14/9/07

Qué es hacer oración

No digáis que no sois dignos de Él. Es verdad que no sois dignos, pero le necesitáis. Si lo que Nuestro Señor hubiese tenido en cuenta hubiese sido nuestra dignidad, nunca habría instituido su hermoso sacramento de amor, pues nadie en el mundo es digno de él, ni los santos, ni los ángeles, ni los arcángeles; pero Él ha tenido en cuenta nuestras necesidades, y todos tenemos necesidad de Él. No digáis que sois pecadores, que tenéis demasiadas miserias y que es por lo que no os atrevéis a acercaros. Sería tanto como alguien que dijese que está demasiado enfermo, y que por eso no quiere probar un remedio, que no quiere llamar al médico.
Hijos míos, si comprendiéramos el precio de la santa comunión, evitaríamos hasta las mínimas faltas para tener la felicidad de poder comulgar más a menudo.
Conservaríamos nuestra alma siempre pura a los ojos de Dios

Santo Cura de Ars

A veces nos encerramos en nosotros mismos pidiendo cosas y ayudas para esta vida, olvidándonos de Dios, del prójimo y de las cosas que benefician a nuestra alma.

Hay un refrán popular que reza "Solo se va al pozo cuando tiene agua", y desgraciadamente a veces sólo hacemos oración o nos dirigimos a Dios cuando tenemos un problema tan grave que no encontramos la manera de resolverlo solos. También nos acordamos de Dios cuando queremos algo: una nueva casa, un nuevo coche, que nos consiga un trabajo, etc. en ocasiones muy poco nos acordamos de Él para alabarlo por las maravillas que hace todos los días. Es necesario poner a Dios primero en nuestra oración, porque Él nos lo da todo y es infinitamente generoso. Si le damos las gracias a un camarero porque nos sirvió un café en un restaurante, ¿No tenemos acaso una obligación infinitamente más grande con el Sumo Creador, que nos da vida, la luz del sol, el aire que respiramos y que lo ha hecho sin tener ninguna obligación? Nuestra oración debe comenzar por Él y no por nosotros.


Ahora bien, es perfectamente válido pedirle a Dios lo que necesitamos, Jesucristo nos ha enseñado a hacerlo y a tenerle confianza y solicitarle lo que nos hace falta:


"Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" Lc 11, 9-13

El problema está en que a veces únicamente le pedimos cosas materiales y temporales ¿Y dónde dejamos a nuestra alma?

El Santo Cura de Ars en su Sermón sobre la Oración dice "Podéis pedir cosas temporales... mas siempre con la intención de que os serviréis de ellas para gloria de Dios, para salvación de vuestra alma y la de vuestro prójimo; de lo contrario, vuestras peticiones procederían del orgullo o de la ambición; y entonces, si Dios rehúsa concederos lo que le pedís, es porque no quiere perderos".
Es importante reflexionar que antes de pedir cualquier cosa temporal, hay que pensar en pedirle a Dios que perdone nuestras faltas y las ofensas que contra él hemos cometido. Como seres humanos podemos muy poco. Tendemos a ser débiles, a que nos falte voluntad, generosidad, Fe. ¿Qué hacer entonces? ¡Pues pedirle su ayuda! Rogarle que haga del nuestro un corazón generoso, que nos ayude a tener más y más fe. Esto lo expresa muy bellamente (y puedes llevarlo a tu oración si te faltan palabras) el Papa Clemente XI en el primer párrafo de su "Oración Univeral": "Creo en Tí, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero en Ti, pero ayúdame a esperar con más confianza; te amo, Señor, pero ayúdame a amarte más ardientemente; estoy arrepentido, pero ayúdame a tener mayor dolor"
Si ponemos primero a Dios en nuestra oración, entonces vamos por el camino correcto

Y, ¿qué es la oración?
La oración es un camino. Orar es una gran aventura y un gran misterio que todo cristiano debería vivir con inten­sidad. Orar es acercarse a Dios para entablar un diálogo amoroso. Orar es amar, reír, llorar, soñar, pero
también es comprometerme, responsabilizarse, confiar, esperar...

Orar no es pasar un rato tranquilo en que pienso en mis cosas, en mis problemas, en la gente que quiero. Tampoco es una receta contra la "depre", ni una "pastilla" que me permita dormir tranquilo. Orar no es pedirle a Dios que me dé lo que me toca de la "herencia", por ser su hijo; no es jugar con Dios a través del "si me apruebas los exámenes, te pongo dos velas"; Orar no consiste en buscarme justifica­ciones a las cosas que hago bien o mal; orar no es culpabi­lizarme de todo lo que pasa a mi alrededor.

Orar es querer encontrarse con Dios, es vivir por los demás; orar es huir de los falsos sueños pero vivir por la utopía del Reino de Dios; orar es desear buscar dentro para sacar fuera y compar­tir con los demás; orar es inves­tigar en lo profundo de mi personalidad; orar es entregarse.

La oración es un don y una gracia que nos concede Dios y que hay que pedir insistentemente. Por ello es tan importante la disposición interna y externa. Debemos dispo­ner toda nuestra persona para este encuentro con Dios a través de la oración. Para ello es necesario hacer como si todo dependiera de mi, pero al mismo tiempo sabiendo que todo viene de Dios.
Os animo a que poco a poco os vayáis sumergiendo en esta estupenda aventura que supone la oración. Y os aseguro que no os arrepentiréis de haberla comenzado.
NO HAY CAMI­NOS PARA LA ORACIÓN, LA ORACIÓN ES EL CAMINO