es más, nos dice "Hijo/a mío/a, cuando me das tus pecados me das la alegría de ser tu salvador". No temas si vuelves a fallarle, pero sobretodo no te alejes de Él cuando caigas.
"Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación" Rm 5, 8-12
No cierres la puerta a Dios, no le cierres la puerta a su perdón. No te alejes de la confesión, de la reconciliación. Es lógico que te cueste, todo lo bueno cuesta. Pero, al igual que todo lo bueno, siempre merece la pena. Ya lo verás…
23/9/08
Las apariencias engañan, Dios no. Descúbrelo.
Donde fallan nuestras fuerzas, llega el poder de Dios
San Josemaría
Advertencia: el siguiente CIRCULAR está lleno de piedras. Se lo decimos por si le cae alguna.
Si esto sucediera, DISCÚLPENOS, es completamente a propósito. XD
Actualmente, seguro que no has dejado de ver a gente -también se ha visto en ti y en mi- muy pendiente de su aspecto.
¿Cómo tendré el pelo?,
¿Se me habrá corrido la sombra de ojos?,
¿Voy bien conjuntad@?
¡Tengo que echarme vaselina en los labios! Los tengo súper resecos,
Aaah, no puede ser. He quedado en 5 minutos y no encuentro la gomina
Nada de esto es malo. Hay que cuidar el cuerpo y el aspecto. Desafortunadamente, la cultura de la imagen está haciendo que el ser humano se centre en lo exterior y se olvide de su interior. Muchísimos chavales van por el gimnasio o hacen algún deporte, pero… ¿cuántos de ellos se ejercitan en su vida interior?, ¿cuántos hacen pesas para ganar músculo en las virtudes humanas? Y las chicas, ¡qué lindas se ponen cuando van de cena o quedan con el chico que les mola!... pero ¿cuántas de ellas se arreglan de cara a Dios?, ¿cuántas de ellas se preocupan por estar bien por dentro?
Este es el reto del futuro. Hoy en día las altas marcas han hecho grandes negocios y han conseguido que las personas se midan entre ellas por las marcas que llevan. Cada uno etiqueta a su prójimo en función de su vestimenta, de su aspecto, de sus gustos... Buscan impresionar poniéndose el pelo de moda o la camiseta del momento… qué pena que en algunos todo se reduzca a apariencias. En este día quiero que te alegres porque te voy a presentar a alguien al que no tendrás que impresionar para que se fije en ti. Él te quiso antes de que tú nacieras, de hecho naciste porque Él te pensó. Alguien que te quiere por ir vestido de ti mismo, con tus grandezas y tus defectos. Es más, no necesitas cambiar para que Él te quiera pero tú sabes que tu confianza en su Amor hará que cambies y mejores, y luches por ser más generoso con los demás. Ante Él no hace falta aparentar o disimular. Su nombre: Cristo.
Discúlpame pero no te hace falta una moda para conocer tu identidad. Vístete de sincero, ya verás cómo no te quedará tan mal. Llevarás a la medida tu autenticidad. Vístete de ti mismo, es la mejor ropa que te puedes poner, se arruga pero no pasa de moda.
Vístete de ti mismo. Pobre de la gente que depende de los trapos que se pone o de los que no –depende en qué trabaje- para sentirse bien. Antes, en la época de nuestros padres, había otras modas. Los padres iban con pantalones de campana y las mamás con peinados de rascacielos en la cabeza. A día de hoy ha cambiado y cuando se mira, por ejemplo, el pantalón de las chicas uno se pregunta, en buen plan: ¿cómo se metió ahí? Y aún más, ¿cómo se va a salir de ahí? En el otro lado, los chicos con esos pantalones que uno dice sufriendo: ¡Ay Dios mío!, ¡Qué se le cae, se la va a caer!, ¡habrá que ayudarle para que no tropiece! Son modas, igual que vienen se irán. Tú vístete de ti mismo. Te lo dejamos de tarea porque la persona que se viste de sí misma, a donde quiera que vaya, va de gala.
Otra gente sólo mira el bolsillo. Pero que a ti no te pase. Tú no tienes que necesitar el dinero para saber quién eres o quiénes son los demás. No olvides nunca que rico no es el que tiene más, sino el que menos necesita. Sin embargo hay gente que se apega al dinero, a su moto, a su chaqueta nueva… pero tú lucha y pídele a Dios que seas una persona desprendida, que sepa entregar tu tiempo y tus bienes a tus amigos y a causas nobles, que seas generoso y que vivas para los demás.
Como estarás comprobando estamos hablando constantemente del mandamiento nuevo que Jesús nos dejó: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. ¡Acertaste! No hace falta un permiso para ponerse a amar. Entrégate a los demás como Dios se ha entregado a los hombres. Sin medidas, sin calcular y sin esperar. La sociedad actual niega este principio. A todo ponen condiciones, para ellos nadie es libre si quiere amar. No te comprometas, no dejan de repetirnos. Pero tú date cuenta que todos esos cuentos que repiten no son más que vanidad. Sólo sirve para quedarse sentado y mirarse continuamente el ombligo (yo, yo y después yo).
A los chicos que conocen a Dios no les hace una prueba de "virilidad". Él tiempo les ha enseñado que un hombre es aquel que se conquista y que sabe ser fiel. El mundo de hoy parece que uno tiene que tener pareja cuanto antes y al precio que sea, o que el noviazgo se puede vivir de cualquier manera. A esto, D. Bosco decía: No le pidas ni le reclames a Dios una mujer hasta que no le demuestres a Dios que ya eres un hombre. Ahora todo son prisas, parece que es requisito para así poder poner el nombre de la pareja en el Nick de Messenger. Pero el noviazgo y el matrimonio son tan importantes que uno necesita preparación y formación. Conquístate a ti mismo, se dueño de ti mismo porque será eso lo que luego entregues a tu pareja. Si no te posees a ti mismo ¿qué le vas a dar? No se puede dar lo que no se posee. Si ahora nos centramos en el lado de las chicas, Dios las dice que se amen, que se respeten, que sean dignas consigo misma. Dice la Escritura que la mujer es más frágil que el hombre. Ojo, más frágil no más débil. Porque frágil es sinónimo de vital, de importante, de único, de valioso. Tanto es así que el Todopoderoso necesito de la fragilidad de la Virgen María para traer a su Hijo al mundo. Recuérdalo: ámate, respétate. La mujer que se sabe amar va a encontrar a un hombre, la que no sabe o no lo intenta que no se queje, le toca un "macho". Lo más triste es que es por pedido, ella misma lo pidió al no cuidarse.
Mete a Dios en tu corazón. Eso exige y cuesta, pero verás cambios inigualables en tu vida. Dejarás a un lado tus pequeñeces para no dejar de pensar en tus amigos, en tu familia, en la gente que te rodea… Dejarás de hablar de fronteras y divisiones. Verás que eres un ciudadano del mundo con la responsabilidad de cuidar a los demás. Comprobarás que eres muy pequeñito, pero no te alterarás pues sabrás que Dios está a tu lado y que Él demuestra su grandeza en tu fragilidad. Que quede bien claro: sé tú mismo, sé tú misma. Ama a tu prójimo como a ti, no en vez de a ti. Dios lo único que te pide es lucha y sinceridad. Quizás a mucha gente de tu entorno cuando des ese paso hacia Dios le disgustará tu decisión porque te verán que de verdad crees lo que lees en tu Biblia, que quieres actuar en consecuencia. Es posible que te digan: antes cuando eras hipócrita eras más "molón". Si es amig@ de verdad tendrá que aceptar el cambio.
Recuerda: la moda es lo único que pasa de moda. En el cristianismo unas veces seremos más y otras menos. Hay que saber siempre que Dios no pasará. Él no es una moda, es lo que colma el corazón y la sed del hombre. Él otorga el sentido de nuestra existencia. Aquí te dejamos el órdago, ahora te toca a ti aceptarlo o no.
Adaptación de CIRCULAR de "Discúlpeme pero no" de
Martín Valverde, en homenaje a su labor y por su visita a España
21/8/08
Oración del Papa en la Zona Cero
Qué hermoso son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: <>
Is 52, 7
No es muy largo: merece la pena
El Santo Padre pronunció una oración a las nueve de la mañana; la misma hora del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001
"Oh Dios del amor, la compasión y la sanación, míranos, personas de muchas creencias y tradiciones diferentes, que nos reunimos hoy en este lugar, escenario de increíble violencia y dolor."
"Te pedimos que en tu bondad des luz y paz eterna a todos los que murieron aquí, los héroes que fueron los primeros en responder: nuestros bomberos, oficiales de la policía, trabajadores de los servicios de emergencia, personal de la Autoridad Portuaria, junto con todos los hombres y mujeres inocentes que fueron víctimas de esta tragedia simplemente porque su trabajo o servicio los trajo aquí el 11 de septiembre del 2001."
"Te pedimos, por tu compasión, que lleves sanación a aquellos que, debido a su presencia aquí ese día, sufren de heridas y enfermedades."
"Sana, también, el dolor de las familias que aún sufren y de todos los que perdieron a seres queridos en esta tragedia. Dales fortaleza para continuar sus vidas con coraje y esperanza. Somos conscientes, también, de todos aquellos que sufrieron la muerte, heridas y pérdidas el mismo día en el Pentágono y en Shanksville, Pensilvania."
"Nuestros corazones son uno con los de ellos, en tanto nuestra oración abraza su dolor y sufrimiento. Dios de paz, concede tu paz a nuestro mundo violento: paz en los corazones de todos los hombres y mujeres y paz entre las naciones de la Tierra."
Vuelve a tu forma de amor a aquellos cuyos corazones y mentes están consumidos por el odio. Dios del entendimiento, abrumados por la magnitud de esta tragedia, buscamos tu luz y guía, en tanto confrontamos acontecimientos tan terribles."
"Concede que aquellos cuyas vidas se perdieron puedan vivir para que las vidas perdidas aquí no hayan desaparecido en vano. Confórtanos y consuélanos, fortalécenos en la esperanza y danos la sabiduría y el coraje para trabajar incansablemente por un mundo en donde reinen la paz verdadera y el amor entre las naciones y en los corazones de todos."
BENEDICTO XVI
20/6/08
Deja de buscar rumbo... la oración es el camino
En todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor.
San Juan de la Cruz
« Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él »
(1 Jn 4, 16)
(1 Jn 4, 16)
"Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él". Con estas pequeñas frases Benedicto XVI comienza su primera encíclica. Deus caritas est (Dios es amor).
"Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.
« Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. (…) « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro. En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la violencia, éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás.
Así es como arranca la Encíclica. Con un mensaje claro, Dios es Amor. El núcleo duro de nuestra vida. Y, por tener tanta importancia,…
+¿Cómo tramamos a ese que tanto nos ama?+
CIRCULAR te deja aquí un ejemplo de un rato de "encuentro personal" un Dios que no vemos como algo etéreo, sino como un colega, un padre atento, un muy mejor amigo… ¡qué te aproveche!
CIRCULAR te deja aquí un ejemplo de un rato de "encuentro personal" un Dios que no vemos como algo etéreo, sino como un colega, un padre atento, un muy mejor amigo… ¡qué te aproveche!
Quince Minutos con Jesús Sacramentado
No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames mucho. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre, o a tu hermano.
¿Necesitas hacerme alguna súplica en favor de alguien? Dime su nombre, sea el de tus padres, el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras hiciese yo realmente por ellos. Pide mucho, muchas cosas; no vaciles en pedir, me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse de sí mismos para atender las necesidades ajenas. Háblame con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas devolver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos al menos una palabra; pero palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón.
¿Necesitas alguna gracia? Haz, si quieres, una lista de lo que necesitas, y ven, léela en mi presencia. Dime con sinceridad que sientes orgullo, pereza y amor a la sensualidad, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente..., y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, qué haces para sacudir de encima de ti tales miserias.
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos santos de primer orden que tuvieron tus mismos defectos! Pero rezaron con humildad, y poco a poco se vieron libres de sus miserias.
Tampoco vaciles en pedirme bienes para cuerpo y para entendimiento: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios... Todo eso puedo darte, y lo doy y deseo me lo pidas en cuanto no se oponga, sino que favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favorecerte!
¿Te preocupa alguna cosa? Cuéntamelo todo detalladamente. ¿Qué te preocupa?, ¿qué piensas?, ¿qué deseas? ¿No querrías poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos a quienes amas tal vez mucho y que viven quizá olvidados de mí? ¿No te sientes con deseos de mi gloria?
Dime: ¿qué cosa llama hoy particularmente tu atención? ¿qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo? Dime qué es lo que te ha salido mal, y yo te diré las causas del fracaso. Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, donde me place.
¿Estás triste o de mal humor? Cuéntame tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te ofendió?, ¿quién lastimó tu amor propio?, ¿quién te ha menospreciado? Acércate a mi corazón, que tiene el bálsamo eficaz para todas las heridas del tuyo. Cuéntame todo, y acabarás por decirme que, a semejanza de mi, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición. ¿Tienes miedo de algo? ¿Sientes en tu alma tristeza? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy, aquí, a tu lado me tienes; todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
¿Sientes desprecio por las personas que antes te quisieron bien, y ahora, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado si no han de ser obstáculo a tu santificación.
¿Tienes alguna alegría que comunicarme? ¿Porqué no me haces partícipe de ella por lo buen amigo tuyo que soy? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, te ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizás has tenido alguna sorpresa agradable; quizás se han disipado algunos recelos; quizás has recibido buenas noticias, una carta, una muestra de cariño; quizás has vencido una dificultad o salido de un apuro... Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado. ¿Por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente como un hijo a su padre: gracias padre mío, gracias? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.
¿Tienes alguna promesa que hacerme? Puedo leer en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes un propósito firme de no ponerte más en aquella ocasión de pecado?, ¿de privarte de aquello que te dañó?, ¿de no leer más aquel libro que dio rienda suelta a tu imaginación?, ¿de no tratar más a aquella persona que turbó la paz de tu alma, haciéndote pecar? ¿Volverás a ser amable con aquella persona a quien miraste hasta hoy como enemiga?
Hijo mío, vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo, a tu familia, a tu estudio..., pero no olvides la grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad de la capilla. Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen Santísima... y vuelve otra vez a mí con el corazón más amoroso todavía, más entregado a mi servicio: en el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.
Libertad para seguir a Dios (2)
Todo lo tenemos en Cristo; todo es Cristo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, Él es médico. Si estás ardiendo de fiebre. Él es manantial. Si estás oprimido por la inquietud, Él es la justicia. Si tienes necesidad de ayuda, Él es fuerza. Si temes la muerte, Él es vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si buscas refugio de las tinieblas, Él es luz. Si buscas manjar, Él es alimento.
San Ambrosio
En el CIRCULAR anterior pudimos leer cosas como:
Él no prometió un yugo que no obligue ni una carga que no pese. Estos sólo se harán dulces y ligeros para aquellos que los acepten libremente por su amor.
Escoged, nos dice, entre la masa y Yo, entre vuestros instintos o mi Evangelio, entre el amor propio o la caridad, entre el egoísmo o la justicia, entre el camino ancho de los deseos y apetencias o el estrecho de lo que tenemos que hacer, deberíamos hacer.
Y justo nos quedamos con la duda de saber qué hicieron los Doce ante la pregunta de Jesús: "¿Queréis iros también vosotros?"
En ese momento brotó de Simón Pedro una respuesta sincera: "Señor, ¿a quién iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna! ¿Dónde iríamos si te abandonásemos?"
Pedro no quiere elegir a otros maestros. Tampoco cree que pueda vivir uno sin tener un maestro. Sabe que es una ilusión creerse autosuficiente, que no tiene razón su orgullo cuando le dice que puede vivir independientemente. Seguro que a ti, igual que a mí, te pasa que sueñas con no obedecer a nadie. Que a veces te sale el gritar: "Yo no soy de nadie. Yo soy mi propio dueño". Pero, al igual que le pasó a Pedro, también cuando te serenas un poco ves que todos tenemos necesidad de un maestro. Todos los hombres se procuran un maestro; y la clave reside en saber escogerlo.
Los que dicen ser sus propios maestro terminan obedeciendo a sus propias pasiones. Acaban viviendo por el qué dirán. Muchas veces habrás oído a gente que protesta enérgicamente contra la "tutela" de la religión, pero que luego les ves sujetos a maestrillos indignos de un alma libre. Cuántos de ellos, o incluso nosotros mismo muchas veces, nos dejamos llevar por el ambiente, por los líderes de opinión, los que están en la "onda", por un libro guapo guapo, por un amiguete del tuto, por intereses de clase o, por el más destructor de todos, por su propio apetito siempre insaciable.
+¿Quién, o quiénes son tus maestros?+
Pedro, que sabía todo esto pues era hombre como nosotros, quería un maestro que le instruyese, que le educase; quería un buen amigo que le defienda y le dirija. Porque... ¿quién sino Jesús puede enseñarle y conducirle?, ¿qué otro maestro merecería mejor su confianza?
Pedro, que sabía todo esto pues era hombre como nosotros, quería un maestro que le instruyese, que le educase; quería un buen amigo que le defienda y le dirija. Porque... ¿quién sino Jesús puede enseñarle y conducirle?, ¿qué otro maestro merecería mejor su confianza?
+¿Confías en Jesús?+
Los que se fueron tras las palabras del Maestro no se fueron por la debilidad de la carne sino por la soberbia del espíritu. Marchan de allí porque no podían permitir que Jesús –su vecino, su compatriota- se jacte de darles la vida eterna y por ese llamativo medio: alimentarse de Él. ¿Quién puede oír tales palabras?, decían.
¿Y los que se quedaron qué? Los que se quedaron, los que creyeron en la doctrina de la Eucaristía, sabían que el grano de trigo no da fruto hasta que muere. Los que creen en el pan de Vida saben que tienen que morir a sí mismos, a su soberbia, a su orgullo, y entregarse sin condiciones a Dios.
Pedro no niega que las palabras de Jesús sean duras al oído; al menos sabe que no empequeñecen al que las acepta sino que le liberan, le hacen creer. Son duras sí, pero ennoblecen nuestras pobres vidas porque las palabras de Dios ayudan a vivir.
Los demás "maestros" que aparecen en la vida sólo saben adular a sus discípulos, les presentan una moral más cómoda pero que jamás alcanza la seguridad que otorga Jesucristo. La palabra de Dios, que se afirma como cierta, puede ser chocante y cortante como una espada, pero ninguna otra puede igualarla en grandeza y profundidad. Sin duda, hay en sus palabras algo eterno. "Tú pronuncias palabras definitivas que nos dan vida para siempre". Él nos da a conocer una vida que nos hace unirnos cada vez más a Dios, para conseguir que esa unión sea eterna. Hoy, como ayer, el mundo te dice:"Abandona de una vez el camino de Dios. Ese nos es más que para carrozas y aguafiestas". Ahora te toca a ti plantarle cara al mundo. Elegir entre la multitud y Cristo. Quedarte a solas con tu corazón y escuchar a Jesús diciéndote: si quieres puede irte. Y tú, tras hacer un acto de humildad, decirle "¿A quién iremos, Señor? ¡Solo tú tienes palabras de vida eterna!"
Y después, corre, levántate. Pregúntale a Dios: ¿Maestro, dónde vives? Y escucharás en tu interior: Ven y lo verás. Atrévete a aceptar el reto de ser hijo de Dios.
//Adaptación de CIRCULAR de textos de George Chevrot//
//Adaptación de CIRCULAR de textos de George Chevrot//
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