25/2/09

Cura tus heridas

Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos

Padre Raniero Cantalamessa




Todos tenemos heridas. No es cuestión de ser más fuerte o más estoico; no puedes huir del hecho de que la vida es dura. Hasta el mismísimo Rambo sufre, y necesita pedir ayuda a su coronel (ya sabes, "no siento las piernas"). Por eso, un primer paso a la hora de curar las heridas es reconocerse limitado. Aceptémoslo, todos cometemos errores que nos pasan factura y nos pesan.

Estas heridas, las heridas del corazón, son especialmente molestas. Estamos hablando de aquellas "pupas" que surgen de nuestra soberbia, nuestro egoísmo, nuestra envidia, el odio, la desesperanza...son fruto de nuestros errores y de lo duro de la vida, y suponen un lastre para nosotros. Si te analizas a tí mismo un poquito, verás cómo lo que más te duele dentro de tí es ese tipo de cosas: no es tanto lo de fuera lo que te hace daño como lo de tu interior. Y eso le pasa a todo hijo de vecino. E incluso, una espina especialmente fuerte en nuestro corazón es el desprecio a nosotros mismos: ¿cuántas veces no te has odiado a tí mismo?, ¿cuántas veces no has deseado ser distinto, ser lo que no eres? ése sí que es un temazo, la autoaceptación.

"Vale, dabuten, ¿y ahora qué hago entonces?" básicamente hay dos opciones:

La primera, poco recomendable, es hacer como si nada ocurriera. Seguir tu vida sin más sin prestar atención a tus heridas y a tus dolores más profundos. Eso funciona...un tiempo. Irás acumulando en tu equipaje mucho peso, y llegará un momento en el que no puedas más y te "subas por las paredes". Esto no es ningún mito o cuento de abuelas. Pasa. ¿Por qué crees que se está poniendo de moda eso de los psicólogos y los psiquiatras? no es raro que gente aparentemente sana y equilibrada, tenga un profundo pesar en su interior, tenga un problemón desde hace años que le va comiendo por dentro. Y si lo ignoras como si nada ocurriera, irá creciendo hasta que no puedas más. Por eso, antes de que eso pase... ¡actúa!

La segunda opción, recomendable, es la de tratarlo cuanto antes. ¿Cómo? acudiendo a quien mejor nos entiende, nos cuida y nos cura: Dios. Es bueno que tengas alguien, un amigo/a, a quien contarle tus cuitas. Nos podrán dar consejos y ayudar. Pero lo que viene siendo curar, sólo Dios puede. Y por ello mismo creó el sacramento de la Confesión, de la Reconciliación. Existe mucha leyenda en torno a esto, pero la realidad es que es algo bien simple: contarle a un sacerdote tus pecados, tus heridas, tus problemas, tus errores. Él, en nombre de Jesucristo, te perdonará los pecados y te dará consejo.

"¿Contarle a un cura mis movidas? lo mismo". Hay gente que piensa así. Podría darte muchas razones teológicas de por qué debe ser un cura, pero así entre tú y yo, no somos teólogos y posiblemente no entenderíamos la mitad. Pero sí puedo decirte que un cura es la mejor opción. En primer lugar porque (y esto es teología, pero a nivel de usuario, ¿eh?) Jesús dio poder a los apóstoles para perdonar pecados. Y esto no lo hizo para "tirarse de la moto", sino porque quería que contasemos con personas que nos pudiesen perdonar los pecados para poder descargar nuestro corazón. En segundo lugar, porque necesitamos saber que Dios nos perdona. La tranquilidad que le viene a uno cuando se arrepiente y se confiesa es total; ya sabes que quien realmente importa, Dios, te ha perdonado (¡yuhu!). Además, el sacedote también aconseja. Es lo que llamamos dirección espiritual: usease, alguien que te reconforta, que te ayuda y te recomienda qué debes hacer. En resumen, uno se mete al confesionario torrao' y cansao' de todo y sale dispuesto a comerse el mundo. ¡¡¡Y es gratis y puedes hacerlo cuantas veces quieras!!! (cómo era aquello de Media mark..."¿yo no soy tonto?").

Con esta segunda opción, te aseguro que todo irá mucho mejor. Seguirás teniendo problemas, y seguirás cayendo. Pero tendrás siempre a Dios dispuesto a levantarte cuantas veces sea necesario para que puedas continuar. Además que no te preocupes de tener siempre los mismos fallos, y de confesarte siempre de lo mismo. A todos nos pasa. Y sea lo que sea, un sacerdote nunca se sorprende de lo que le cuentes: ha oído ya tantas cosas que...y sobre todo, ten en cuenta que si hay alguien que entiende al ser humano y sus límites es un cura. Donde tú crees que oirás un "pero hombre Pepe, ¿cómo has podido hace eso?", oirás en realidad un "pues no te preocupes, mucho ánimo y a por ello". Así pues, querido veraneante, no te olvides que cada cierto tiempo (15 días o como veas) y con periocidad, es bueno que hagas una paradita en boxes y te cambies neumáticos, eches gasolina...ya sé que puede costar y dar vergüenza, pero no hay método mejor para curarse y poder seguir con el coche más rápido en la carrera de la vida.


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