19/12/10

Amar al enemigo


Seguramente cuando leas el título te preguntarás ¿amar a los enemigos? ¿Pero eso se puede? ¡Pues claro que se puede! El mejor ejemplo de ello lo tenemos en Jesucristo, quien, estando en la cruz lleno de yagas y heridas, amaba a aquellos le he habían puesto allí y le habían provocado todo ese dolor.

Tienes 2 opciones
Siempre tienes dos opciones ante el enemigo: amarle u odiarle. ¿Qué pasa si decides odiarle? Pues que no consigues nada, bueno sí: pudrirte tú por dentro; estar amargado y amargar a los demás. Porque el odio siempre destruye. Quizá alguna vez te haya pasado que tienes a una persona en tu vida que no la tragas, ya sea por su manera de actuar o por cómo se porta contigo no te cae bien. No congeniáis o incluso puede ser que te trate mal.

Y cuando hablan de amar al prójimo dices “Ay, qué bonito. Sí, sí, yo amo al prójimo”. Vale ¿y si te digo que el prójimo es esa persona que tienes ahí que no puedes con ella? ¿A que la cosa cambia?
Pues ahí es donde tienes que poner esfuerzo, porque Dios también está en esa persona. “Cuando hicisteis todo eso con alguno de ellos también lo hicisteis conmigo” Mt 25, 45.

Y cuesta ¡pues claro! ¿Y quién te ha dicho a ti que iba a ser fácil? ¡Para nada! Muchas veces amar cuesta, sobre todo porque hay personas con las que no te sale amar con la facilidad que te sale querer a tu mejor amigo, a tu familia, a tu novi@, y en general a tus más allegados.

Pruébalo
Si no me crees haz la prueba: trata de mirar a esa persona con amor en vez de odio. Si te cuesta mucho al principio pues intenta simplemente no odiarle, luego ten detalles con esa persona, reza por ella… Con tu empeño y la oración puedes conseguir llegar a amarle.

Amar siempre compensa; aunque no te correspondan, da igual. Siempre va a suponer algo positivo, siempre llena, siempre da paz. Y eso es algo fundamental: la paz interior.

Distancia de seguridad
No es plan hacerse daño porque sí. No hay que llegar al masoquismo. Si sabes que esa persona te hace daño, ya sea con palabras, ya sea físicamente o con su actitud hacia ti: deja distancia. Y, desde esa distancia saludable, ámale. Puede ser algo tan sencillo como rezar por esa persona cada día. “Señor, que fulanito se dé cuenta de esto… Señor, que sea feliz…”. ¡Fíjate qué fácil!

Cuando te llevas mal con alguien comparte con esa persona el tiempo justo para no hacerte daño, y esfuérzate por ver lo bueno de esa persona e intenta comprender por qué actúa así.

Perdonar cura corazones
Ante todo hay que procurar hacer las paces con aquel con quien hemos discutido. Y nos hayan hecho lo que sea: perdonar. A nosotros también nos gusta que aquellas cosas que hacemos mal (y que quizá a veces ni nos demos cuenta de ello) se nos perdonen. De hecho se lo pedimos al Padre al decir “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Pues lo mismo con nuestro “enemigo”.

En este cuarto domingo de adviento, nuestros corazones llegan a la antesala de la adoración al Niño en el pesebre. No te dejes llevar, la Navidad no es discutir sobre si el anuncio de Freixenet de Shakira es original o un desastre. No, no dejes que el mundo te lleve a celebrar la navidad con minúsculas, la Navidad sin Cristo. Él te está esperando, en pocos días va a llamar la Virgen María a la puerta de tu posada, de tu corazón. Te pedirá si tienes sitio para ella y su Hijo. ¿Le vas a dejar entrar? Abridle a Cristo el corazón de par en par –cantan las monjas de Iesu Communio-. Esa es la única vitamina que te permitirá amar a todo tu prójimo. Si dejas a Dios entrar en tu vida, Él irá creciendo en ti para que entregues tu vida en servicio a la humanidad igual que Jesús lo hizo y lo hace hoy en día. No tengas miedo. Ten alegría, pues aquel que entregó todo por ti está a punto de llegar.

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THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

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